El arqueólogo y antropólogo Luis Lumbreras. (Perú21/ Allen Quintana)
El arqueólogo y antropólogo Luis Lumbreras. (Perú21/ Allen Quintana)
Jorge Valenzuela Garcés

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Luis Lumbreras (1936) es uno de los más importantes arqueólogos del Perú. Como profesor en San Marcos, se le recuerda como uno de los grandes impulsores de la creación de la Facultad de Ciencias Sociales junto a figuras como Pablo Macera, Aníbal Quijano, Julio Cótler y Stefano Varese. Su obra, conocida no solo entre nosotros, sino en Europa y Estados Unidos, le ha permitido ser considerado un clásico dentro de la arqueología a nivel hispanoamericano. Los orígenes de la civilización en el Perú de 1974, uno de sus libros de mayor difusión, confirmaba su gran talento para sintetizar una amplia información sobre nuestro pasado remoto.

La reciente publicación hecha por Ediciones Copé de Petróleos del Perú, de la tercera edición, aumentada y corregida —y al parecer definitiva—, de Pueblos y culturas del Perú antiguo, nos devuelve a uno de sus libros más importantes. Publicado por primera vez hace 50 años, fue en su momento considerado un aporte a la sistematización de nuestro conocimiento sobre nuestra historia remota. La segunda edición, en traducción al inglés, logró, en el mundo anglosajón, siete ediciones continuas.

Más allá del objeto

Lumbreras mantiene en esta entrega la estructura histórica que empleó hace cincuenta años para dar cuenta de las principales etapas de nuestros inicios como civilización. Para él, sin embargo, lo importante, sin menoscabar la periodificación histórica, es registrar el modo en que se dan los cambios en la vida de las poblaciones. Así, apunta a conocer la fuente de la actividad social, es decir, el modo en que una comunidad se construye y cambia, y no solo los productos materiales de esa actividad, como solía hacerse en la antigua arqueología. De esta manera, Lumbreras supera largamente las definiciones tradicionales de la disciplina que la encerraban en el análisis del objeto, del túmulo, del utensilio, del huaco en el propósito de interpretar a las civilizaciones antiguas.

Lumbreras parte de un hecho cierto: en arqueología, las técnicas y recursos que permiten la observación, así como el recojo de datos, han variado de manera notable en los últimos treinta años. De este modo, “los objetos en sí mismos, que eran la materia central del proceso de investigación arqueológica, han pasado a constituir solo una parte de lo que los otros contextos pueden decir”.

El aporte de la biología

Así mismo, nos informa que se superaron los viejos modos de investigación en torno a los comportamientos sociales dejando atrás limitaciones como el hecho de depender únicamente de la cultura o de las costumbres para construir el discurso de la arqueología. Ahora, también, para ese objetivo pueden ser referentes personas concretas, en tiempos y lugares concretos. En conclusión: resulta, para Lumbreras, obsoleto seguir definiendo a los pueblos por el tipo de su cerámica u otras muestras. El legado material, nos dice, no resuelve todo lo que necesita conocerse de un pueblo para identificarlo.

Otro aspecto que destaca en el desarrollo de la arqueología es el aporte de ciencias como la biología, que ha permitido el nacimiento de la tafonomía o estudio de los procesos postmortem que afectan a la preservación, observación y recuperación de organismos muertos, capital para dar paso a la arqueología forense.

Con estas nuevas herramientas metodológicas, Lumbreras ha emprendido, en esta edición, la tarea de eliminar información ya refutada por los nuevos hallazgos en la disciplina y, por el lado del discurso, de fusionar el decir antropológico tradicional con el historiográfico. Su propósito es construir una narrativa histórica; una narrativa libre ya de la preponderancia de la cultura sobre el sujeto (hasta desaparecerlo), como libre de la aproximación que prescinde de la cultura al momento de acercarse al examen de los hechos.

Un gran soporte visual

Esta edición está remozada con “El colapso del Tahuantinsuyo 1532-1572” y “Esta historia continúa…”, dos nuevos capítulos que buscan completar el panorama del siglo XVI, en el caso del primero, y realizar un análisis de cómo llegamos como comunidad hasta el momento de nuestra independencia.

El libro cuenta, además, con un gran soporte visual. Incluye cuadros cronológicos; fotos de gran resolución a todo color (tanto de detalle como de vista panorámica); mapas de época; dibujos que funcionan como reconstrucciones de actividades sociales o de objetos funcionales; croquis; planos que nos permiten visualizar una amplia construcción, y diseños. Todo este acervo documentario no solo convierte a esta edición una de las más completas en su rubro, sino que permite un conocimiento cabal de nuestro pasado.

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