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“Todo lo humano es nuestro”, escribió José Carlos Mariátegui en el primer editorial de “Amauta”. Esa frase resume no solo el espíritu de la naciente revista, sino de toda una época. A mitad de la década de 1920 se sucedían en el Perú y el mundo profundos cambios políticos, sociales y culturales. Eran los tiempos de Leguía, del ascenso de las clases medias y populares, y Lima experimentaba una acelerada transformación urbana.
“Todo lo humano es nuestro”, escribió José Carlos Mariátegui en el primer editorial de “Amauta”. Esa frase resume no solo el espíritu de la naciente revista, sino de toda una época. A mitad de la década de 1920 se sucedían en el Perú y el mundo profundos cambios políticos, sociales y culturales. Eran los tiempos de Leguía, del ascenso de las clases medias y populares, y Lima experimentaba una acelerada transformación urbana.
En el sur, el movimiento indigenista se integraba con las vanguardias del continente. Mientras tanto, en Europa, se vivían los años de la posguerra, los ecos de la Revolución rusa, el auge del fascismo y los partidos de izquierda, así como diversos movimientos disruptivos en el arte y la literatura. Esa fue la escena contemporánea que rodeó la aparición de “Amauta”, en setiembre de 1926, con la ya célebre carátula del pintor José Sabogal.

La revista se convirtió en una especie de faro que iluminó, a lo largo de sus 32 números, el embravecido mar de aquellos tiempos. Ahora, con ocasión de su centenario, se anuncia para octubre la realización de un coloquio internacional que busca promover nuevos debates en torno a esta emblemática publicación. Como dice el historiador Ricardo Portocarrero, coordinador general del evento: “El objetivo principal es que, con el aporte del archivo José Carlos Mariátegui ya digitalizado, puedan presentarse trabajos que, utilizando estos recursos, puedan aportar nuevos temas de investigación”.
—Desde su perspectiva, ¿cuál es el significado de “Amauta” en la cultura peruana? ¿Por qué después de 100 años debemos investigar sobre ella?
Yo creo que “Amauta” y su actualidad se ven en varios aspectos. Un primer aspecto, muestra que un país, del ahora llamado sur global, puede producir un desarrollo cultural muy importante, como sucedió a principios del siglo XX. Resulta llamativo que en ese momento de nuestra historia, cuando el desarrollo cultural fue en paralelo a un crecimiento económico y a transformaciones sociales, surgiera una revista capaz de expresar, no solo la situación del país, sino justamente debatirla. La particularidad de “Amauta” es que, además, se dio en un momento en el que todavía teníamos el peso de la derrota ante Chile, cuando se mantenía vigente la pregunta: ¿qué era el Perú? ¿Cuál era su relación con el mundo? “Amauta” todavía sigue siendo vista como una revista peruana, nacionalista, indigenista, pero realmente era una combinación de la tradición nacional con los aportes más importantes del desarrollo universal. Relacionó lo nacional y lo cosmopolita.
“‘Amauta’ combinó la tradición nacional con los aportes más importantes del desarrollo universal. Relacionó lo nacional y lo cosmopolita”.
Ricardo Portocarrero | Historiador
—En el caso de “Amauta”, hay también un telón de fondo que tiene que ver con el surgimiento de las vanguardias artísticas…
Yo creo que cuando se dice que “Amauta” fue un proyecto personal de Mariátegui es una media verdad. En base a su experiencia juvenil en diversos periódicos, Mariátegui comprendió que su independencia política e intelectual eran tremendamente importantes. En Europa, visitó las redacciones de Clarté, en París, de L’Ordine Nuovo, en Turín, y también visitó la prensa alemana. Comprendía perfectamente que depender de un financista o de un director le impedía desarrollar su proyecto periodístico y luego político. Pero también es el proyecto de una generación no solamente en Lima, sino también en el sur, Cusco, Puno, Arequipa, y en La Paz, Bolivia, hubo también esa inquietud, y se produjo también este encuentro entre lo indígena y el aporte estético-político de las vanguardias. Por eso a Mariátegui le fue, relativamente ‘fácil’ poder tender estas redes que se articularon en torno a “Amauta”, porque había otras personas, otros grupos, escritores, artistas que estaban en la misma sintonía, aunque no necesariamente coincidieran. Y eso es lo interesante. Hay que resaltar que “Amauta” fue una generadora de debates.
—Se ha destacado actualmente la presencia de colaboradoras mujeres en “Amauta”, ¿cómo ve ese aspecto de la revista?
A él no le importaba tanto el género, sino que todas las personas pudieran contribuir al debate. Esto se expresó no solamente en el arte, el cine o la literatura, sino también en temas como el indigenismo o las regiones. Por eso la participación de Dora Mayer o Miguelina Acosta, por ejemplo, muy capacitadas para realizar esos análisis y críticas. Lo segundo es que hay que entender el contexto histórico, desde fines del siglo XIX, las mujeres lucharon por irrumpir en el espacio público, primero a nivel intelectual, periodístico y después político. Mariátegui convocó a lo más relevante de la intelectualidad crítica del país, y en ella había numerosas mujeres.

