El genio de la psicología humana
El genio de la psicología humana

RAÚL MENDOZA CÁNEPA  

Rodión Romanovich Raskolnikov (Raskolnikov es un derivado ruso de Raskol, “escisión”) es el protagonista de uno de los libros emblemáticos de Dostoievski. Trasciende y se expande universalmente porque, como en todos los hombres, conjuga los sentimientos básicos que giran entre la  justificación de los actos propios, el vago dolor, la culpa y, finalmente, la redención por la expiación. 


Crimen y castigo


Raskolnikov vive con su familia en condiciones misérrimas en las afueras de San Petersburgo. Desalentado por su suerte y cuando su hermana Dunya está determinada a casarse por interés, asume que asesinar y robar a un rico para  dotar de mejor vida a los suyos es abrazar la justicia, una justicia que no solo alcanza a su familia sino a toda la humanidad. La indignación lo induce a error. Para él el dilema entre el bien y el mal es superado cuando logra justificar el crimen que desea perpetrar.   


Raskolnikov mata, pero es víctima de lo insospechado y se ve forzado a asesinar también a la hermana de su víctima, la usurera, pues lo sorprende en el acto criminal. La Policía investiga, la habilidad de los interrogatorios ponen a prueba el cinismo del protagonista. Rodión Raskolnikov es abrumado por la culpa que pronto se expresa en su mirada y en sus palabras. No hay prueba que lo incrimine, pero se percibe su mortificación. Su antigua percepción del bien se resquebraja. Se crispa frente a la sensación ineludible no solo de haber transgredido una regla  sino de producido un resultado que no podrá reparar jamás. La presión llega desde su familia, la confesión aprieta su garganta y, finalmente, cede al camino de una expiación en la Siberia.


Parricidio


“Los hermanos Karamázov” es la trama de un parricidio. Freud aborda el tema en un Ensayo titulado “Dostoievski y el parricidio”, donde sugiere una raigambre edípica en la novela. El escritor empieza a manifestar su epilepsia con ocasión de la muerte de su padre. A tenor del austriaco, deseaba secretamente la muerte del padre por el deseo latente de la madre. La epilepsia tenía origen, así, en la culpa y, fue precisamente por la epilepsia (que heredó del escritor), que su pequeño Aliosha encuentra la muerte cuando comenzaba a escribir la narración. Turbado por sus conflictos, el artista vuelca sus demonios en el papel. 


Los mansos


El psiquismo de su literatura deriva de condiciones que inquietaron su propia vida. Por un lado, su propensión al juego y, por otro lado, la epilepsia que padeció. Esta última se representa en otra de sus novelas. “El idiota”. El príncipe Myshkin es epiléptico como su creador, pero es en sustancia un “hombre bueno” al que todos toman por ‘idiota’. Pero él ve más que todos, es capaz de juzgar con acierto y discernir mejor que nadie. Su soledad deviene de que su bondad contrasta con la ‘normalidad’ de los otros, que conjugan pasiones deleznables, perversidades y vilezas. En una sociedad tal, el príncipe bueno no encuadra. El candor y la mansedumbre no son apreciados. 

La pasión del débil

Una gran parte de los personajes dostoievskanos son frágiles, dominados por pasiones desbordantes. El sello obsesivo y atormentado marca a unos más que otros. La compulsión por el juego no podía quedar en un tintero, el escritor la plasma como historia. En “El jugador”, el personaje se debate entre contradicciones, lo ganan los ímpetus. Como los caballos descontrolados del Fedro platónico, las pasiones extravían a Aleksei Ivanovich. Por un lado el amor y, por otro, el juego.  El protagonista es débil. Su bondad no está en juego sino su madurez y estabilidad. Aleksei ama a Polina, quien lo trata con frialdad. El personaje no tiene fuerza para superar los reveses que lo asaltan y cae en el hoyo de la depravación. No está determinado a decidir por su vida, solo a dejarse llevar por el hado. En ocasiones odia a Polina, alterna emociones y las rachas del juego se tornan así en las rachas de su propia vida, sobresaltada por altibajos.


Shakespeare elaboró hipérboles del comportamiento humano, la maldad o la duda radical; Dostoievski, elaboró personajes igual de atormentados, en ocasiones extremos, pero que ubican con mayor precisión aquellas características que suelen distinguirnos. La inmortal creación del genio ruso no fue en él sino una perturbadora reinvención de lo humano.