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Leonardo Da Vinci: El código del genio

Es imposible desligar en Leonardo da Vinci la ciencia y el arte. Ambas disciplinas parecen fundirse en la obra de uno de los creadores más importantes de todos los tiempos.

Los inventos bélicos más aterradores de Leonardo Da Vinci

El genio florentino cumple 500 años de fallecido y sigue sorprendiendo al mundo con el legado que ha dejado. 

Bill Gates es famoso desde 1975 por crear Microsoft, el software que utiliza una de cada siete personas en el mundo; sin embargo, en la ciudad de Florencia en Italia, es célebre también desde el año pasado por un préstamo que hizo a la Gallerie degli Uffizi: el Códice Leicester.

Se conoce como Códice Leicester a un cuaderno escrito por Leonardo da Vinci. En este cuaderno, tal como tantos otros que atiborró con dibujos y palabras a lo largo de su vida, las frases no están consignadas de izquierda a derecha sino al revés; además, hay diseños astronómicos, físicos y acuíferos. No son más que 72 páginas, pero cada una es huella de una existencia que durante décadas transitó entre la investigación y la reflexión. Tenía poco menos de sesenta años Da Vinci cuando llenó este cuaderno en especial. Especial tanto por la acumulación de sabiduría, como por el hecho de que Bill Gates pagara por él 17 millones de libras esterlinas en una subasta de la casa Christie’s. El creador de Microsoft luego lo prestó para la exposición en Florencia, que de 2018 a 2019, conmemora los cinco siglos de la muerte del genio.

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Nacido en 1452, en Vinci, una villa ubicada a 30 kilómetros de Florencia, Leonardo fue testigo a los 14 años de la inundación de la ciudad. En ese momento, Florencia era ya imponente por su trazado urbano, por sus torres, cúpulas y murallas. Ninguna otra ciudad había conseguido limitar el analfabetismo entre su población. Sin embargo, en 1466, el río Arno, que la atraviesa y embellece, se desbordó.

Ni el desarrollo técnico ni los conocimientos atesorados evitaron la tragedia. La potencia de la naturaleza asombraría a un Da Vinci, todavía adolescente, en quien maduraban las inquietudes que tiempo después volcaría en su obra y desarrollaría con estilo laberíntico en sus cuadernos.

De estos escritos habla el biógrafo Charles Nicholl en su libro Leonardo. El vuelo de la mente cuando dice: “Nos conducen directamente al corazón de la vida de Leonardo, como si fuera una especie de memoria donde se abarrotan los testimonios fragmentarios de los trabajos de sus días”. El Códice Leicester, que antes de Bill Gates perteneció a otro multimillonario, y previamente al conde de Leicester —a quien debe su nombre—, está dedicado sobre todo al agua.

Charles Nicolls

Libro de Charles Nicholl

El protagonismo del agua en el Códice Leicester también prevalece en otros cuadernos de Da Vinci. Por ejemplo, él hurga en su idioma hasta identificar casi setenta palabras para referir el movimiento de los líquidos; una avidez por nombrar que es el horizonte lingüístico para sus intentos de dominar este elemento esencial. Él examina el discurrir de los ríos y los mares desde una aproximación teórica que tiende a la hidrografía, él plantea reformas en la construcción de canales y puentes con un sentido práctico de salubridad e hidráulica, él proyecta en notas y bocetos algunas máquinas que se accionan con fluidos. Un impulso renacentista en que confluyen el artista y el científico bajo los preceptos de la mecánica.

Códice Leicester

Una página del Códice Leicester en una exhibición en Florencia, en 2016.

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El confluir del artista y el científico en Da Vinci es de una complementaria armonía, por lo cual resaltaba su papel de intérprete entre la naturaleza y las personas; esto sucede con alguien que es capaz de encontrar estímulos creativos en experiencias disyuntivas como un caos fluvial o su condición de zurdo. No solo escribía desde la derecha en sus cuadernos por una previsión estética: evitar el corrimiento de la tinta por el desplazamiento de su mano izquierda, lo hacía en espejo para disimular lo que consignaba en palabras. Las palabras buscaban ocultar; sus dibujos están enfocados en develar.

El físico teórico Fritjof Capra, luego de analizar 6.000 páginas de los cuadernos, establece en su libro La ciencia de Leonardo que el artista “desarrolló por sí solo un nuevo enfoque empírico de la ciencia, que implicaba la observación sistemática de la naturaleza, el razonamiento lógico y ciertas formulaciones matemáticas: precisamente las características principales de lo que hoy se conoce como método científico”. Con esto, Da Vinci se convierte en el hombre que medio milenio atrás expandió las posibilidades del saber.

Da Vinci experience

Los secretos de la “Mona Lisa” en la exposición Da Vinci Experience, en el Ministerio de Cultura. De martes a domingo, de 10:00 a 17:30.

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Para pintar el cuerpo humano, Da Vinci desafió los castigos de su tiempo y diseccionó cadáveres con la meticulosidad de un cirujano para entender cómo eran los músculos, los órganos, todo aquello que anidaría en sus lienzos sobre personas; no obstante, estos hallazgos destacan en sus cuadernos por la consciencia de anatomista con que entreteje la fisiología y las proporciones.

Da Vinci, seducido por las aves, dibuja y escribe sobre aparatos para volar; se intuyen un helicóptero, un avión… Da Vinci, intrigado por el fondo marino, dibuja y escribe sobre aparatos para inmersión; se intuyen unas aletas, un equipo de buceo. Fue un alquimista que preparó fuegos artificiales para la fiesta popular y pudo ser tomado por un nigromante o mago a raíz de los autómatas que construía para los espectáculos palaciegos.

En el sabio nacido en la villa de Vinci habitan un matemático y un naturalista, un optometrista y un arquitecto, que van de los estudios de la visión a los de la perspectiva. Algo tiene de impresor y de señor de la guerra. ¿Será que los orígenes de la bicicleta y del automóvil no se pueden narrar sin evocar su nombre?

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Así como el Códice Leicester es el manuscrito más costoso de la historia, ninguna pintura ha sido subastada a un precio mayor que los 450 millones de dólares que pujó el Museo del Louvre, en Abu Dabi, por el “Salvator Mundi”, de Da Vinci, un cuadro que a la fecha está extraviado. El genio y su legado, en las cúspides de lo inalcanzable, tocan lo escurridizo y lo esquivo.

En el tomo XXIV de la Enciclopedia Espasa figura la entrada dedicada a Florencia, aquella ciudad de la región toscana que consolida su leyenda con los personajes que han vivido ahí: “Dante, Miguel Ángel, Galileo y Leonardo da Vinci, cada uno de ellos capaz por sí solo de dar lustre a una nación”.

El caso de Da Vinci, esquivo e inalcanzable, desborda su patria por la amplitud de sus intereses y las repercusiones globales de cuanto realizó. Nacido en Italia y muerto en Francia en 1519, cruzó una frontera como anticipo de todas las fronteras que sigue atravesando la ambición multidisciplinaria de su obra al servicio de la humanidad.

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