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"A la memoria de Aníbal Quijano", por Eduardo Arroyo

A pocos días de la muerte de Aníbal Quijano, un homenaje de Eduardo Arroyo,  sociólogo. Asesor del rectorado de la URP.

Aníbal Quijano

Ensayo de Aníbal Quijano ganó Premio Casa de las Américas en el 2017

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Por Eduardo Arroyo

Era un hombre amable, siempre dispuesto a conversar. Resultaba asombroso verlo caminar abrazado de su esposa —ambos cercanos a los 90 años— por las calles de Miraflores, como si fueran dos adolescentes. Nosotros pensábamos que eran eternos. Cuando le preguntábamos su edad, siempre decía: “Tengo la de la historia del Perú”. Creo que metafóricamente quería decir que había asimilado todas las enseñanzas del país.

Entre los múltiples aportes de Aníbal Quijano al campo de las ciencias sociales, quiero destacar dos: uno fue la teoría de la dependencia que desarrolló entre los años sesenta y setenta del siglo XX en respuesta a las ideas del economista estadounidense Walt Whitman Rostow, quien sostenía que los países eran desarrollados en la medida que dejaban de ser agrícolas y se acercaban al modelo industrial. Quijano y otros pensadores latinoamericanos afirmaban que las causas de nuestro subdesarrollo no estaban ahí, sino en la dependencia económica de Estados Unidos.

La segunda idea la trabajó en los primeros años del siglo XXI, cuando se refirió a la colonización del saber y del poder que existía en el mundo para imponer un modelo de crecimiento. Esta teoría ha tenido una aceptación planetaria y actualmente se dictan cátedras al respecto en universidades de la India, China y Europa. En la Universidad Ricardo Palma —de la cual era doctor honoris causa—, Quijano dictaba la cátedra América Latina y la Colonialidad del Poder.

Quiero recordarlo con una imagen del 2009, en el Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, en Buenos Aires. Ahí dio una conferencia ante más de cuatro mil personas. Nunca había visto tanta gente en una charla de sociología. Había profesores sentados en el suelo, tomando notas. Así era Aníbal: un maestro querido y respetado entre sus colegas.

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