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"El gobierno de los peores", por Brenda Galagarza

Brenda Galagarza, filósofa y docente universitaria, opina sobre los audios que revelan actos de corrupción por parte de los miembros del CNM.

César Hinostroza

El presidente de la Segunda Sala Transitoria de la Corte Suprema, César Hinostroza, fue uno de los involucrados en los audios que denuncian actos de corrupción y trafico de influencias.

Difusión

No estamos frente a la peor crisis del sistema de administración de justicia. El fondo del pozo aún nos puede regalar más podredumbre. Los CNM-audios no han revelado algo que no sospecháramos, y esto es lo peor. Presuponemos, con un alto nivel de acierto, que casi todos los funcionarios son corruptos, y que pudiendo actuar bien, optan por hacerlo mal. La ética pública, esa que coloca el deber por encima del poder, es para nuestro país un lugar no habido, utopía en estado puro.

La ética pública, la que no tenemos, crece, se desarrolla, fortifica y reproduce en un ambiente distinto al nuestro. El neoliberalismo ha transformado a todos en pequeños empresarios, emprendedores que se edifican sobre la dictadura de la emoción: el intercambio de bienes en búsqueda de beneficios inmediatos, de emociones instantáneas, de control, poder y placer. Y esta inmediatez emocional se ha inmiscuido e impregnado en los asuntos públicos.

La precariedad de la gestión estatal, clave a su vez en la precarización formativa de los peruanos en general, ha hecho de nosotros y de nuestros funcionarios animales más emocionales que racionales, seres incapaces de considerar el bien común como algo intrínseco a su labor. Este cinismo se ampara en la normalización del uso, pues, si todos son corruptos y todos sacan beneficios para sí mismos, mal haría yo en no hacerlo también.

La norma de la emoción y del beneficio inmediato anida en todos y se hace efectiva en la mayoría, se traduce en lógica que hace de una niña violada una oportunidad para evidenciar que apelar a la ley ya no tiene valor. Quizá estos audios nos lleven a ver que la forma de hacer política ha matado la ley, ha naturalizado la tendencia al bien propio y al mal colectivo.

Que la ética sea indesligable de la política parece algo de buenos hombres, pero hoy, nos gobiernan los peores.

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