—En cuanto a las colaboraciones extranjeras, como Borges, por ejemplo, esto hizo que la revista adquiriera un carácter cosmopolita y global.
Sí, yo creo que a las personas que revisan hoy la revista, y puede resultarles natural encontrar los nombres de Jorge Luis Borges o de Gabriela Mistral. Pero, en los años 20, ellos eran jóvenes y sus nombres no eran tan reconocidos. En ese entonces estaban emergiendo como un joven Martín Adán. La gran cantidad de colaboradores de provincia eran maestros, artesanos, dirigentes sindicales. Publicaban en secciones como Panorama Móvil o las dedicadas a temas económicos o a los problemas indígenas.
—De entre ellos, ¿a quiénes destaca?
Pienso en los mineros de la sierra central, donde Mariátegui empezó a apoyar la organización sindical. Hay fotos célebres de estos obreros con Mariátegui, en el Parque de la Reserva. Están Mateo Cueva, Gamaniel Blanco, quien no escribió, pero fue uno de los agentes de “Amauta”. Entonces, tienes a Borges, a Mistral, a Unamuno, a Barbusse, pero también tienes a obreros y a maestros rurales escribiendo en la revista. Es impresionante cómo, en esta diversidad, cada número mantiene una unicidad.

—Sobre el coloquio de octubre sobresale la gran variedad de debates…
El coloquio surge de un ciclo de actividades promovidas por el Museo y el Archivo José Carlos Mariátegui que hemos denominado “Los centenarios de Mariátegui”. Es decir, los principales hitos de sus últimos años, desde su regreso de Europa (1923) hasta su muerte (1930). Ahora nos hemos integrado con el IEP (Instituto de Estudios Peruanos) y convocamos a otras instituciones de Lima y provincia. El objetivo principal es que, con el aporte del Archivo José Carlos Mariátegui ya digitalizado, puedan presentarse no solo trabajos de personas ya consagradas, sino también de jóvenes que utilizando estos recursos puedan aportar nuevos temas de investigación.
El primer número de la revista “Amauta” aparece en 1926 en su edición de setiembre. 32 fueron los números se publicaron hasta 1930. Mariátegui la dirigió hasta el número 29, poco antes de su fallecimiento. Luego de la publicación del número 9, la revista fue clausurada por el gobierno de Leguía, en junio de 1927. Volvió a salir seis meses después, en diciembre del mismo año.
Los números especiales de la revista:
7/1928 | En el número 16 aparece un homenaje a Manuel González Prada, por el décimo aniversario de su muerte.
3/1929 | En el número 21, un homenaje a José María Eguren.
5/1930 | En el número 30, un homenaje póstumo a Mariátegui.

El coloquio por el centenario de “Amauta” se realizará del 22 al 24 de octubre. La actividad es organizada por el Instituto de Estudios Peruanos, la Facultad de Ciencias Sociales y la Facultad de Letras de San Marcos, la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUCP, la Universidad Ricardo Palma, la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, el Museo y el Archivo José Carlos Mariátegui.
La inauguración será en Casa Mariátegui (Jr. Washington 1946 ). Participarán alrededor de 130 investigadores, entre peruanos y extranjeros.
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