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Independientes en el siglo XXI

La producción de autor en la filmografía norteamericana de hoy.

Tomemos dos películas estrenadas este año en el Perú: "Diario de una adolescente" y "La bruja". Son propuestas totalmente diferentes —la primera es una comedia agridulce sobre el despertar sexual de una joven; la segunda, un filme de horror psicológico—, pero cualquiera que las haya visto podrá darse cuenta de que no han sido creadas sobre la base de un estudio de mercado. En realidad, el cine independiente —es decir, aquel que se concibe al margen de los grandes estudios— nunca desapareció de la cartelera local: nos llega a cuentagotas y solo cuando obtiene la venia de la industria. Ejemplos recientes son "Spotlight", "La habitación", "Anomalisa" y "Carol", estrenos con los que difícilmente hubiésemos contado de no ser por la temporada de premios. Todas ellas son cintas de potencial atractivo, pero se les considera difíciles de vender porque exploran verdades incómodas, eluden el sentimentalismo y abordan temas ‘adultos’. Más allá de la calidad que puedan tener, sería exagerado oponerlas al mainstream; después de todo, están protagonizadas por actores famosos, ostentan valores de producción, narran historias ricas en drama y humor. Hablamos de un cine norteamericano muchas veces ignorado porque su distribución es limitada, dentro y fuera de su país natal. 

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Cuando hablamos de cine independiente, pensamos en gente como Tarantino, los hermanos Coen, Jim Jarmusch, Richard Linklater, Todd Haynes, Steven Soderbergh, Alexander Payne, Todd Solondz, Whit Stillman, Hal Hartley, Gregg Araki, entre otros descubrimientos del Festival de Sundance, elevado en los noventa al estatus de evento mediático, cuando los emisarios de Hollywood tomaron por asalto los hoteles de la congelada Utah en búsqueda de abrigo, pero, sobre todo, de dinero fácil. Fue entonces cuando el cine independiente se convirtió en una industria por derecho propio, en un mercado estimable para los lobos de Wall Street. Ya, a esas alturas, parecía absurdo considerar entre los pioneros de este cine a John Cassavetes, Jonas Mekas o Shirley Clarke. Ni siquiera rebeldes del pasado como Roger Corman (gurú del cine de explotación) o John Waters (padre del trash) parecían encajar con los nuevos tiempos. La inocencia se había evaporado, pero aún quedaba espacio para el surgimiento de talentos indispuestos a transar con los gustos del gran público. Algunas revelaciones de este nuevo siglo han dado el salto a los grandes estudios (Ryan Coogler con "Creed", Colin Trevorrow con "Jurassic World", Rian Johnson con la venidera "Star Wars: episodio VIII"); otros han hallado oportunidades de oro en la TV (Cary Fukunaga con "True Detective", Lisa Cholodenko con "Olive Kitteridge", Todd Haynes con "Mildred Pierce"); y finalmente están quienes se aferran a sus proyectos. El presente artículo se centra en autores independientes en ascenso y plena expansión de su arte. 

