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Renace Discos Horóscopo: la chicha fermenta de nuevo

A 40 años de la primera grabación de Chacalón y la Nueva Crema, un acercamiento a la cumbia peruana mediante Discos Horóscopo

Fue a inicios de 1977, cuando dos muchachos, hijos de migrantes, se encontraron en un pasaje del cerro San Cosme. Uno de ellos venía de Barranca y acababa de estrenar un sello discográfico para grabar los temas de su grupo favorito, Los Pasteles Verdes, en un segundo piso alquilado del jirón Lampa, y el otro era el vocalista de un dúo que trataba de hacer conocidas sus canciones en un género que transformaba la cumbia psicodélica en una especie de lamento tropical.


Juan Campos Muñoz, el creador de Discos Horóscopo, el sello que impulsó la música chicha. (Foto: Manuel J. Orbegozo)

Juan Campos Muñoz, el creador de Discos Horóscopo, el sello que impulsó la música chicha. (Foto: Manuel J. Orbegozo)

Así aparecían en el panorama las figuras de Juan Campos, quien con el tiempo sería el productor musical más importante de la chicha en el Perú, y Lorenzo Palacios Quispe, a quien las multitudes llegarían a corear bajo el nombre artístico de Chacalón.

Aunque se ha escrito bastante sobre la chicha y el papel que jugó en la construcción de la cultura popular de los años setenta y ochenta, se conoce muy poco —o casi nada—  del productor musical que la consagró, el mismo que grabó los discos no solo del inmenso Chacalón sino también de agrupaciones emblemáticas como Los Shapis, Pintura Roja, Los Ovnis y el Grupo Alegría. Fue tanta la influencia de Campos en los ochenta, que su rostro mestizo de ojos rasgados apareció en las contraportadas de los discos de cumbia tropical andina más representativos de la época. Las bandas, en agradecimiento, llegaron a vitorear su nombre en sus mejores temas.

“¡Ahora, Juan Campos, sigue triunfando!”, reza un ‘guapeo’.

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Juan Campos Muñoz, el creador de Discos Horóscopo, el sello que impulsó la música chicha. (Foto: Manuel J. Orbegozo)

Juan Campos Muñoz nació el 31 de diciembre de 1946, y tal vez la mejor fórmula para empezar a comprender su personalidad sea la de su signo zodiacal —después de todo, su sello sería bautizado como Horóscopo—. Es capricornio, es decir, terco, disciplinado, huraño, resentido, pesimista y persistente. Nada le sería fácil conseguir en la vida. Hoy recuerda, con las manos entrelazadas sobre su escritorio de metal, la historia de cada uno de los vinilos que adornan las paredes de su oficina, como si los hubiera parido él mismo, tal vez porque así fue. “Este me tomó tres años”, “de este otro solo vendimos 20 copias”, dice.

Curiosamente, el más vendido de todos (más de 200 mil copias en tres meses), un disco de 45” de Los Shapis con la canción “El aguajal” no está en ninguna de las paredes, ni en la pila de fundas apoyadas en su tocadiscos sin aguja ni en algún rincón de nuestra conversación.


Saldarriaga y los Shapis en estudio (Foto: Archivo Víctor Zela)

Saldarriaga y los Shapis en estudio (Foto: Archivo Víctor Zela)

Hoy da la impresión de que su imperio discográfico se ha reducido a una foto en blanco y negro en la que aparece junto a Chacalón o al collage de fundas vacías que ha colgado a su alrededor.

Campos empezó a tomar las riendas de su propia vida a los 13 años, cuando empezó a trabajar con su padre, que tenía una flota de autobuses que salían desde Chimbote. Cuatro años después abriría en Barranca un taller de lubricantes y se casaba. Se hizo transportista, hasta que en 1977 su vida cambió para siempre.

Un grupo de padres de familia del colegio de su hijo le pidió consejo para recaudar fondos. Por esos años, en Chimbote eran famosas las canciones de Los Pasteles Verdes. Decidió contratar a la banda para que amenizara algunos bailes en el coliseo Machu Picchu de Barranca, y el éxito fue rotundo. Campos organizó 20 bailes más y reconstruyó gran parte del colegio.

