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"Las tareas pendientes", por María Emma Mannarelli

María Emma Mannarelli comenta los nuevos desafíos que le esperan como la nueva Directora de la Biblioteca Nacional del Perú.

Biblioteca Nacional del Perú

(Foto: Ministerio de Cultura)

El Comercio

Por María Emma Mannarelli

En el papel, la Biblioteca Nacional del Perú (BNP) tiene una lista de objetivos que responden a una misión: cuidar, ampliar y difundir el patrimonio documental que nos pertenece a todos. El listado es largo. Varios han sido los compromisos de sucesivas direcciones y todos son impostergables. Cómo no seguir con el afán de repatriar nuestros libros; de rescatar obras tomadas ilegalmente, por ejemplo; de enriquecer nuestras colecciones; de digitalizar lo que tenemos en los estantes.

Tales prioridades solo adquieren sentido cuando pensamos en que lo primordial es ampliar nuestro universo de lectores y lectoras, que son a quienes la BNP se debe. Entonces, toca seguir ordenándonos por dentro, y eso en función de ofrecer el mejor servicio, de conocer lo que las personas necesitan, de poder escucharlos y darles el merecido trato. Por eso es crucial impulsar el Sistema Nacional de Bibliotecas, que incluye al público de la Gran Biblioteca Pública de Lima y aquellas del área metropolitana que también lo configuran.

Otro desafío que no puede esperar es encontrar la forma en que las bibliotecas piloto de las regiones puedan irradiar la atención a diversos distritos. Sabemos de logros admirables en distintos lugares del Perú en relación al efecto benéfico de la lectura en la población local. Debemos observarlos, protegerlos y aprender de ello. Y para optimizar los recursos es ineludible la conexión con distintas instancias públicas como los gobiernos regionales, las escuelas, los Centros de Emergencia Mujer, entre otros, además de conversar con diferentes ministerios. Por ejemplo, el Viceministerio de Interculturalidad es clave para crear y preservar los espacios de lectura y encuentros.

Ni una duda respecto a la lectura como experiencia que nos transforma y apacigua. El libro ha sido refugio, descubrimiento, alivio. Democratizar su uso ha salvado vidas, ha pacificado comunidades e individuos. De eso se trata, cuando ad portas del Bicentenario, tenemos pendientes en nuestra agenda republicana.

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