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Ficción: "Orígenes", por Gregorio Martínez

El arranque de la novela que el escritor Gregorio Martínez dejó inédita al morir.

Ficción: Orígenes

[Ficción: Manuel Gómez Burns]

Manuel Gómez Burns

Al final, desde el firmamento, sopesándose las gónadas, Dios miró hacia abajo y divisó Las Tinieblas, la boîte Las Tinieblas, en la décima cuadra de la avenida Brasil, y lejos, al fondo, ya en la jurisdicción de Chacra Colorada, el vecindario donde vivía Guillermo Lobatón, el filósofo y comandante guerrillero del MIR, en la avenida Perú 1075, paralela a la avenida Brasil, no muy distante de la primera sinagoga y del inicial colegio León Pinelo que establecieron en Lima los judíos inmigrantes, cuando muchos aún no se habían vuelto pretenciosos, antes de que los más creídos se fueran a vivir en los sectores exclusivos de Miraflores, Orrantia, Las Casuarinas, La Planicie, mientras que los más consecuentes, según la obra testimonial del judío polaco Herman Zwilich, insistían en que debían permanecer en Chacra Colorada, barrio que los había acogido cuando arribaron al Perú, en el tiempo que cada quien, recién llegado de Rusia, Polonia, Líbano, Turquía o Besarabia, era modesto mercachifle de maleta de puerta en puerta, y de venta a plazos en conventillos, corralones y callejones, aun el banquero Marcos Perelman que empezó vendiendo calcetines en el muelle, apenas puso el pie derecho y desembarcó en el Callao, en 1928, ese año que cerró el bar Palais Concert, en el jirón de la Unión, la síntesis final del Perú republicano conforme al ideario de Abraham Valdelomar, y abrieron sus puertas los burdeles de Huatica, en La Victoria, y José Carlos Mariátegui publicó 7 ensayos de interpretación...; y Víctor Raúl Haya de la Torre, El antiimperialismo y el APRA; Louis Baudin, El imperio socialista de los incas; mientras Alexander Fleming descubría la penicilina, el primer antibiótico que llegó directo al dispensario antivenéreo de Lima, ubicado en la calle Tigre, al lado del hospital Dos de Mayo, destinado a combatir una bacteria superinteligente que ya vivía en el planeta desde hacía 3500 millones de años. En ese tiempo muchos migrantes preferían el Perú a Estados Unidos; este era el caso de Pietro D’Onofrio, que ya estaba en Richmond, Virginia, y decidió viajar a Lima, donde el verano era eterno, con su carrito de heladero, y entonces se volvió multimillonario; lo mismo ocurrió con José Nemi, su hermano Jorge y sus padres Miguel y Guadinilla, migrantes de Líbano, que ya se encontraban en México, rumbo a los Estados Unidos, cuando decidieron dirigirse al Perú y acabaron en Coyungo, después en Bella Unión, Acarí. Hacía apenas un lustro que se había creado la Escuela de Frankfurt, financiada por el acaudalado Hermann Weil, integrada casi en su totalidad por pensadores judíos, Theodor Adorno, Max Horkheimer, Walter Benjamin, Herbert Marcuse, Erich Fromm, todos hijos de familias burguesas, listos para estudiar no teoría literaria, como creía mucha gente de letras, sino para descubrir por qué Alemania, la patria de Marx, no había producido una revolución comunista.

Entonces, Dios dijo: hágase la luz, fiat lux, carajo, pero suave Camay, sin humo ni hollín, y la luz lustrina se hizo, lentamente, igual que un lindo amanecer en el trópico, así como se encendieron los focos, poquito a poco, en el proscenio del Cine Teatro Medina, en Nasca, cuando aparecieron en el escenario, a ritmo de tambora, las Dolly Sisters en bikini, rubias ombliguistas del Caribe, hermanas gemelas, las reinas del saoco y del rico meneo. Todas las miradas estaban encima de ellas y el más ansioso en subir al ring era Nene Espejo, nadie le prestaba atención al celebérrimo bailarín profesional Willy Arenaza.

Al exclamar fiat lux, Dios, que manejaba todos los idiomas terrenales y celestiales, a través de la gramática universal de Noam Chomsky, le dijo “sorry”al poeta José Santos Chocano, pues estaba chocando con Chocano y el título de uno de sus poemarios, Fiat lux, y el Altísimo sabía muy bien que el Cantor de América era un sujeto de armas tomar: bala, a lo Al Capone en Chicago, no chaira como Tirifilo, el rey del bar chongo El Tajamar, en la orilla izquierda del río Rímac. Ya después la fotografía reemplazó la palabra de Dios, tal como lo había predicho Confucio en sus Analectas.