Se hizo amigo del guitarrista de Los Pasteles Verdes, Hugo Acuña, quien le propuso fundar un sello discográfico para producir y comercializar baladas. Campos, a pesar de que carecía absolutamente de conocimientos de dicha industria, aceptó la propuesta y cofundó Discos Horóscopo-Pasteles Verdes.

“Los Pasteles grabaron un disco de 45” con el nuevo sello y yo les di las cintas, pero luego me enteré de que ellos habían regresado a grabar con su antigua casa”, cuenta. Es decir, se quedó en el aire con un negocio que apenas comprendía, plantado sin saber qué hacer en su oficina recientemente alquilada en jirón Lampa 1094.Hubiera podido vender el negocio y terminar sus aspiraciones musicales, pero le ganó la terquedad capricorniana.

Así conoció a Víctor Mayorga, extrabajador de Infopesa, quien pactó la cita en el Cerro San Cosme. Tras una serie de pruebas, Campos recuerda que quedó prendado del sentimiento con el que Lorenzo Palacios, el vocalista del dúo, interpretaba los temas, impulsándose sobre su desafinado vozarrón. En octubre de 1977, Horóscopo grabó su primer disco de 45”, con el tema “Ven, mi amor”. Así nació Chacalón y la Nueva Crema.

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(Foto: Archivo Víctor Zela)

(Foto: Archivo Víctor Zela)

“Yo mismo fui a ofrecer ese disco a la plaza Unión y no vendí nada. Ya no tenía ni para comer”, cuenta Campos, y sonríe para disimular la nostalgia. Tres meses soportó los constantes rechazos de las tiendas de música. En diciembre de 1977, Horóscopo logró que el disco Lágrimas de amor, de Chacalón y La Nueva Crema, fuera aceptado en algunas radios de Lima. Un tema jaló a otro, y en solo cuatro años su productora ya competía con los gigantes de entonces, como Iempsa, El Virrey e Infopesa.

Entre 1977 y 1985, a Campos le faltaron manos para vender discos. Horóscopo produjo alrededor de 80 elepés y 300 45” desde su fábrica en San Martín de Porres. Al mismo tiempo, entró en la televisión como productor de dos programas vespertinos dedicados a la música chicha que le sirvieron para promocionar sus agrupaciones.


Portada original del primer álbum de Chacalón y la Nueva Crema.

Portada original del primer álbum de Chacalón y la Nueva Crema.

Esa música de “los otros”, de los inmigrantes andinos, de las empleadas domésticas, de los choferes y ambulantes, iba ocupando cada vez más espacio en la capital.

El surgimiento de este fenómeno no fue gratuito. Las décadas del sesenta y setenta estuvieron marcadas por enormes tensiones sociales, propiciadas no solo por la intensiva migración a Lima —fue el tiempo de las llamadas ‘barriadas’ que dieron lugar a varios distritos actuales— sino también por una crisis social y política que se intensificó en la etapa final del gobierno militar. Eso empujó a muchos jóvenes, los hijos y nietos de quienes habían llegado décadas atrás a la capital, a las calles, a buscar nuevos horizontes laborales. Crecen el comercio ambulatorio y la informalidad, pero también nuevos espacios de diversión. “La chicha permite la cohesión grupal de esa inmensa masa de migrantes andinos, articulados cada vez más estrechamente a aquellos que no migraron,  regresaron o se aprestaban recién a migrar”, escribió el antropólogo Carlos Iván Degregori en 1984. Un fenómeno de ida y vuelta, que hizo que la explosión musical no naciera en Lima sino en una ciudad del centro del país, como Huancayo.

Como afirma el investigador Juan Gargurevich en una tesis sobre el tema: “La palabra ‘chicha’ surgió en el mundo musical peruano gracias a que en búsqueda de renovación grupos musicales del centro del país mezclaron la cumbia colombiana con sones andinos […] Hay versiones sobre esta historia, pero se coincide en que fueron Los Demonios del Mantaro, quienes en los años sesenta comenzaron  a interpretar con ritmo peculiar ‘La chichera’, cuya grabación en 1966 batió récords de venta. En 1970, el líder del grupo Los Ecos editó un disco en el que adjetivaba su música con el término ‘chicha’”. 

“Este género nace como música de migrantes, pero no de migrantes a Lima, sino de migrantes a Huancayo”, corrobora el antropólogo Fernando Ríos Correa, especialista en la historia del género. Un ejemplo de esto es el auge de Víctor Carrasco, un muchacho capitalino que creó su banda —Vico y su grupo Karicia— en Huancayo y volvió a Lima para convertirse en el Rey Vico.


Contraportada original del primer álbum de Chacalón y la Nueva Crema, con una fotografía de Chacalón y Juan Campos Muñoz.

Contraportada original del primer álbum de Chacalón y la Nueva Crema, con una fotografía de Chacalón y Juan Campos Muñoz.

Mientras tanto, en el corazón popular de La Victoria, “Chacalón no hacía chicha, sino cumbia costeña”, precisa Ríos Correa. Sin embargo, con el tiempo se usó este término para englobar en la capital a todas las expresiones venidas desde abajo. Así, “Soy muchacho provinciano”, con la celebración del lamento nostálgico se convirtió en el himno de miles de jóvenes —migrantes, e hijos y nietos de migrantes— que desafiaban una Lima marcada por el desempleo, la crisis económica y el terror. 

“En esos años, ya los ochenta, algunos líderes de izquierda vieron la chicha como una música lumpen y la calificaron de alienante”, recuerda el sociólogo Carlos Sandoval. “Tenían una visión limitada de lo andino como expresión, y buscaban conservar solo lo originario. Por eso criticaban a estos muchachos que usaban instrumentos y ritmos extranjeros. La chicha no cabía dentro de estos parámetros.”

Según Ríos Correa, este género debe verse hoy como un hito cultural para romper con los prejuicios y las aristas del subdesarrollo.

“Cuando se ignoran las actividades económicas y culturales de un grupo social, lo que sucede es que se invisibiliza y no hay nada que lo ampare. “¿Por qué existe la informalidad? Porque para el Estado y los académicos lo que haces no existe”, afirma el especialista.

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En esa Lima migrante y subterránea, las oficinas de Horóscopo se llenaban cada fin de semana de artistas y compositores que llegaban de todo el Perú para ofrecer su talento. Las disqueras rivales les plagiaron algunos temas e incluso los nombres de las bandas. Campos recuerda que a mediados de los ochenta se ganó la atención de la prensa al organizar en la explanada del estadio de Alianza Lima dos multitudinarios mano a mano entre Los Shapis y el Grupo Alegría. Mientras los artistas organizaban sus conciertos, él se encargaba de producir y comercializar la música.


Los Shapis, uno de los fenómenos de la cumbia peruana, surgidos a inicios de los ochenta. (Foto: Trome)

Los Shapis, uno de los fenómenos de la cumbia peruana, surgidos a inicios de los ochenta. (Foto: Trome)

¿Cuál fue la clave del éxito de Campos? Dice que siempre apostó por ahuainar la cumbia y viceversa, con canciones como “El aguajal” o “Antahuara”. Se jacta de haber escogido los temas precisos para cada banda, de priorizar canciones con letras de amor, sobre el proletariado o sobre la identidad provinciana, porque si bien los migrantes andinos tenían hijos limeños, para él, “licuar” las temáticas y géneros musicales significaba dotar a las nuevas generaciones con lo mejor del campo y la ciudad.

Pascual Saldarriaga, el mítico ingeniero de sonidos de la chicha, opina que el éxito de Horóscopo se debe a la fuerte inversión que hizo en Radio Unión.  “Aquellos camioneros y choferes de bus que andaban por la sierra, por la puna, en la tarde o en la noche, y que eran muchos, ¿qué emisora captaban? Unión. Por eso es que los grupos comenzaron a ser pedidos en provincias”, asegura.

