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Las ferias de arte de Lima: Art Lima y PArC, por Max Hernández

El crítico de arte Máx Hernández Calvo comenta dos recientes ferias de arte en nuestra capital: Art Lima y PArC.

Las ferias de arte de Lima: Art Lima y PArC, por Max Hernández

Las ferias de arte de Lima: Art Lima y PArC, por Max Hernández

Acaba de terminar la semana de las ferias Art Lima y PArC, que junto a un circuito de exposiciones paralelas y talleres abiertos, catalizó la actividad artística local, antes de que volviera a su usual letargo.

Lo más destacado de PArC ha sido su sección “Solo Projects”, curada por Daniela Pérez, con proyectos como la reinterpretación conceptual de la pintura desde Internet de Juanli Carrión (España, Y Gallery), la performance sobre ecología, territorio y dislocamiento cultural de Emanuel Tovar (México, Páramo) —ganador del premio Illy— y los abstractos paisajes de provincia basados en la recolección de chapitas de la venezolana Emilia Azcárate (Henrique Faria).

Entre las galerías más interesantes están Vermelho (Sao Paulo), con obras potentes de Guilherme Peters e Iván Argote; Ruth Benzacar (Buenos Aires), con el trabajo escultórico de Lucía Lamothe y las pinturas de Jazmín López; y la galería Slyzmud (Buenos Aires), con los proyectos conceptuales en cerámica de Gabriel Baggio. Entre obras destacadas de artistas peruanos, el trabajo de Blas Isasi y de José Luis Martinat en Lucía de la Puente (que ganó el premio Sura), y los incisivos collages tempranos de Herbert Rodríguez, en Henrique Faria. Sin embargo, la coherencia de la sección principal se ha visto afectada por la ausencia de algunas galerías fuertes que solían participar (por ejemplo Arróniz).

Art Lima, por su parte, ha transformado con inteligencia su configuración de planta, resolviendo eficientemente la distribución de espacios y zonas de tránsito. Destaca su sección “Curatorial”, a cargo de Sebastián Vidal Mackinson, con galerías nuevas que presentan artistas emergentes y jóvenes de interés como Delfina Estrada (Ruby), Eugenia Calvo (Hache), Agustín González Goytía (Pasto), entre otros. De la sección “Sul-Sur”, con galerías brasileñas, llaman la atención los trabajos de Alice Quaresma (Mercedes Vigas) y Renata de Bonis (Lamb). La sección principal ha estado bastante dispar, aunque con proyectos atractivos: 6Mas1 y Espacio Valverde, ambas galerías de Madrid (un muy buen dibujo-instalación de Elena Alonso) y un logrado display de esculturas de bronce de Marcela Correa (Patricia Ready).

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Yerra Art Lima al insistir —por tercer año consecutivo— en no tener una sección de solo projects, pilar de toda feria que pretenda situarse en el circuito profesional del arte. Igualmente, tanto la feria de Barranco como la de Chorrillos deben apostar seriamente por sus conversatorios, que requieren de más conferencistas internacionales, invitados exclusivamente con ese fin.

Una queja recurrente entre los participantes (y mi impresión también) ha sido la baja asistencia del público en comparación con otros años. Ello, junto con un mercado más lento, menos abarcador y ambicioso, sugiere los efectos de El Niño costero. Pero no solo eso, hay que recordar que ya van cinco ediciones de las ferias y el público local se adormece ante propuestas que no se renuevan. Algo de ello también parece pasar a nivel del coleccionismo, considerando que muchos galeristas decían echar en falta una mayor presencia de coleccionistas extranjeros.

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De cara a un mercado que se ralentiza al paso de la economía, una escena artística que se enfrenta a la realidad del nivel educativo del país (epitomizado por su clase política) y una agenda de gobierno reorientada a golpe de huaicos, la pregunta por el modelo “feria” —o “ferias”, para ser precisos— se reaviva. 

El nivel general, en cuanto a galerías y obras presentadas, ha bajado. Hay mucha reiteración de modelos estéticos —un aburrido intento de ir a lo seguro— y muchas obras banales y abiertamente comerciales. El problema no es que alguien quiera hacer negocio con obra ‘fácil’, sino que una apuesta de mercado por un ‘mínimo común denominador estético’ baja el nivel y, con ello, el interés profesional de los eventos: se vuelven menos atractivos para el circuito internacional. Ello, además, va en contra de la labor de orientación de mercado que concierne a una feria de arte contemporáneo (de ahí la importancia de filtros), especialmente en una ciudad con poco público informado.

Es necesario hacer ajustes si se espera continuidad y, sobre todo, tener vigencia. Además, ya es hora de emprender la labor pedagógica que corresponde a estos eventos y que demanda charlas, pero también programas educativos y acciones de outreach.

El reto es grande, pero sus recompensas mayores.

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