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La eterna amistad de José María Arguedas y Paco Miró Quesada

Dos figuras ilustres del siglo pasado mantuvieron una intensa amistad.

Francisco Miró Quesada Cantuarias

Francisco Miró Quesada C. en su biblioteca; detrás, la fotografía de su gran amigo.

El 5 de julio de 1968, José María Arguedas le escribe a Paco Miró Quesada una carta que revela la estrecha relación entre ambos. Le dice, desde Santiago: “Acudo a ti por el afecto, por el cariño que te tengo. Haz algo por este pequeñísimo-grande asunto [...]. Un saludo muy afectuoso a Doris y un abrazo fraternal de José María”.*

La afinidad entre estos dos amantes del Perú descansaba en una auténtica y mutua admiración. Así lo expresó Paco desde que conoció a su amigo andahuaylino: “Tengo grabado el día de nuestro primer encuentro. Él había venido a estudiar a San Marcos. Yo estaba sentado en una mesa con Carlos Cueto, Luis Felipe Alarco y otros amigos más, y José María se acercó. Desde ese momento comenzó una amistad entrañable entre él y yo”.** Explicó luego los motivos de su admiración: “Conforme pasaban los años y leía lo que él [José María] escribió y lo que escribían sobre él, mi admiración fue in crescendo. Me deleitaba su original literatura, y el mensaje que había en ella me impresionaba hasta el fondo del alma… En ella José María revelaba al lector un mundo de magia y de encanto, y una concepción de la vida que era la auténtica visión del mundo andino, no como era en el Incario, sino tal como existía realmente en el Perú contemporáneo”.***

—Indigenismo no excluyente—
Paco apreció asimismo la apertura del narrador y antropólogo, su indigenismo no excluyente. Coincidía plenamente en su combate contra el absurdo prejuicio del costeño hacia lo andino, y admiraba su empeño de transformarlo en aprecio genuino, tal como lo sentía él mismo.

En una oportunidad le pidió a José María que le enseñara quechua, y así logró comprender la compleja estructura del idioma andino, “que no es de inflexión sino aglutinante”. Conmovido por la calidad humana del filósofo, José María escribió en su honor un hermoso poema en quechua para que no cesara en su afán de plasmar los ideales del Humanismo que defendía:

Warma sonqoykiwan kausaykichinki chiri Yawar runakunata. Allin yachaynikiwan sumaqta rikunki imaymana llaqtanchikta Runata. ¡Ama samaychu wawqey! ¡Ama saykuychu! ¡Auqa runakunata wischuy! Peruninchikya kuyaqkunata hatarichiy, yanapasunaykipaq. Orqun, paran, ritin mana sayariwankichu. Urpi, fieru, quri songoyki...

(“Con tu corazón de niño harás revivir a los hombres de sangre congelada. Con tu buen saber apreciarás todo lo hermoso forjado en nuestra patria ¡No te canses, hermano! ¡Pero no descanses! Ahuyenta a los malos. Levanta a los que aman a nuestro Perú, para que te ayuden. La montaña, la nieve, la lluvia no te detendrán. Tu corazón es de oro, de fierro y de paloma...”).****

Paco consideró que, en la parte final de la poesía a Túpac Amaru (1962), José María expresó magistralmente el ideal humanista al que había llegado mediante sus reflexiones filosóficas, aquel que busca el reconocimiento humano a través de un proceso de liberación social y económico, cuya meta es la realización total de las potencialidades individuales y sociales. Por eso concluyó Paco una conferencia que dictó en Argentina en 1966, citando los últimos versos de esta poesía de Arguedas: “Pachan runa kanga, runañataq pacha […] El mundo será el hombre, el hombre será el mundo…”.*****

—La muerte no es el fin—
Con la profundidad que siempre caracterizó el pensamiento de Paco, consideró que el tema de la muerte, del suicidio, y de la angustia en José María tuvo una raíz metafísica, pues se originaba en la “toma de conciencia de que el hombre es un ser arrojado al mundo”. Existen personas más propensas, agregaba Paco, a reflexionar sobre esta temática, asumiendo posturas diferentes: “... quienes se aterran ante la muerte, y quienes la enfrentan con un valor, no físico sino espiritual, pues apuestan a que ella no significa el fin…”.

No puedo dejar de mencionar en estas líneas a ese “corazón de oro” de Paco, con el que supo apreciar a otro amigo entrañable que fue mi padre, Antonio Pinilla Sánchez Concha, a quien apoyó entusiastamente cuando fundó la Universidad de Lima. Años después también lo defendió sin rodeos cuando mezquinamente intentaron negar a mi padre el rol de fundador de esta institución. Finalmente, y a pedido de mi familia, Paco pronunció un valiente y conmovedor mensaje en el funeral de mi padre.

Tienes toda la razón Paco, “la muerte no es el fin…”.

Citas
*Pinilla, Carmen María (ed.) Arguedas en familia…, Lima: PUCP, 1999, pp. 371-372.

**Miró Quesada, Francisco, “Todas las sangres y el Humanismo filosófico”. En: Pinilla Cisneros, Carmen María (ed.), Todas las sangres, cincuenta años después, Lima: Ministerio de Cultura, 2015, pp. 21-22.

***Miró Quesada, Francisco, “Arguedas”, prólogo a Pinilla Cisneros, Carmen María, Arguedas: conocimiento y vida, Lima: PUCP, 1993, p. 10.

****Miró Quesada, Francisco, “Todas las sangres y el Humanismo filosófico”, op. cit. pp. 21-22.

*****Miró Quesada, Francisco, “Cultura europea y cultura latinoamericana”. En: Miró Quesada, Francisco (ed.), Notas sobre la cultura latinoamericana y su destino, Lima: Industrial Gráfica, 1966.

****** Arguedas, José María, “Túpac Amaru kamaq taytanchisman (haylli-taki). A nuestro padre creador Túpac Amaru (himno-canción)”, Obras completas, tomo V, Lima: Horizonte, 1983, p. 233.


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