Migrantes que buscan regresar a sus regiones de origen tras quedarse sin recursos. (GEC)
Migrantes que buscan regresar a sus regiones de origen tras quedarse sin recursos. (GEC)

Una amiga que trabaja en Tumbes, en una organización civil socorriendo a hermanos venezolanos que salen en éxodo huyendo del hambre en su país, me escribió alarmada y sorprendida al ver en nuestro país a los caminantes provincianos que desesperadamente buscan dejar la ciudad de Lima para retornar a sus pueblos de origen. Ellos también huyen del hambre, pues la inamovilidad social los ha sorprendido. privándolos de los trabajos temporales que tenían. “Así fue .. Así pasaban caminando, con sus hijos y equipajes. Y muchos peruanos lo veían pasar como bichos raros. Ahora pasando lo mismo, sin comida y viviendo de la solidaridad de la gente…”

Me cuenta que nunca pensó ver esta triste escena nuevamente y menos en nuestro territorio, con protagonizas que son nuestros paisanos provincianos. Caminando por las carreteras y rieles de tren. Unos hacia el centro, otros hacia el norte y el sur: durmiendo en la intemperie por varios días; viviendo de la solidaridad de algunas personas que venciendo el miedo a posibles contagios los colabora. Y últimamente del humanitarismo de algunos gobiernos locales.

Como a ella este fenómeno nos sorprendió a todos. La Academia no había registra el movimiento poblacional de las provincias hacia la capital que se realizan temporalmente, en los meses de enero a marzo cada año. Periodo de descanso del campo y de vacaciones estudiantil. Por lo que jóvenes y niños migran a la ciudad a “recursearse” para posteriormente retornar a sus pueblos. Los menos vienen a la capital a vacacionar y por atención médica. Las instituciones del Estado y los gobiernos regionales tampoco tiene registro de esos flujos migratorio temporal, que de poco a poco hacen miles, como hemos podido ahora comprobar.

¿Se hubiera evitado este éxodo masivo? Probablemente si. De existir para el mundo oficial, es probable de que hubieran sido considerados para recibir el bono familiar (760 soles), que pudieran mantenerlos en la ciudad, cumpliendo el aislamiento físico establecido por el gobierno en la lucha contra la propagación del coronavirus. Resistieron un mes con el ahorro logrado en la ciudad mediante los trabajos temporales; pero no pudieron más. El hambre azuza, el extrañamiento también, sienten ser extranjeros en estas tierras. Entre morir de hambre o morir de coronavirus, rompen el confinamiento y masivamente marchan en un éxodo de hambre hacia sus pueblos.

Lo que si sabían de estos migrantes internos temporales son los vecinos de los barrios, las organizaciones sociales de base, las juntas de vecinos. Ellos están informados de su población más que los censos oficiales. De ahí se colige que esta guerra contra una pandemia tan peligrosa No podemos dejarlo solo en manos de los policías, fuerzas armadas y los profesionales de la salud, es tarea de todos. Hay que recurrir a las organizaciones de base.

En el Perú, son de larga tradición organizativa. En algunos casos hay que reactivarlas, en otras fortalecerlas, pues fueron mermadas durante la guerra interna y luego por el neoliberalismo individualizante. Su eficacia está probada. Ahora mismo, espontáneamente, la población se va organizado para conservar la distancia física en algunos mercaditos de barrio donde existe tradición comunitaria. En algunas provincias se van reactivando rondas que castigan severamente a los que desacatan el aislamiento físico y el toque de queda. En la selva, la poblaciones organizadas hacen guardia con arcos y flechas esta evitan el paso de personas extrañas que puedan trasladar el virus a su población.

La comunidad andina de Apurímac organiza colectas de productos agrícolas de su zona para enviar a sus paisanos confinados en la capital. Y evitar caminantes apurimeños. En estas circunstancias hay que estudiar la manera de reabrir los comedores populares, con ciertos protocolos sanitarios y supervisión estatal para evitar las filtraciones. Sus efectos sociales en la lucha contra el hambre y la desesperación en los sectores pobres serán indudablemente efectivos. Por consiguiente, las organizaciones sociales de base también deben ser tomados en cuenta para derrotar el terrible Covid-19, que nos acompañará durante mucho tiempo.