Martin Luther King y el gran mensaje contra la discriminación
Martin Luther King y el gran mensaje contra la discriminación

RAÚL MENDOZA CÁNEPA

Uno de los más bellos discursos de la historia lo pronunció aquel líder integracionista negro que desde las gradas del Lincoln Memorial sacudió los cimientos de una Nación.  Era el 28 de agosto de 1963 y más de 250 mil personas se habían congregado para escuchar las palabras de Martin Luther King. Fueron 50 minutos intensos en emociones y clamores, sumadas las pausas.

Los negros, segregados, impedidos de usar los servicios, los transportes o los restaurantes de los hombres blancos veían en aquellas palabras una promesa de pronta dignidad. La potente voz de King rugió desde las bases del monumento de Abraham Lincoln: “Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia”

El llamado a la unión era un imperativo. “Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios dónde en su búsqueda de libertad, han sido golpeados por la tormenta de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policiaca”. 

La pieza oratoria no cedía al agotamiento: “Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país”. Pese a las humillaciones históricas, la convocatoria excluía el odio. En su alocución, King refiere varias veces a los hijos del creador. No podría ser sino un discurso de reconciliación, compasión y perdón: “Hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio”.

El sobresalto desde las fibras se produce cuando dice a toda voz. “Yo tengo un sueño”, frase que repite en ocho ocasiones “Hoy les digo a ustedes que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño americano". El sueño americano era el de la libertad y las oportunidades, aquel que Thomas Jefferson plasmara en la Declaración de Independencia. De allí la frase de King: “Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales".


Desgarra el giro que toca al futuro de sus hijos: “Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. ¡Hoy tengo un sueño!”

El sueño de King y sus duras batallas cuajaron. La integración fue una concreción y muchos altos funcionarios de los poderes públicos estadounidenses tienen hoy el color y la raíz de aquel soñador. En aquel futuro soñado, los hijos de King vieron a un hombre como su padre juramentar como el cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos.