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Enciclopedia plástica

Cinco relatos breves del nuevo libro de Ricardo Sumalavia

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Sílabas
Una noche, llevados veinte años juntos, suma de un largo noviazgo y matrimonio, él le contó a su mujer que de niño había sido tartamudo. En realidad, esta confesión ni siquiera era tal, a lo sumo se acercaba al centro de una charla que sostenían en ese momento. Lo dijo así, de pronto, porque acababan de ver una película en la que el protagonista retardaba las sílabas con insistencia. La película había sido buena y ellos se sentían plenos al salir de la sala de cine. En ese contexto, entre comentarios diversos, vino lo de su tartamudez infantil. Ella, con la misma soltura, le dijo que igualmente de niña pasó una temporada lidiando con su lengua. Ambos rieron. «Y pensar que ahora hablamos con fluidez», le dijo él a ella, pero también pudo ser ella quien lo dijo. Poco importaba; se sabían felices. Caminaron abrazados hasta el auto aparcado a solo dos calles, aún con los recuerdos de la película. Una vez dentro del vehículo, él se colocó la correa de seguridad y puso las manos sobre el volante. Ella tomó una de las manos de su marido y la sujetó con fuerza.
    
Ambos mantuvieron la mirada fija hacia adelante, adivinando una larga avenida con postes de luz que se repetían incesantemente, como sílabas de una infinita palabra.

Calendarios
Aprendimos esta lengua a costa de mucho sacrificio. Primero fue memorizar todas las frases hechas, aquellas construcciones que con solo repetirlas obtenías resultados inmediatos. Luego fue matizar su uso dentro de otras nuevas —más personales, más creativas— con un léxico que se fue haciendo abundante y atractivo. 
     Lo duro en este camino, sin embargo, es que mi hermano se estancó en la primera etapa. Y no hay marcha atrás. No podemos volver a nuestra lengua materna —la tenemos prohibida—. Pero, como digo, no hay avance con él. Al principio él enlazaba todas estas frases con maestría. Nos superaba notablemente y nadie notaba su carencia de vocabulario. Sobre todo era un maestro cuando reproducía los eslóganes de los comerciales de televisión. No obstante, con el tiempo esas frases fueron cayendo en desuso al mismo ritmo que iban desapareciendo los productos publicitados. Quizás lo pudo disimular con el silencio, pero algo en él lo impulsó a repetirlas vanamente. Por supuesto, cada vez era menos lo que él obtenía a cambio. Y sí, él vive en casa, con nosotros, que vamos almacenando sus palabras, como también lo hacemos con los calendarios viejos.

Decisiones
Si decides bajar por las escaleras, debes estar prevenida de que él estará allí. Son únicamente tres pisos. No es demasiado, pero sí lo suficiente para el encuentro. Es cierto que podrías avistarlo desde arriba. El uniforme que suele llevar es espantoso y no hay duda de que lo reconocerías apenas verlo. Y está, además, esa arma que lleva al cinto. Podría haberla colocado dentro de su funda de cuero negro, que para eso se la han dado en su destacamento, pero sabes que él prefiere que todos la vean. Incluso puedes afirmar que él cree que su arma hace juego con ese bigotillo que lleva desde hace unas semanas.
     Bueno, si tomas esa decisión, baja, pasa delante de él. Seguro no dirá nada, quizás no esta vez. Poco sabemos de su oficio, o de su naturaleza.

Moda
Habíamos perdido la costumbre de ver a una mujer con un vestido verde. No me pregunten por qué. Yo no impongo estas modas. Mis actividades son muy limitadas. Pero que de pronto se aparezca esta mujer así, cual árbol de limón, lo pone a uno poético. Solo lamento que este lirismo no dure demasiado. Tenemos obligaciones: aquí y con ella.

Plástica 
Ella tomó nota de la matrícula del auto antes de prestar auxilio a la pareja que yacía sobre el asfalto. Si bien ella decía “tomar nota”, en realidad se refería a una fotografía que alcanzó a hacer con la cámara integrada a su teléfono celular antes de que el auto desapareciera al doblar una calle. Y también tuvo que aclarar ante las autoridades el porqué de las otras fotografías de la pareja herida. Es un registro visual, precisó. Y lo tuvo que repetir puesto que no era del todo convincente la objetividad que pretendía dar a la imagen del sangrante seno derecho de la mujer, sumado a la otra en la que la postura era poco menos que inverosímil, cercana a la ridiculez que suelen adoptar los cuerpos en accidentes como estos. Todo lo dicho resultaba inadmisible para la policía. Mostraron hasta repulsión en el interrogatorio. Tanto que nadie se atrevió a preguntar por el sentido de la otra fotografía, la del hombre; bueno, la de sus testículos mutilados, que ya de por sí costaba entender tal pérdida. A lo sumo se miraban extrañados entre ellos, mientras esta mujer que se identificaba como artista plástica, insistía en referirse a la escena del accidente como una composición. 

Título: Enciclopedia plástica
Autor: Ricardo Sumalavia
Editorial: Estruendomudo
Páginas: 192
Precio: S/30.00

Vida & Obra
Ricardo Sumalavia (Lima, 1968)

Es escritor y editor. Es autor de los libros de cuentos "Habitaciones" (1993), "Retratos familiares" (2001), "Enciclopedia mínima" (2004); y de las novelas "Que la tierra te sea leve" (2008) —finalista del Premio Herralde de Novela 2006— y "Mientras huya el cuerpo" (2012). Además, ha editado los libros Historia de la literatura coreana (2000) y Comprensión de la literatura coreana (2002).


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