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Fernando Pessoa: la multitud en uno

A 80 años de su muerte, el gran poeta portugués no deja de sorprender.

Fernando Pessoa: la multitud en uno

Fernando Pessoa: la multitud en uno

Hay figuras que comienzan a acaparar la imagen literaria que nos formamos del siglo XX, y entre ellas destaca Fernando Pessoa. Octavio Paz en uno de los ensayos pioneros sobre el escritor portugués lo llamó “El desconocido de sí mismo”, justificando así el título: “escribimos para ser lo que somos o para ser aquello que no somos. En uno o en otro caso, nos buscamos a nosotros mismos. Y si tenemos la suerte de encontrarnos —señal de creación— descubriremos que somos un desconocido”. Pessoa se buscó a sí mismo a lo largo de su vida (Lisboa, 1888-1935) y se reencontró bajo más de 130 máscaras ficticias, además de la que lo enmascaraba a él mismo: por un lado, Pessoa es al menos tres grandes poetas —Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis— y una serie interminable de charadistas, impostores, tratadistas, filósofos, médiums, prosadores… y hasta una jorobada: Gaudencio Nabos, Faustino Antunes, Carlos Otto, Antonio Mora, Voodooist, Bernardo Soares, María José. Por otro lado, Pessoa es él mismo, pero un él mismo plural, visto que el Pessoa que escribe un "Fausto" es diferente al que escribe unos "Sonnets" shakesperianos, y el que redacta textos críticos no se parece al autor de "Mensaje". Por eso, si hay un lema de vida que Pessoa haya dejado para la posteridad, ese sería: “Sé plural como el universo”. Nadie fue más plural que Pessoa, aunque otros poetas —sobre todo León de Greiff — se hayan acercado a su pluralidad.

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Pessoa era Pessôa, con circunflejo, hasta que un día de 1916 le retiró ese “sombrerito” a su apellido para no limitarlo cosmopolitamente. Pessoa es y era también un substantivo, pessoa, que en español es “persona” y en latín “máscara”, lo cual significa que el poeta más camaleónico del siglo XX ya tenía cifrado en su apellido su destino. Pessoa es y era también una fecha, el 13 de junio, día de su nacimiento, dado que es la misma en la cual Lisboa celebra sus fiestas, que no son otras que las de San Antonio, patrón popular de la ciudad, que le dio un segundo nombre al poeta (Fernando Antonio). Por lo demás, Pessoa y Lisboa riman, y él dejó de su ciudad natal el más bello libro que se ha escrito: el "Libro del desasosiego". Todo esto para sugerir que Pessoa es también el misterio que lo rodea, un misterio que comienza con el de su identidad y se prolonga con el de su existencia póstuma. Evocando a Shakespeare, el gran alter ego de Pessoa, Borges imaginó un diálogo fantástico: “Antes o después de morir, [Shakespeare] se supo frente a Dios y le dijo: 'Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo. La voz de Dios le contestó desde un torbellino: Yo tampoco soy; yo soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estabas tú, que como yo eres muchos y nadie'”. En un apunte suelto, Pessoa escribió: “Dios no tiene unidad. ¿Cómo la tendría yo?”.

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Pessoa murió hace 80 años, pero de alguna forma también comenzó a nacer o a renacer. En 1935, cuando falleció un poco olvidado y censurado por la dictadura salazarista, era el maestro de unos pocos escritores —los que se reunieron alrededor de la revista Presença— y el editor de algunas revistas efímeras, como Orpheu y Athena. Pero pocos sabían que ese traductor de cartas comerciales de algunas oficinas del centro de Lisboa era un escritor compulsivo, que había comenzado a guardar papeles de forma precoz en un baúl que se volvería célebre —Antonio Tabucchi incluiría algunos ensayos pessoanos en un libro titulado "Un baúl lleno de gente"— y que ese baúl contenía unas 30 mil hojas, todas prácticamente inéditas. Pessoa, como escribió el gran ensayista portugués Eduardo Lourenço, es hoy un mito, no solo porque se integró a la mitología de Portugal al insertarse en la historia del sebastianismo, sino porque tras su muerte se ha ido revelando su obra (o mejor, su archivo) y porque desde hace 30 años es el autor portugués del cual se publican más libros por año. El boom Pessoa comenzó en 1985 y desde entonces ha eclipsado, como ese “súper-Camões” que él profetizó, la literatura de expresión portuguesa.
    En 1985 sus restos fueron trasladados del cementerio de los Placeres, en el barrio donde tuvo su última morada, al Monasterio de los Jerónimos, un conjunto monástico que sobrevivió al terremoto de 1755. En los Jerónimos están sepultados Luís de Camões y Vasco da Gama, símbolos máximos de la lengua y la cultura portuguesas; a ellos se unió Pessoa, alcanzando una estatura mítica. A la consagración se unió justamente Borges, con una carta póstuma que aquí me gustaría recordar: “La sangre de los Borges de Moncorvo y de los Acevedo (o Azevedo) sin geografía puede ayudarme a comprenderte, Pessoa. Nada te costó renunciar a las escuelas y sus dogmas, a las vanidosas figuras de la retórica y al trabajoso empeño de representar a un país, a una clase o a un tiempo. Acaso no pensaste nunca en tu sitio en la historia de la literatura. Tengo la certidumbre de que te asombran estos homenajes sonoros, de que te asombran y de que los agradeces, sonriente. Eres ahora el poeta de Portugal. Alguien, inevitablemente, pronunciará el nombre de Camões. No faltarán las fechas, caras a toda celebración. Escribiste para ti, no para la fama. Juntos, hemos compartido tus versos; déjame ser tu amigo”.
    