A pesar del aparente apogeo, el fin estaba cerca. Para 1987 la chicha ya había cedido terreno a otros géneros, y en el mercado peruano se instaló con fuerza un fenómeno que arrasaría con todas las disqueras: la piratería. Campos abandonó la suya y volvió a sus orígenes: se dedicó a organizar bailes, como cuando llevó a Los Pasteles Verdes a Barranca y pudo reconstruir la escuela local.  En 1997 el sello Horóscopo cerró indefinidamente.

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La portada de la reedición en vinilo realizada por Jalo Nuñez Prado. (Proyecto de Jalo Núñez del Prado)

La portada de la reedición en vinilo realizada por Jalo Nuñez Prado. (Proyecto de Jalo Núñez del Prado)

Veinte años después, la magia de Discos Horóscopo está de vuelta. En 2015, el productor peruano Jalo Núñez del Prado conoció la existencia de la mítica disquera cuando un colega le aconsejó “piratear” el catálogo para subirlo a las redes sociales. Núñez del Prado se negó y, más bien, vio en ese rico legado una oportunidad.

En la primera década del siglo XXI, se habían editado en el extranjero dos recopilatorios de música chicha y cumbia peruana. Uno de ellos fue roots of chicha y fue realizado por el francés Olivier Conan en Brooklyn; y el otro, en España, y se llamó El faraón de la chicha, del productor Mario Pacheco. Núñez del Prado  notó que ambos proyectos carecían de investigación y remasterización, así que ideó un plan para rescatar el catálogo de Horóscopo.

Encontró a Campos, recuperó los masters, y en Madrid desarrolló una campaña de crowdfunding para publicar los 10 discos esenciales de la chicha peruana en ediciones de lujo. Ha comenzado por el primer elepé —homónimo— de Chacalón y la Nueva Crema. “Más que una visión empresarial, siempre tuve un enfoque de revalorización e internacionalización de nuestra identidad cultural”, expresa Núñez del Prado, a quien Campos otorgó la representación de Discos Horóscopo en el 2015.

Para Jaime Moreira, director y guitarrista de Los Shapis, el proyecto de Núñez del Prado significa regresar a la mejor época de la discografía de su agrupación. “Sostener un disco de vinilo es una alegría. No hay sonido digital que se compare. Es una etapa en que se está reinventado la presentación, porque las matrices no van a variar”, comenta.

“Hoy los cimientos están mejor enraizados como para que una producción especializada capte la atención y no sea vista como una curiosidad antropológica, y comercialmente tenga sentido”, opina Víctor Zela, fundador del proyecto de difusión “La cumbia de mis viejos” y poseedor de una colección privada de alrededor de 5.000 discos de cumbia peruana y chicha.

Mientras tanto, Campos pasa sus días en Barranca. Es un mito recordado en la ciudad a la que su familia donó un lienzo del Señor de los Milagros, y el motor que mantiene la efigie iluminada cada octubre. Pocos reconocen su rostro.

Ha decidido pasar sus días en silencio, dedicado al cultivo de tara en su fundo de 115 hectáreas. Su última confesión es que no sabe bailar, cantar ni beber alcohol, aunque haya logrado que miles lo hagan por él.

Una década sin Néctar


(Foto: Archivo El Comercio)

(Foto: Archivo El Comercio)

Fundado en 1995 por Johnny Orosco, exguitarrista de Pintura Roja, Néctar logró reivindicar la cumbia peruana desde Argentina en un momento en que el género era repudiado en su propia tierra. Algunos de sus temas más sobresalientes —como el “El arbolito”— llevaron el nuevo fervor desde Argentina a Bolivia, y de vuelta al Perú.

La madrugada del 13 de mayo del 2007, mientras la agrupación se trasladaba en un micro al último concierto de la noche en Buenos Aires, el vehículo se descarriló en una autopista. Murieron nueve integrantes y cuatro tripulantes. Dos días después, los restos fueron repatriados a Lima, donde se les rindió homenaje en la Plaza de Acho (incluso acudió el entonces presidente Alan García).

A diez años de su trágico final, Néctar será nuevamente homenajeado en Somos Néctar, una película de New Century Films, que cuenta la historia de la agrupación. Se estrenará el 5 de octubre.

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