WUFEste resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

En una época en la que mentiras desmontadas hace mucho tiempo resurgen impulsadas por pseudocientíficos y charlatanes en redes sociales, la ciencia se ve obligada a repetir explicaciones de los principios que la sustentan. Una de ellas pone en duda que la Tierra gire y propone, incluso, que sea plana. Y aunque ya desde antiguo diferentes científicos habían demostrado que rotaba sobre su propio eje, de forma empírica no fue hasta mediados del siglo XIX, que el astrónomo y físico francés León Foucault lo comprobó con el péndulo que lleva su nombre.
En una época en la que mentiras desmontadas hace mucho tiempo resurgen impulsadas por pseudocientíficos y charlatanes en redes sociales, la ciencia se ve obligada a repetir explicaciones de los principios que la sustentan. Una de ellas pone en duda que la Tierra gire y propone, incluso, que sea plana. Y aunque ya desde antiguo diferentes científicos habían demostrado que rotaba sobre su propio eje, de forma empírica no fue hasta mediados del siglo XIX, que el astrónomo y físico francés León Foucault lo comprobó con el péndulo que lleva su nombre.
MIRA: El manuscrito de una amistad
En efecto, si bien empezó sus pruebas semanas antes (primero en el sótano de su casa y luego en el Observatorio de París), los registros dan cuenta del día 26 de marzo de 1851, hace 175 años, cuando en el Panteón de París hizo una espectacular demostración de la rotación terrestre mediante un gigantesco péndulo formado por una bala de cañón de 26 kg, colgada de un cable de 67 metros. El científico demostró así, experimentalmente, que la Tierra gira sobre sí misma, además de moverse alrededor del Sol. Su invento sería conocido mundialmente como “El Péndulo de Foucault”.
Pero quizás los lectores recuerden este nombre más bien ligado a la segunda novela del semiólogo, ensayista y escritor italiano Umberto Eco, publicada en 1988. Como hizo en “El nombre de la rosa”, Eco construye una intriga fascinante en la que puso en juego toda su erudición, pero también su dominio del mundo del ocultismo, las sociedades secretas y las conjuras cósmicas.
Sin embargo, esta crónica no va de terraplanistas, ni de la efeméride del físico francés ni de la novela menos exitosa del desaparecido autor italiano. Esta historia la publicó el sabio peruano Federico Villarreal en 1890, en la revista “El Perú ilustrado”, con un título especialmente parco: “Rotación de la Tierra”. En este texto, el matemático nacido en Túcume invitaba a los lectores que deseen ver cómo funciona el movimiento de rotación de nuestro planeta, dirigirse al convento de Santo Domingo. En el templo limeño, el padre Vicente Nardini repetía ante sus parroquianos la experiencia de Foucault que hacía cuarenta años llamaba la atención del mundo científico.

En su texto, el científico peruano admira aquellos sencillos aparatos utilizados por el sacerdote dominico. Conocedor de la teoría, Villarreal sabe que las pruebas matemáticas, geográficas y astronómicas para demostrar esta rotación, son muchas: la sucesión del día y la noche, el levantamiento del ecuador terrestre, la dirección de los vientos alisios, la disminución del peso de los cuerpos desde los polos al ecuador, la rotación del plano de oscilación del péndulo, entre otras. Sin embargo, ver este movimiento demostrado a través de un experimento tan revelador como sencillo le resultaba fascinante.
Entender la mecánica celeste
A principios del siglo XIX, Pierre-Simon Laplace (1749–1827) brillante matemático, astrónomo y físico francés, siguiendo la mecánica de Newton planteaba que el universo funcionaba como una maquinaria de precisión. En su libro “Tratado de Mecánica Celeste”, demostró la existencia de un plano invariable para un sistema de cuerpos en movimiento, que llamó “plano de las áreas máximas”. Y fue en este fenómeno mecánico que se basaba el experimento de Foucault para probar la rotación de la Tierra.
“Desde entonces, no hay capital europea donde no se haya hecho el experimento, y hoy se puede presenciar en Lima en el convento de Santo Domingo”, escribe Villarreal con entusiasmo. El científico describe cómo el padre Nardini, careciendo de elementos de precisión, había conseguido objetos comunes pero suficientes para replicar el fenómeno: “Todos los aparatos se reducen a dos, uno para hacer ver que el plano de oscilación es invariable, y otro para hacer notar la rotación de la Tierra”, explica. El primero se trataba de un péndulo formado de una perilla de metal, colgado de una pitilla de medio metro de largo fija a un sencillo trípode.
El segundo péndulo era una esfera de fierro llena de plomo, de unos 10 cm de radio y alrededor de 25 kilos, colgado de un alambre de 11 metros de largo. Un anillo de un metro de diámetro, colocado a unos 40 cm del suelo, llevaba trazados los 360 grados de la circunferencia. Dos tablillas en un bastidor servían para hacer notar la desviación del alambre que sostenía la bala. “Colocado el bastidor en la división de 360° a 180°, el padre Nardini amarra la bala con hilo de coser a uno de los pies del círculo. Arregla las dos tablitas que servían de testigos y cuando todo está en reposo, enciende un fósforo, quema el hilo y la bala arrastrada por la gravedad, principia su lenta oscilación, casi tocando las rayas de los testigos”, describe Villarreal.
“No bien pasa un cuarto de hora cuando se nota que el alambre no llegará a los mismos puntos que al principio, sino que se va desalojando hacia el oeste, el extremo norte de la oscilación y el este al extremo sur, lo que indica que los observadores están yendo al este”, afirma el científico, quien reloj en mano medía el tiempo de la experiencia conducida por Nardini. Según sus observaciones, el plano giraba tres grados por hora. Luego que el sacerdote compartiera con el científico sus observaciones, Villarreal confesaría en su texto que aquella tarde había asistido a dos descubrimientos: el primero, el del péndulo. El segundo, “la diferencia que existe entre un sabio modesto que aprovecha los desperdicios de tablas, papeles y alambres para repetir una experiencia notable, con aquellos que hacen ruido para explotar sus miserables conocimientos”, escribe. De seguro, si hoy viviera, afirmaría lo mismo.
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.








