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"Pacto", un cuento de Katya Adaui

Un relato inédito de la escritora peruana

Pacto, un cuento de Katya Adaui

Pacto, un cuento de Katya Adaui

Le envía al hijo un correo, es un grado cuatro, yo tan lejos, huérfano fui a los cincuentaidós, tú lo serás a los treintaiuno, muchacho todavía, al menos tendrás el departamento, tranquilidad, cuando lo habites, redecores a tu modo, del ventanal penda la última maceta, algo te faltará, un recuerdo de pronto recordado, este es el precio que debo pagar por no tener padres, te prometo, dejarte otro tipo de herencia no se pudo, me lo habrías alquilado de haber vuelto, el inquilino precario se plantó, si lo veo lo mato, vivimos a la intemperie, todo es precario, en primera instancia le gané, échalo, hazlo por mí, reclama el disfrute, me sentaría en el sofá de tu madre, sigo inventándole palabras al motor, sal-ta, pa-sa, que-da, un estribillo gobierna, una canción esta lavadora y tú, ¿lo habrás heredado de mí?, 
     el hijo le escribe, perder a mamá, pensar en ti, insoportable, con la muerte alguien siempre pregunta, otro nunca responde, le oculta, anoche tuvo una pesadilla, la madre insultaba vivamente, ¿Y a quién mierda le importa si es mi dinero?, el mismo grito cordial con que columpiaba su furia, le promete enviarle enfermeras doble turno, inversión en salud por felicidad, no podrá viajar a verlo, te recordaré joven, haber creado en la mente un padre indivisible, inmortal, el terror del hijo migrante, a partir de los mil kilómetros ¿qué pasa?, negociar con la distancia, ¿cuándo, cuál será la catástrofe?, todo padre, soldado marchándose a la guerra, apto, no se dice nunca listo, siempre apto, ¿cómo se está apto para la guerra?, dejando atrás la infancia, si eres hijo único no vas, fue, punto, compartían el chocolate favorito, reaparecía en edición limitada, nadie podía asegurar, lo he vuelto a probar primero, saquear la espera, a nosotros, ¿nos sabría igual?,
     el padre, ya hemos construido una paz, qué cosa fantasmática, cada foto, asimilamos pérdidas, bosques enrejados, esta misma semana yo pensaba, ¿dónde está?, alguna vez te dije, no crezcas tan rápido, 
el hijo escribiendo, papá, hubiera preferido la verdad, los perros mudados a otras casas, los colegios nuevos, rehacer amigos, cuán densas las ficciones de los padres, duraban poco, provocaban mucho, es difícil exprimir una toalla empapada estando solo, gracias por "El regreso del Jedi", 
    salió del cine amando el cine, la mano movía una espada, la boca, el sonido de la espada, ser actor, productor, guionista, director, escenógrafo, no será nada de eso, también él trabaja en un banco, como el padre, resiste como se detesta una joroba, con madura afirmación, aunque ayer mismo haya vendido la cámara de fotos, sellada la caja, el cine le permite reconocer los diferentes puntos de vista de una misma historia, me enseñaste sin decir, te estoy enseñando, callará, después de vender la Nikon arrancó en bicicleta, una eléctrica, el taxista frenó en seco, había olvidado el casco, y ahora este agujero en la cara, el padre jactancioso de los parecidos, el hijo desea sostenerle la ilusión vacía, las enfermeras le traen muy temprano el desayuno, la cena tarde, paso a paso, una maravilla ir al baño solo, le encantaría tomar lonche con tostadas, mermelada, té, una última charla con el padre sin espantarse de los años muertos y vivos, vivos y muertos, en la presencia del otro, ya una ausencia, 
     el padre piensa, qué días de cine, alguien encendía un cigarro distrayendo, un puntero al ruido de la envoltura del chocolate, al hijo goloso, cara de fuegos artificiales, llamar al horario vermú o matiné, se guarda las ganas, ver una película juntos, una comedia, un hombre con lentes transformado en superhéroe recibió, por casualidad, debe serlo, una descarga de radiación ionizante, imposible, o detenerse en Las uvas de la ira, le habría gustado que fueran actores, mentirosos con misterios, vergüenza le haría pasar saludándolo en el set, el rodaje comenzado, ninguno molestándose entre pares, su hijo no tendrá descendencia, sospecharlo, afirmarlo, una lástima, desear tanto un nieto, un apellido no dura más que un padre, tan breve, musical, tres vocales juntas, es raro, le pedirá, sigámonos escribiendo, me gustaría recibir más mensajes, un alivio, si es infarto o accidente, decepciones humillantes, las cosas claras, no te preocupes, buscarás los papeles, tendrás casa, acepta este regalo inadecuado, hubiera querido viajar, nunca en África, ni en Australia, ni en Asia, te diría, ser más del mundo, ¿puedes imaginar lo mismo que yo?, en una carretera de Kuala Besut alguien saludándome a los gritos, Ten una buena vida, no fue así, qué importa, tiempo para despedirnos, si pudiera nombrarte, el último deseo, ir a la Antártida por el Paso Drake, ser valientes, contigo,

Katya Adaui
Es fotógrafa y escritora. Ha publicado los libros de cuentos "Un accidente llamado familia" y "Algo se nos ha escapado", así como la novela Nunca sabré lo que entiendo. Además, ha participado en diversas antologías en el Perú y el extranjero. Cursa, actualmente, una maestría en Escritura Creativa en la universidad Tres de Febrero de Buenos Aires. Dirige el blog Casa de Estrafalario.

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