Orígenes (Pájaro pinto) Gregorio Martínez

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Orígenes (Pájaro pinto)
Gregorio Martínez

Editorial: Peisa
Páginas: 249
Precio: S/45,00

Que Dios hablaba así, bien condimentado con ajos y cebollas, decía Enoc, nieto de Caín, lo afirmaba en su libro hallado en Etiopía, Abisinia, en 1768, porque Dios era achorado, aseguraba Enoc que sí tenía pelos en la lengua, tanto que sin navaja ni rayo láser, Dios lo capó a Putifar, el administrador del faraón, marido de la arrecha Sulaika, cuando este, Putifar, de doble filo, ya estaba a punto de manducarse al bello José, a quien sus hermanos homófobos habían vendido como esclavo al arriero egipcio Malek Dar. Entre los Manuscritos del Mar Muerto, descubiertos en las cuevas de Qumrán en 1947, también se encontró otra versión del libro de Enoc que confirmaba la autenticidad del hallado en Etiopía y corroboraba la legitimidad judía de los falashas etíopes, los judíos negros, descendientes del rey Salomón y la reina de Saba.

En esas remotas montañas de Etiopía, acaso el país de Ofir, donde los dioses del Olimpo realizaban sus banquetes y orgías, Zeus, convertido en cisne, se la cachaba a la preciosa Leda, ahí había vivido la Australopithecus Lucy, hace 3,2 millones de años, cuyo fósil, que por fortuna permanecía en el Museo Nacional, no en el Smithsonian de los Estados Unidos o en el Museo Británico, fue hallado recién en 1974. Solo que el cronista Fernando Montesinos, judío converso, sostenía, en su obra del siglo XVII, que Ofir estaba en el Perú, en concordancia con lo que decía el libro bíblico de Job, 22:24, “tendrás más oro que tierra y, como piedras de río, oro de Ofir”. Temprano, en la época colonial, los judíos que llegaron al Perú eran de origen sefardí, conversos, y muchos se establecieron en Cajamarca, en Chota y Celendín, los Pereyra, Perera o Perea, los Díaz, los Marín, los Malca, los Menacho, los Asín, los Béjar, los Caballero. Los Marín Pereyra de Celendín, a sabiendas o no, mantenían plena la filiación sefardita.

Enoc también dejó asentado que la descendencia de su abuelo Caín, que en verdad no tuvo esposa, porque en tal caso esa dama habría sido su hermana, fue gracias a una vaca de grandes ojos tristes, la misma vaca mansa que adoraba con pasión el poeta chileno Rolando Cárdenas, el Imbunche, y que lo acompañaba en su bohemia por los bares de Santiago, tal como lo indicaba en un poema Jorge Teillier. En fin, la rubia comediante Amy Schumer, autora de An open letter to my vagina, igual aseguraba, en sus presentaciones teatrales, que su pussy, así decía ella, olía a vaca. Y ya en los bordes del masoquismo, la artista yugoslava, o más bien serbia, Marina Abramović, en sus actuaciones plásticas y dramáticas, en la bienal de Venecia o en Nueva York, se tasajeaba la carne como si ella fuera una vaca muerta. ¡Entonces, todos éramos descendientes de Caín y de la susomentada vaca lechera!

Por linaje el homínido era cainita y la mala semilla, Homo sapiens, es la que, siempre se había sabido, mató al neandertal, tal cual lo testimonia la escritura divina y también Homo Deus, de Yuval Noah Harari. Por tanto, los hindúes tenían razón, la vaca es sagrada, la madre de la nación. Además, el Homo sapiens, distinto al coyote, creía en Dios, desde el paleolítico hasta la actualidad tecnológica. Muy temprano, el homínido agregó a su bagaje cultural otro mito imperecedero: el dinero. Dios y el dinero, solo opio y fantasía, eran los dos mitos más importantes que sostenían la existencia material del Homo sapiens a través de la historia: el mágico poder, bien asumido por el cristianismo, Hechos 4:32-35, como lo señalaba Ludwig Feuerbach y lo fundamentaba Karl Marx.

Gregorio Martinez

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Archivo

Gregorio Martínez (Coyungo, 1942 - Virginia, 2017)

Antes de morir, Gregorio Martínez dejó, a modo de testamento literario, un manuscrito de 500 páginas. Se trata de la novela Pájaro pinto, que será publicada de manera póstuma en tres partes. La primera de ellas, bajo el título de Orígenes, ha sido
editada por Peisa, y su publicación nos consuela tras la partida del escritor de prosa inteligente y mordaz.

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