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Comer para el cerebro, por Elmo León

Algunos alimentos que ingerimos y sus condiciones podrían contribuir a ciertos trastornos neurológicos. Si es así, ¿podríamos evitar dichos efectos con otros comestibles?

Alimentos

Existen evidencias de que los arándanos (en la imagen), fresas y extractos de espinaca pueden impedir los cambios degenerativos en el cerebro.

Por: Elmo León
Enfermedades como el párkinson, el alzhéimer y otras que causan problemas de aprendizaje en nuestros hijos pueden ser causadas por diversos factores como accidentes cerebrovasculares, infecciones, etc., pero hay investigaciones que aseguran que ciertos alimentos podrían contribuir a su desarrollo.

—Embutidos y dolores de cabeza—
Los embutidos contienen nitritos, sustancias que pueden ser dañinas para la salud. En la décima edición del manual clínico de neurología (2018), Roger Simon, profesor de neurología y neurobiología de la Universidad de Emory, en Georgia, junto a otros colegas, sostiene que los dolores de cabeza pueden precipitarse debido al consumo de nitritos que se hallan en embutidos como el hot dog, el jamón, la jamonada, el salami o los chorizos, y por la feniletilamina (un alcaloide y neurotransmisor) que se encuentra en el chocolate.

—Vitaminas, minerales y aluminio—
Se ha demostrado también que cuando los alcohólicos y a veces no alcohólicos no consumen suficiente vitamina B1 o tiamina tienen más riesgo de padecer el llamado síndrome de Wernicke Korsakoff, caracterizado por la pérdida de memoria y problemas de coordinación. De allí que es importante en la dieta el consumo de avena, trigo, maíz, huevos, carnes e inclusive arroz.

Si bien la FDA, después de una serie de estudios, ha concluido que el aluminio que se usa en la industria de alimentos es “generalmente seguro”, hay voces desde la ciencia que advierten sobre los efectos de este mineral en la salud humana cuando se excede su consumo. Un reporte del doctor Thorsten Stahl, del laboratorio del estado de Hesse, Alemania, ha concluido que el aluminio en los alimentos puede ser neurotóxico.

Concentraciones de aluminio en el organismo pueden ocasionar un retardo en el desarrollo de los huesos y anemia, en particular en pacientes con enfermedades renales. Y, si bien es discutido que pueda ocasionar cáncer de mama, el hecho es que los tumores de las pacientes muestran un tejido con concentraciones de aluminio. Robert Yokel, farmacólogo de la Universidad de Kentucky (2016), señala que hay productos que tienen importante contenido de aluminio como el queso de pizza congelada, los panqueques y, aunque en menor proporción, el pan. Los productos envasados más contaminados por aluminio son el agua mineral, los jugos de manzana, naranja y las gaseosas.

Por el contrario, los arándanos, las fresas y los extractos de espinaca impiden los cambios degenerativos en la mente humana a medida que esta se hace longeva. La espinaca, en particular, es considerada por muchos bioquímicos como la “comida del cerebro”, pues ayuda en el proceso de aprendizaje y previene el alzhéimer.

Fresas

Las fresas son antiinflamatorias y sus propiedades exfoliantes, te ayudarán a eliminar las células muertas. (Foto: Pixabay) 

—TDAH y nutrición—
Según el Instituto de Salud del Reino Unido, el famoso trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) puede deberse, en parte, a fallas en los neurotransmisores del cerebro. Aunque no tiene cura, puede ser tratado con fármacos con muy buenos resultados, aunque estos pueden ocasionar problemas secundarios. Por ello, el doctor Valencia Rooth-Porter, del Centro Arizona para la Medicina Integrativa, menciona que hay abundante evidencia de alimentos que pueden ayudar a la terapia de los niños afectados. Por ejemplo, evitar la soya puede mitigar el efecto goitrogénico del TDAH, al igual que evitar el manganeso (ajonjolí, almendras, coco). Se ha sostenido, además, que las grasas saturadas, alimentos procesados y azúcares refinados pueden tener una vinculación con este trastorno. También hay indicios de que los alimentos con colorantes pueden inducir a hiperactividad en niños de entre tres y nueve años. Por el contrario, parece beneficioso el consumo de ácido araquidónico y DHA. Por ello, la dieta escolar debe contener pescado, mariscos, huevos, linaza, semillas de calabaza, hojas vegetales, sacha inchi, aceite de cáñamo (canabinoide) y nueces.

El corolario es que existe una relación entre el buen funcionamiento de nuestro sistema nervioso y lo que comemos diariamente. Nuestros neurotransmisores pueden beneficiarse de una dieta bioactiva. La idea es que nuestros hijos en edad escolar aprendan mejor y que nuestros abuelos lleguen lúcidos a la vejez.

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