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Me convencieron:la ideología de género existe, por Jaime Bedoya

La ideología de género, la familia Monster y Los locos Addams en la columna semanal de Jaime Bedoya, "Disculpen la pequeñez".

Me convencieron:la ideología de género existe, por Jaime Bedoya

Me convencieron:la ideología de género existe, por Jaime Bedoya

He estado viviendo a ciegas. Ociosamente instalado en las tinieblas, regodeado en los arrogantes laberintos de la razón. Ahora he comprendido que resulta no solo imposible, sino inútil, abrazar racionalmente los postulados de Con mis Hijos no te Metas. En esta cruzada, fe y fantasía van de la mano, y el adversario existe en la medida en que creamos en él. Ya no pienso. Ahora creo.

Seguir la ruta de esta travesía alucinada, hay que agradecerlo, fue posible gracias a una guía solvente que marcó el norte entre el alboroto sistemático de conceptos, y los arrebatos de ira que marcan el sentir común de este grupo. La conductora fue la abogada Beatriz Mejía, quien en un esclarecedor video [1] que debería dar por cerrado este debate sin futuro entre ciencia y creencia, ha desentrañado el misterio detrás de la idea, o sucedáneo, que mueve a Con mis Hijos no te Metas. Véanlo:

Siguiendo el hilo conceptual de la doctora Mejía, el torvo génesis conceptual de la ideología de género se origina en el número 1313 de Mockingbird Lane, en Mockingbird Heights, donde habitaba la familia Monster (The Munsters), disfuncional comunidad de monstruos con una sobrina normal: la rubia y bella Marilyn Monster.

Herman Monster, patriarca de esta serie de televisión de los sesenta, lideraba un clan donde la normalidad representada por la sobrina era considerada deforme y excepcional. Es exactamente la misma conceptualización, según ilustra Mejía, de quienes pretenden ahora invertir los papeles entre los anormales y los normales. Anormal, por supuesto, es cualquiera diferente a uno mismo.

Siguiendo el pensamiento Mejía, la perversión difundida por los Monster llega luego a Woodstock, donde pelucones promiscuos con predilección por los piticlines extrapolan el concepto hasta niveles de degradación absoluta. El rock —lenguaje demoníaco bajo el que los poseídos comulgan— es lo que envenenaría luego a un catequista pío como Clímaco Basombrío Pendavis, concatena Mejía. Este, recuerda con buena memoria, estaba sometido a la estridencia infernal del rock el día que cogió una herramienta y sucumbió a convertirse en el asesino del martillo.

Hasta ahí llega Mejía, y no es poco, en este video aleccionador. Pero me permito, contagiado por el fervor del converso, añadir una observación admonitoria: la presunta competencia televisiva de los Monster en los sesenta eran Los Locos Addams. En realidad eran extravagantes cómplices de un plan de desviación sicosexual.

Los Addams también estaban conformados por grotescos personajes, como el indescriptible y seguramente piojoso Tío Cosa. Pero, atención al detalle, en la mansión de los Locos Addams convivía en pecado un ser execrable y mutilado que respondía al apelativo de Dedos. Se trataba de una mano caucásica con vida propia que, valiéndose de su único miembro, comunicaba en código morse sus retorcidos pensamientos al resto del grupo de impresentables enemigos de la ley natural.

El asunto es el siguiente: ¿cuál era el propósito real de presentar una mano mutilada como personaje? ¿Qué finalidad oculta podía tener el hacer pasar como normal una mano solitaria? La respuesta es una sola: fomentar a rajatabla la masturbación indiscriminada de los niños.

Y la paja, como toda señora que marcha bajo una sensación térmica de 34 grados con falda hasta el tobillo puede dar fe, es la perilla que abre manualmente la puerta a la tendenciosa construcción de la sexualidad.

Basta ya de engañarnos, degenerados.

[1] Descubierto por La Mula.

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