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Empecemos con el más experimentado de la lista. El neoyorquino Noah Baumbach no es ningún advenedizo. Debutó en 1995 con Kicking and Screaming, pero su consolidación es más bien reciente; tuvo que esperar hasta su cuarto largometraje para destacar con nitidez. "El calamar y la ballena" (2005) es una comedia dolorosa sobre el rompimiento de un hogar y el trauma del divorcio sobre los hijos. Baumbach fue nominado al Óscar por este guion, pero sus trabajos posteriores —"Margot y la boda" (2007), "Greenberg" (2010)— fallaron en reeditar aquel éxito. Hasta que llegamos a "Frances Ha" (2012), entrañable creación protagonizada por Greta Gerwig, musa de Baumbach delante y detrás de cámaras. Filmada en blanco y negro con cámaras ligeras que persiguen la frescura de la Nueva Ola francesa, "Frances Ha" confirmó a Baumbach como un autor de sensibilidad mágica. Con cinco películas en el último lustro —incluyendo un documental sobre Brian de Palma—, ha logrado imponer su estilo, caracterizado por explorar, con humor cáustico, los conflictos generacionales de sus personajes neuróticos. 
    También de Nueva York, Kenneth Lonergan es un dramaturgo y guionista nominado dos veces al Óscar: por "Pandillas de Nueva York" (de Martin Scorsese, 2002) y "Puedes contar conmigo" (2000), su aclamado debut tras las cámaras, drama familiar que lanzó la carrera de Mark Ruffalo. Pero aquella cinta noble y conmovedora tan solo fue el preludio de algo más grande. A primera vista, "Margaret" (2011) es una historia de tantas surgida de la calle —una muchacha es testigo de un trágico accidente—, pero no tardas en percibir que estás ante una obra inusualmente ambiciosa, tan enigmática en su significado como emocionalmente demandante. La posproducción fue un suplicio, ya que recién pudo estrenarse seis años después de empezada su filmación, debido a disputas en torno a su edición definitiva. La buena noticia es que Lonergan acaba de presentar una nueva cinta. Quienes la vieron en Sundance afirman que "Manchester by the Sea" (2016) es una obra maestra y que aspirará a varios premios. Algo muy parecido se dijo en su momento de "Tangerine" (2015), cuarto largometraje de Sean S. Baker, otro cineasta neoyorquino que adora filmar la ciudad sin ornamentos, y que halla en las relaciones humanas una fuente inagotable de misterio. En "Starlet" (2012) narra la amistad entre dos almas solitarias: una anciana viuda y una actriz porno. Sus aptitudes eran evidentes pero finalmente con "Tangerine" ha conquistado muchos seguidores, no solo por tratarse de una joya humanista —un insólito cuento de Navidad protagonizado por actrices transgénero sin experiencia profesional—, sino también por la audacia técnica de estar grabada íntegramente con teléfonos celulares. Los procedimientos de Baker evocan el neorrealismo italiano, espíritu que también ha sido invocado por Ramin Bahrani, descendiente iraní considerado por el crítico Roger Ebert como el mejor de su generación. "Man Push Cart" (2005), "Chop Shop" (2007) y "Goodbye Solo" (2008) reflejan su empatía hacia los personajes anónimos. 
Entre todos estos talentos, quien está más próximo a seguir los pasos de Wes Anderson y Paul Thomas Anderson —es decir, a ser promovido a las ligas mayores— es Jeff Nichols, director y guionista de cinco largometrajes, todos con el actor Michael Shannon. El primero de ellos, "Shotgun Stories" (2007), sentó las bases de su cine: ambiente rural (siempre filma en su oriunda Arkansas), la familia como eje dramático, la violencia como herencia cultural y una explosión de sentimientos reprimidos. Es una de las mejores óperas primas de la década pasada. Fue seguida por su obra más visionaria: el drama apocalíptico "Take Shelter" (2011), en el que un Shannon seriamente perturbado construye un búnker para proteger a los suyos de un Armagedón que se le aparece en sueños. Nichols alcanzó mayor exposición con "Mud" (2012), obra de espíritu romántico, anclada en la tradición sureña de Mark Twain. Este 2016 llegan dos nuevas entregas de este cineasta: "Midnight Special" (financiada por un estudio grande) y "Loving", próxima a estrenarse en el Festival de Cannes. La crítica estadounidense ha elogiado "Midnight Special", homenaje confeso a las fantasías extraterrestres de Steven Spielberg. A propósito, el género fantástico ha sido cultivado por otros independientes, sin que ello signifique una concesión al cine de espectáculo. Autores como Shane Carruth ("Upstream Color", 2014) y Mike Cahill ("I Origins", 2014) han experimentado con la ciencia ficción en su vertiente más filosófica y sin recurrir a extravagantes efectos especiales.

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Estamos llegando al final y aún no hemos hablado del movimiento conocido como ‘Mumblecore’, tan prolífico y despojado de glamour que bien merecería su propio artículo. O de cineastas tan promisorios como Antonio Campos ("Simon Killer", 2012), Sean Durkin ("Martha Marcy May Marlene", 2011), Jeremy Saulnier ("Blue Ruin", 2013), Alex Ross Perry ("Listen Up Philip", 2014). Reservemos estas últimas líneas a las mujeres directoras, aquellas que luchan por instalarse en la escena independiente. Es casi indiscutible que la más talentosa del grupo es Kelly Reichardt, autora capaz de abordar todo tipo de historias y adaptarlas a su estilo introspectivo, sea cine de aventuras ("Old Joy", 2006), realismo social ("Wendy y Lucy", 2008), wéstern ("Meek’s Cutoff", 2010) o cine negro ("Night Moves", 2013). La ya mencionada Lisa Cholodenko dirigió "The Kids Are All Right" (2010), nominada al Óscar como mejor película, distinción a la que también accedieron Debra Granik con "Lazos de sangre" (2010) y Ava DuVernay con "Selma" (2014), ambas exhibidas en nuestra cartelera. Hoy en día, los ojos están puestos en Rebecca Miller, conocida entre nosotros por "Intimidades" (2002) y "La balada de Jack y Rose" (2005). Esperemos que ocurra lo mismo con "Maggie’s Plan" (2015), saludada por la crítica como una estupenda comedia de personajes femeninos. También hay que seguir a otras directoras que mostraron potencial con sus óperas primas, por ejemplo Miranda July ("Tú, yo y todos los demás", 2005), Courtney Hunt ("Río helado", 2008), Dee Rees ("Pariah", 2011) y Lena Dunham ("Tiny Furniture", 2010), creadora y estrella de la serie "Girls".  

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