¿Quién es pues Pessoa y cuáles de sus libros mejor nos revelan al “poeta de Portugal”? Pessoa es el autor de una obra en expansión que no siempre se ha trasladado a otros idiomas y que desde hace 80 años se conoce de forma paulatina. En primer lugar, es el autor real del "Libro del desasosiego", un libro en que el verso se hace prosa. En segundo lugar, es el artífice de las obras de sus heterónimos, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos (a quien Cioran leyó con devoción) y Ricardo Reis (a quien José Saramago dedicó una novela), es decir, un poeta bucólico, un poeta vanguardista y un poeta clásico. En tercer lugar, es el creador de la obra firmada con su nombre, ya se considere esta un conjunto de poemas destinados a un "Cancionero", como “Autopsicografía”, u otros conjuntos, como los"English Poems". Y por último, y no menos importante, es todo lo demás: un poeta que también escribió en francés; un “raciocinador” que dejó narrativas policiales; un filósofo que se desdobló en historiador, sociólogo y analista siempre que fue necesario; un estudiante de astrología que se interesó por todas las ramas del esoterismo; un empleado que también fue inventor un sus ratos libres; un hombre muy apegado a su familia pero también marginal (Álvaro de Campos exclama en un poema: “Me querían casado, fútil, cotidiano y tributable”).
    
Pessoa es el autor del "Desasosiego", de las obras de sus heterónimos, de los textos críticos que refiere en su “Tabla bibliográfica” de 1928 y de todo lo que guardó en su baúl (o baúles) desde 1900, más o menos. Ahora bien, el Pessoa de los últimos 80 años es, primero, un poeta oscuro —que vive a la sombra de un país opacado por la dictadura salazarista— y después un poeta de visibilidad creciente, del que se publican textos políticos, cartas de amor, textos de crítica e intervención, escritos filosóficos y esotéricos, y una incontable cantidad de inéditos, como los que aparecieron en "Pessoa por conocer" (1990), "Pessoa inédito" (1993), "Correspondencia inédita" (1996), "Obras de Antonio Mora" (2002), "Escritos sobre genio y locura" (2006), "Sensacionismo e otros ismos" (2009), "Yo soy una antología: 136 autores ficticios" (2013) y otros volúmenes que reúnen poemas y cuentos. Leer a Pessoa es una tarea acaso interminable, pues tras 80 años gran parte de los escritos que dejó archivados están inéditos y sus obras aún por organizar como tales. Pero hoy contamos con muchas más que hace ocho décadas, desde 2012 ya conocemos por ejemplo la prosa completa de Álvaro de Campos y en español existen tres biografías. Los 30 de noviembre debían ser días libres para leerlo y descubrir uno de sus muchos rostros; días libres para que, durante el lapso de una lectura, nos despersonalicemos. 

Postdata
Pessoa en el Perú 
Según una hoja del archivo pessoano, Ricardo Reis vivió un tiempo en Cerro de Pasco y en Arequipa. No me consta que haya visitado Lima ni que haya conocido a Jorge Wiesse, especialista y traductor de la obra de Pessoa y autor de odas apócrifas de Ricardo Reis.

[Jerónimo Pizarro (Bogotá, 1977) es doctor en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Harvard y catedrático de la Universidad de los Andes. Ha publicado más de 20 libros de o sobre Pessoa.]


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