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Conservar a Vallejo

La aparición de los borradores y autógrafos del autor de "Poemas humanos" nos anima a conocer más sobre las novedosas técnicas de conservación de documentos.

Borradores y autógrafos de César Vallejo

Hoja de cuaderno con el autógrafo de “Los desgraciados”,versos de César Vallejo reunidos en Poemas humanos. [En “Manuscritos poéticos de César Vallejo”]

Manuscritos poéticos de César Vallejo

La hoja de cuaderno es de un amarillo intenso. En ella se puede ver una letra menuda, apenas perceptible y perfectamente alineada sobre cada renglón del papel. Y sobre esta caligrafía trémula se observan tachaduras, líneas que borran con cierta furia una frase, agregados minúsculos y salpicados por todo el papel, y flechas y recuadros que le dan un nuevo orden a las palabras. Más que un manuscrito parece un diagrama laberíntico poblado de mensajes cifrados. Se trata de uno de los autógrafos del poema “Los desgraciados”, y es parte de una valiosa publicación que acaba de salir a la luz bajo el título de Manuscritos poéticos de César Vallejo.

La historia de este trabajo se remonta a inicios de los setenta, cuando el investigador Enrique Ballón conoció y se ganó la confianza de Georgette Philippart, la viuda de Vallejo, conocida por su carácter arisco y por su férrea defensa de la memoria del de Santiago de Chuco. Entonces, Ballón había realizado una tesis universitaria sobre el poeta y le pidió permiso a Philippart para usar algunos poemas y escritos en prosa, algo que alegró sobremanera a la solitaria anciana, que lo felicitó por su decencia. Le dijo que otros, en cambio, habían tomado obras de Vallejo sin su consentimiento. Con el tiempo, ella le entregó al joven literato su tesoro personal: los autógrafos y tiposcritos originales de Poemas en prosa, Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz.

Esto le ha permitido a Ballón publicar, casi medio siglo después, una completísima edición diplomática de los versos vallejianos. Es decir, analizar con fidelidad de entomólogo estos manuscritos para dilucidar la manera en que Vallejo construyó su poesía, en meses y años de trabajo que rompe cualquier secuencia cronológica de los mismos. Pero más allá de la investigación literaria, este estudio es también un notable esfuerzo de conservación de un material a todas luces perecible: esas hojas de papel con borrones, tachados y enmendaduras, que con el tiempo quizá hubieran desaparecido. Ahora, felizmente, las podemos ver escaneadas en una edición reproducida también en formato digital1.

Como explica César Ballón, en esta obra de más de 600 páginas, “la edición diplomática es también comprendida como la ‘arqueología del documento’ [que] atiende a los manuscritos en su aspecto estrictamente físico (confección, estructura, encuadernación) y también se ocupa de la edición tanto de los manuscritos antiguos como de los códices, es decir, de las colecciones de folios debidamente cosidos y encuadernados”.

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“El objetivo de la conservación es alargar la vida de los materiales bibliográficos para que puedan ser accesibles a las futuras generaciones”, explica Emma Cortés, química especialista en esta materia que trabaja en la Biblioteca Nacional del Perú. “Lo básico —asegura— es controlar la temperatura, la humedad y la limpieza de los repositorios, pues lo que más daña un material es la manipulación incorrecta del mismo, y las condiciones en que se encuentra archivado”.

Para evitar que las colecciones sean afectadas por el polvo, los hongos o los insectos, las normas internacionales establecen el uso de estanterías metálicas y el mantenimiento de condiciones ambientales estables. “El papel es hidroscópico, absorbe y elimina humedad”, agrega Cortés. Por eso se recomienda una humedad relativa menor al 50% y una temperatura promedio de 20 ºC. “En la BNP tenemos libros del siglo XV hacia adelante, pero curiosamente los que más problemas presentan son los que han sido producidos desde el siglo XVIII”, señala la especialista. La causa es el tipo de papel empleado. Mientras los libros antiguos eran confeccionados con papel de algodón, que resiste mucho mejor el paso del tiempo, los modernos fueron hechos con papel de pulpa de madera, un material mucho más frágil y perecible.

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Las técnicas digitales de escaneado y fotografiado han venido a salvar muchos documentos antiguos, pero no los vuelve, como podría creerse, eternos. En la BNP se trabaja, por ejemplo, con másteres digitales. Es decir, se capturan imágenes de alta resolución de fotografías y manuscritos, y se crean patrones digitales, de los cuales se obtienen copias en distintos formatos para ser puestos en línea o para ser proporcionados al público interesado2.

El gran riesgo de estos archivos digitales es paradójicamente el avance tecnológico. Nada garantiza que un manuscrito escaneado con un software actual pueda ser leído en el futuro con equipos más modernos. Por eso instituciones como la NASA y repositorios digitales en países tan desarrollados como Japón utilizan un modelo llamado OAIS (Reference Model for an Open Archival Information System), que se basa en sofisticados sistemas de vigilancia digital que actualizan constantemente los documentos, los formatos y software en los que están almacenados.

Pero la digitalización de un incunable o de un manuscrito de Vallejo —como el presentado por el profesor Ballón— no condena el documento físico al olvido. Su conservación es prioritaria, pues, ante cualquier hecatombe tecnológica, siempre podremos volver al original. Más allá de cualquier fetichismo por el objeto, el libro es, como decía Umberto Eco, el mejor medio para preservar una idea.

1. https://bit.ly/2macgQ6
2. https://bit.ly/2zyDDwH

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