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Kanye West: rebelde sin pausa

Con su disco más reciente disuelve los límites entre obra y artista, provoca el desconcierto de la crítica y se mantiene en el ojo de una tormenta mediática creada por él mismo.

Kanye West

El rapero y productor Kanye West suele usar su cuenta de Twitter para hacer polémicas declaraciones. Por ejemplo, esta semana dijo que la película Deadpool 2 habría plagiado su música. [Foto: AFP]

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Las semanas previas al lanzamiento de Ye (Def Jam, 2018) fueron las más controversiales en la carrera de Kanye West. El 23 de mayo el músico estadounidense publicó un video donde lucía una gorra con el eslogan de Donald Trump —“Make America great again”—, con lo que levantó críticas alrededor del mundo. Unos días más tarde afirmó que 400 años de esclavitud afroamericana habían sido el producto de la elección de los propios esclavos, con lo cual enfureció a otras miles de personas, incluidos algunos colegas como Snoop Dogg, quien no dudó en afirmar que “ese negro está loco”. Más allá de la polémica, valdría la pena recordar que este no es el primer caso en el que una estrella del pop provoca una tormenta mediática valiéndose de su incorrección política.

En 1975, pocos meses antes de lanzar Station to Station, David Bowie declaró que podía convertirse en el Hitler de Inglaterra. No sabemos con certeza si en ese momento Bowie deliraba por su desmedido consumo de cocaína o si todo era parte de una campaña de marketing previa al lanzamiento del álbum (quizá haya sido un poco de ambas cosas), pero lo que sí sabemos es que Station To Station se convirtió en su disco más vendido en los Estados Unidos hasta ese momento: llegó al puesto tres de la revista Billboard. Y hoy, al momento de escribir este artículo, Ye ocupa el primer lugar de la lista Hot 200 de la misma publicación. Si lo que Kanye buscaba con sus comentarios era mantenerse en la cima de la popularidad, sin lugar a dudas lo ha conseguido.

Kanye West

13 de diciembre de 2016. El presidente electo de EE. UU., Donald Trump, y el músico Kanye West posan para los medios en la Trump Tower en Manhattan. [Foto: Reuters]

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Ahora bien, aunque sus declaraciones no han menguado el entusiasmo de sus seguidores, la crítica especializada no ha desaprovechado la oportunidad para manifestar su disgusto. Lo que no queda claro es si lo que le perturba es la música o el propio artista. En su reseña de Ye, la revista Pitchfork calificó a Kanye West de “asshole” [sic] en tres ocasiones. Y sobre el disco dijo que se trata de un fracaso, “desprovisto de alma” y “aburrido hasta el cansancio”, aunque —paradójicamente— al final terminó adjudicándole un puntaje de 7,1/10. Por otro lado, la revista Spin señaló que Ye hubiera sido “perfectamente bueno” si no hubiera sido firmado por West, ya que su protagonismo es inconsistente con el papel de los productores y colaboradores que lo ayudaron a generar la música. ¿Es que acaso este crítico olvida el modus operandi de Madonna o David Bowie, artistas cuyo talento residía justamente en usar a sus colaboradores para crear discos que nadie, excepto ellos, podrían haber puesto en marcha? No deja de llamar la atención que en la reseña se diga que Ye es un disco inservible, que debemos “olvidarnos de él lo antes posible”, y que al mismo tiempo se afirme que hay varios momentos en que su música resulta realmente valiosa. ¿De dónde provienen estas contradicciones? Es tarea de la historiografía de la música pop darle sentido a este material crítico en el futuro.

Para quienes lo seguimos desde hace años es claro que Ye no es uno de los mejores discos de West. Pero tampoco es un disco que carezca de valor. Ni por asomo. De hecho, hay canciones en las que se percibe claramente a un artista llevando su música a nuevos límites de experimentación (el tejido ambient que sostiene las primeras secciones de “I Thought About Killing You”, por ejemplo) o en las que las referencias a su vida pública o privada —i. e. sus comentarios sobre la esclavitud y sus peleas con Kim Kardashian— son tratadas con una emotividad que combina las sensibilidades del rock, el soul y el pop. Si uno no pierde esto de vista, podrá entender que mientras más tiempo logre mantenerse en el ojo de la tormenta mediática, West podrá seguir dándose el lujo de hacer música personal y experimental a un nivel masivo. Y esto es importante si queremos que la música pop transnacional sea algo más que mero entretenimiento.

Kanye West

12 de abril de 2015. Kanye West se presenta durante su concierto en Ereván, Armenia. [Foto: AFP]

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¿Por qué, entonces, a la crítica le resulta tan difícil resaltar estas virtudes? En un artículo sobre rap escrito a mediados de los ochenta, Simon Reynolds habló de los prejuicios con que tratamos a los artistas que se encuentran del lado opuesto de nuestros valores políticos y culturales. “El mensaje puede ser algo que los blancos liberales no quieren oír”, señala Reynolds, “pero precisamente porque esta música es desagradable, y está llena de contradicciones, es que conserva el poder de agitarnos y perturbarnos de un modo en que la música ideológicamente sólida no lo puede hacer”.

Pienso que aquí está la llave para abrir las puertas de los tesoros de Ye.

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