Por Enrique Planas

Era el hombre más hermoso del mundo. Y también mal actor, pero no importaba. Conoció como muy pocos artistas el halago del fervor público y los ganó a todos en la captación del alma femenina. A todos impuso sus maneras de actor aristocrático y señaló para la estética del arte mudo una maquillada y arrogante teoría de interpretación. Mimado por cientos de miles de adorables flappers, halagado por los empresarios de la época, ebrio de triunfos y de millones, Rodolfo Valentino murió un día como hoy, hace exactamente un siglo.