Lima 2019: ¿la próxima capital griega?
Lima 2019: ¿la próxima capital griega?

Atenas, 2004. Los aros olímpicos se trazan con fuego en el estadio Spyros Louis, mientras los flashes de cientos de cámaras estallan para capturar el momento. Desde el cielo, una toma aérea los filma mientras revientan fuegos artificiales y se exhibe una ciudad desarrollada y mundial. Una ceremonia de inauguración íntima y llena de momentos poéticos y de celebración a la cultura griega y la humanidad. Creada por Dimitris Papaioannou (director de teatro experimental, bailarín, artista visual y dibujante de cómics; elevado a categoría de genio global luego del evento), dicha inauguración cumplió una función política además de deportiva. Grecia, históricamente considerada nación periférica y pobre de la Unión Europea, sellaba su integración organizando unas Olimpiadas tan espectaculares como emotivas. La prolongada ovación de pie recibida por el halterófilo Pyrros Dimas fue solo uno de muchos instantes que convirtieron a sus héroes locales en referentes de cultura deportiva mundial. Por fin, la perezosa Grecia era idéntica la industriosa Alemania.
    Atenas, 2016. Las inmaculadas instalaciones de aquella Villa Olímpica se encuentran clausuradas; llenas de óxido, grafitis y basura. Las piscinas están colmadas de agua podrida. Varias canchas tienen las butacas arrancadas y puestas en hileras interminables. La villa agoniza desde hace más de una década y nadie se atreve a liquidarla. Y, aun peor, las Olimpiadas son recordadas con odio por los atenienses. En su colección de ensayos "La espada de Damocles", Petros Márkaris, pensador y escritor griego, las responsabiliza de la crisis del país. Si bien es desproporcionado culparlas, colocar los reflectores sobre ellas es un acto de contrición tan inteligente como estéril. Grecia gastó dinero que no tenía para exhibir una prosperidad que jamás existió, con el propósito de integrarse de modo precario a la Unión Europea. Al estallar la crisis, quedó aún más separada del bloque. Los Juegos Olímpicos fueron el intento más costoso y grotesco para lacrar al país como nación “próspera”. Y mientras más caro era el esfuerzo, la perezosa Grecia se separaba más y más profundamente de la industriosa Alemania.


* * *
Lima tiene la responsabilidad de organizar los Juegos Panamericanos del 2019. Con un presupuesto que supera los mil millones de dólares, sus detractores los señalan como derroche dentro de un país con severas deficiencias en educación, salud y transporte. Las obras están atrasadas. Y una pregunta empieza a levantar banderas de alarma cada vez más agitadas: ¿qué va a ocurrir luego con las instalaciones? En un país con pobreza deportiva crónica como el Perú, este certamen facilitaría la promoción y el empoderamiento del ejercicio físico para formar un mejor peruano. Sin embargo, la construcción de una cultura de deporte, y del deporte como práctica cultural, no se producirá de manera inmediata. Es un proceso que requiere planificación. Tiempo. Pensamiento de largo plazo, un término reñido con un Estado disfuncional y cortoplacista. 
    Los Panamericanos se postularon sobre la premisa de renovar Lima para recibir el Bicentenario. Sin embargo, la modernización no solo debe ser de la ciudad, sino del ciudadano. ¿Cómo se puede lograr a menos de tres años para la inauguración? ¿Es posible? Sí, es posible. ¿Es difícil? No: es muy difícil. No hay tiempo para crear (más y más) instituciones como un Ministerio del Deporte y la Juventud. Se necesitan equipos multidisciplinarios para llevar a cabo una labor descomunal como esta. Requiere esfuerzos de gestión pública con liderazgo y orden, ya que deberá lidiarse con varios niveles de gobierno e integrarlos con el sector privado. Ello, sin contar que se hará dentro de una Lima con problemas de seguridad y retrasos en las líneas de metro destinadas a curar el infartado tráfico de la ciudad.
    Sin embargo, es factible. ¿Acaso Piero Ghezzi, exministro de la Producción, no logró en apenas dos años conciliar y cambiar políticas públicas para lograr una diversificación productiva? Con el tiempo, permitirá la no dependencia de los minerales para celebrar justificadamente 200 años de independencia nacional. ¿No puede replicarse el modelo en la articulación de unos Panamericanos que generen un proyecto rentable para el país en el largo plazo, con el Estado y la empresa privada trabajando juntos?
    Moquegua, al mando de Martín Vizcarra, se convirtió en menos de un lustro en ejemplo de planeamiento y educación. Como ministro de Transportes, podría integrar las líneas de metro y transporte público dentro de este proyecto. Flavio Calda y Juan Carlos Adrianzén, quienes han mostrado desempeños sólidos al mando del MALI y el Gran Teatro Nacional respectivamente, tendrían oportunidades para descentralizar las instituciones que dirigen y levantar redes de museos y teatros con las instalaciones luego del certamen. Cada vez hay más profesionales mejor preparados para gestionar iniciativas rentables que fusionen arte, deporte y cultura.


* * *
Finalmente, debe integrarse el miembro más importante del equipo: cada uno de nosotros. Si realmente se quiere una ciudad moderna, es indispensable un ciudadano comprometido. La queja e inacción no conducen a ningún lado. No producen. No dan plata. Con preguntas simples como ¿cuánto dinero está gastándose?, ¿en qué se está gastando? y ¿por qué se está gastando?, cada uno puede formar su propio sistema de vigilancia con la ayuda de Internet y las redes sociales.
    Faltan 1.085 días, 15 horas y 23 minutos para el inicio de los juegos. La cuenta regresiva continúa, y tenemos la oportunidad de hacer del certamen un momento de inflexión histórica… o convertirnos en la próxima capital griega. ¿Comenzamos?