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"Breve manual para ver el Mundial", por Jaime Bedoya

"Disculpen la pequeñez", la columna semanal de Jaime Bedoya.

"Breve manual para ver el Mundial", por Jaime Bedoya

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El que no suma resta
Lo sabemos. Amantes del fracaso y la grisura habitan entre nosotros. Se trata de aquellos tristemente imposibilitados para el gozo, que tiran abajo cualquier posibilidad de entusiasmo colectivo. Socavan el menor asomo de ilusión benefactora porque de alguna manera —privada y penosa— la alegría ajena les hace daño. Entre sus argumentos favoritos está eso de que el fútbol no es el único deporte, la gente igual se muere de hambre, y el infalible “yo sabía que no iban a ganar”. No entienden que esto es un juego, y los juegos, juegos son.

No les discuta. No les responda. Pero tampoco vea los partidos con ellos.

Si bebe, no vea
El fútbol es un ritual. Supone una ceremonia sacralizada que comprende reglas, gestos y temporalidades. Dentro de este marco es que se desarrolla el magnífico espectáculo del virtuosismo psicomotor en su afán de gobernar un esférico. La intoxicación desmedida y sin retorno atenta contra esta ceremonia. Denota una flaqueza espiritual que prefiere refugiarse en la inconciencia antes que enfrentar con lucidez la batalla emocional por delante. Solo un cretino iría ir al cine, al teatro o a misa en aparente estado etílico. Lo mismo se aplica para el más hermoso de los deportes. Con la salvedad de que un aperitivo sensato, chispa de bujía que enciende el ánimo, no contraviene en absoluto la adecuada disposición frente a un encuentro: una sutil desconexión con la realidad por un lapso de 90 minutos, más descuentos.

Descubra su productividad reprimida
Es cuestionable aquello de que durante un Mundial se trabaja menos. Osaría plantear lo contrario: se trabaja más y mejor. La necesidad no negociable de estar frente a una pantalla a las horas determinadas por el azar del fixture obliga una organización estructurada. La administración del tiempo mejora durante un Mundial. El trabajo que era para mañana se hace hoy. El campeonato nos convierte oportunista y pasajeramente en japoneses. Responsable en parte de esto es, por supuesto, la magia del fútbol. El resto de la explicación reside en el hecho factual de que la ociosidad es una hermosa tendencia humana que no ha de ser menospreciada a la ligera, pero que durante un Mundial pierde peso. Es solo cada cuatro años, después ya vemos.

Grite: esto no pasa todos los días
Piense en los sufrimientos, ajustes de ropa interior y cálculos algebraicos que cuatro generaciones han padecido, y conceda ante el sacrificio ajeno. Que este no haya sido en vano. Es el momento de perder el pudor, de soltarse la trenza y dejarla mecerse cautelosa ante la brisa patriotera. Gozar de la libertad de poder gritar sin vergüenza, sin pesar, sin arrepentimientos ¡Arriba, Perú! Es solo un adverbio de lugar. Es solo el país en que nació. Si los dice juntos, no duele.

Construya recuerdos
Lo que suceda en estos días, para bien o para mal, durará generaciones. Compártalo y atesórelo. El generoso entusiasmo propio de la reminiscencia irá transformando estas memorias, aumentándole intensidades provechosas para el relato posterior, así como eliminando de su historia los episodios tediosos y malos ratos. Todo por el afán de compartir la misma historia un millón de veces.

La última vez que sucedió algo así su tiempo de vida se vio forzado a extenderse por más de tres décadas, y no fue fácil.

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