Max Hernández Calvo

La primera exposición individual de Richard Tuttle en Lima, inaugurada en octubre del año pasado y organizada en dos partes (en Proyecto Amil y en el MALI), parece haber tenido menos eco del que corresponde a un artista de su talla. Quizá se deba al nivel de exigencia con el público que entraña su obra. Tras la apariencia de enorme simpleza y hasta desidia en su ejecución, el trabajo de Tuttle esconde una aguda reflexión sobre la percepción de los objetos y de la valoración cualitativa de los mismos.

La selección presentada en Proyecto Amil abarca obras hechas desde 1970 hasta el 2015. El conjunto ofrece un panorama de la producción del artista estadounidense, dando cuenta de la cuidadosa atención puesta sobre los materiales, las formas y las técnicas de construcción y montaje que caracterizan a Tuttle —un ejemplo de ello es el trabajo de iluminación de la muestra, que busca crear efectos perceptuales singulares que constituyen un aspecto integral de la experiencia de la obra—.

Reconocido como un creador que ha desafiado convenciones y categorías artísticas, las piezas exhibidas permiten descubrir la ‘discusión’ implícita que Tuttle mantiene con las tradiciones de la escultura, la pintura y el dibujo, en un trabajo que reelabora los protocolos de estos medios para cuestionarlos.


"Walking on Air, C2" (2009)

Es así que en obras como su “First Paper Octagonal” (1970) —un pliego de papel cortado en forma de octágono irregular y pegado sobre la pared— o en la serie “Walking on Air” (2009) —telas teñidas que en su yuxtaposición trazan una larga línea horizontal, evocando paisajes abstractos—, el artista aborda la idea de la pintura como imagen, superficie y objeto. Así, estas obras pueden leerse simultáneamente como contornos que son figuras, soportes que actúan como pieles, intervenciones que replican paredes y elementos que reclaman su diferencia frente al entorno (a través de sus pliegues y las sombras que producen).


"Pollution and Toxcity (White for Albright-Knox)" (1972,2011)

Dos piezas escultóricas, “Fire” (1973) —una figura abstracta de alambre doblado— y “Pollution and Toxicity (White for Albright-Knox)” (1972/2011) —una estructura de madera y acrílico—, cuelgan de la pared, invitando a asociaciones con la pintura (asimismo, “Fire” también evoca el dibujo). Ambas obras incorporan además sus propias sombras y reflejos como elementos estéticos, extendiendo así el ámbito de la escultura al terreno de lo inmaterial. “Hello, The Roses 6” (2012) —una estructura extraña de madera, alambre, tela y cuerda— parece regodearse en su materialidad y técnica corrientes que, de la mano de la forma casi casual de apoyarse contra la pared, constituye un comentario acerca de la escultura como invención cotidiana y como hallazgo perceptual. En esta misma línea, las delicadas piezas en cartón corrugado de la serie “Boys Let’s Be Bad Boys” juegan con la noción de escultura, ensamblaje, maqueta y construcción. En cada uno de estos casos, la escultura es postulada como una interrogante.

La sencillez de los materiales empleados por Tuttle (papel, cartón, alambre, cuerda, plástico, tela, etc.) es el correlato de sus métodos de construcción, visiblemente rudimentarios (atar, pegar, clavar, atornillar, etc.). Las obras de las series “Section VII”, “Section VIII” (2007) o “Symbolism” (2014) ejemplifican esa articulación de materiales y técnicas de construcción como un peculiar reclamo de atención a lo mundano.

Ese carácter aparentemente ordinario hace que sus piezas puedan parecer en un inicio “cualquier cosa”, porque rompen con el imperativo estético de la superficie “extraordinaria” y el material valioso —códigos visuales que hemos aprendido a reconocer, registrar y admirar, casi de forma automática—. Pero, a pesar de esa primera impresión, las obras del artista constituyen objetos singulares cuya sofisticación demanda ser descubierta por el observador mediante una atención exacerbada que esté a la altura de la atención creativa que les dio origen. He ahí el reto y he ahí la dificultad que el trabajo presenta, especialmente a nivel local.

Al cielo de la noche de Lima descubre al público limeño a un artista cuya dedicación por la forma y los materiales lleva la impronta de su pasión por la belleza que subyace en lo efímero, lo frágil, lo precario y lo aparentemente irrelevante. Richard Tuttle despliega ante nosotros una sensibilidad casi romántica por las cosas de este mundo, que, aun siendo como es, igualmente invita al asombro.

MÁS INFORMACIÓN

Proyecto Amil 
Dirección: Centro Comercial Camino Real (av. Camino Real 871, San Isidro).
Horario: de miércoles a sábado, de 15:00 a 20:00.
Hasta el 21 de enero

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