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"La infancia de un genio", por José Carlos Yrigoyen

En su columna, "Columna vertebral", José Carlos Yrigoyen opina sobre "Los primeros cuentos" de Truman Capote.

Truman Capote

Los relatos reunidos en este volumen corresponden a la primera juventud de Capote.

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Recuerdo que el primer cuento que leí de Truman Capote fue “La guitarra de diamante”, uno de los compilados en su excelente Desayuno en Tiffany’s. La historia era tan sencilla como conmovedora: un hombre viejo y retraído, encarcelado en una prisión del sur de Estados Unidos, conoce a un muchacho recién llegado con el que traba una íntima amistad. El muchacho, que añora su libertad, urde un plan para escapar y muere en el intento; el viejo hereda su guitarra empedrada de diamantes falsos, que guarda celosamente y no le permite tocar nunca más a nadie.

No tenía más de 15 o 16 cuando me topé con esta narración y resultó una puerta ideal para ingresar al mundo de Capote; sus grandes temas —la soledad, la marginalidad, el escape hacia la búsqueda de nuestros deseos, la decadencia y la muerte— estaban contenidos en esas breves páginas. Posteriormente accedí a otras de sus obras maestras —A sangre fría, Música para camaleones, Plegarias atendidas— que no hicieron sino corroborar mi admiración por quien Norman Mailer alguna vez llamó “el escritor más perfecto de todos nosotros”.
A la misma edad en que comencé a leer a Capote, él ya había descubierto su vocación y tenía un buen número de ficciones breves en su haber. Nunca se animó a publicar esos textos, y solo 80 años después esos amarillentos manuscritos han sido reencontrados y publicados en un delicado volumen, Los primeros cuentos. Fueron elaborados para combatir la desolación que padecía en la granja donde vivía con unos tíos, y al revisarlos uno no puede sino sorprenderse por la precisión de su prosa, el conocimiento de la complejidad humana y la profunda compasión que evidencia por los seres ignorados y periféricos que animan sus composiciones. Cierto, no hallamos en ellas todavía los alardes técnicos y el virtuosismo que encontramos en sus primeros libros —como Un árbol de noche—, pero sí unas viñetas construidas con destreza que esbozan las cuitas y destinos de los habitantes de esa Luisiana en la que Capote nació y convirtió desde el primer momento en su feudo literario.

Truman Capote

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CUENTOS

Los primeros cuentos
Editorial: Lumen, 2017
Páginas: 133
Precio: S/59,00

Lo que más llama la atención de estos remotos escarceos es cómo ya en ellos hallamos las inquietudes que desarrollará con brillantez en su obra adulta. Solo por dar un ejemplo entre muchos, dos de los cuentos aquí presentados —“El pantano del terror” y “La polilla en la llama”— tienen como punto de partida a presos fugados que fracasan en su huida, asunto que asumirá años después en el citado “La guitarra de diamante”. Buena parte de estos relatos exploran la angustia, la culpa y la derrota que tanto le interesaron a nuestro autor, solamente que trasladados casi íntegramente al mundo de la infancia, y prácticamente sin excepción a partir de personajes femeninos. Es en estas piezas donde aparece lo mejor del primer Capote. “Si te olvido” esboza la pasión de la pequeña Grace por un muchacho que se mudará del pueblo al día siguiente; su silenciosa peregrinación a través de la nieve hasta la casa del chico, rememorando todos los obstáculos y atrevimientos que ha debido experimentar para poder recitar para sí misma y con orgullo que “mi amor es una luz brillante y fuerte/ que borra la oscuridad de la noche”, gana en cada párrafo la intensidad que cobra el candor cuando es puesto a prueba. “Hilda” retrata la frustración de una párvula que debe luchar entre su anhelo de perfección y su cleptomanía irrefrenable, que la conducen al descrédito y a una fuga a ninguna parte. Pero quizá el más entrañable de estos cuentos sea “Donde comienza el mundo”, el único de todos donde el encantador humor de Capote se manifiesta libérrimo en las ensoñaciones de una poco aprovechada alumna que se convierte en estrella de Hollywood, periodista famosa y socialite mientras transcurre una aburrida clase de matemáticas.

Cuando el joven Capote abandona los territorios que conoce mejor, como ocurre en “Rumbo al oeste” o “Almas gemelas”, los resultados son menos satisfactorios. No pasan de ser ejercicios donde las situaciones se vuelven predecibles y esquemáticas. En todo caso, este libro es una oportunidad para conocer la génesis de un escritor que va conociendo las trampas y hallazgos del oficio con los triunfos y caídas correspondientes, pues como el mismo anotó “cada hombre debe alcanzar el cielo a su manera”.​

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