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Curiosidades y ansiedad contemporáneas

Comprimidos: Deshielo, bichos y lenguaje de roedores

Juan Luis Nugent vuelve a traer las noticias más llamativas en cápsulas informativas.

Ártico

El aumento de temperatura en el Ártico, la Antártida y los océanos amenaza con acercarnos a un punto de no retorno.

Por: Juan Luis Nugent
Caliente caliente

El cambio climático está ocurriendo lo suficientemente rápido como para medirlo en tiempo real y advertir sus consecuencias, pero no tanto como para despertar los instintos de supervivencia más elementales ante una amenaza.

Tres estudios sobre cambio climático publicados recientemente tal vez ayuden a mejorar el tiempo de respuesta de nuestros reflejos. Sucede que las estimaciones iniciales sobre la velocidad a la que el planeta se está calentando y el tiempo que tenemos para tomar medidas que aseguren la supervivencia de millones han sido, según informa el New York Times, en el mejor de los casos “excesivamente conservadoras”.

El primero de ellos se realizó en el Polo Norte. Ahí, un grupo de investigadores determinó que la zona suroeste de Groenlandia, que, si bien no posee glaciares ni grandes témpanos que se desprendan, sí cuenta con vastas extensiones de territorio cubiertas de hielo. Al derretirse, se forman canales de agua que desembocan en el océano. En los próximos 20 años, esta agua podría ser uno de los principales agentes que contribuyan a elevar el nivel de las aguas en los océanos. Datos previos señalan, además, que la velocidad a la que la región se está calentando año a año es el doble que en el resto del mundo.

El otro estudio se hizo en la Antártida, donde la geografía es distinta, pero la situación con el hielo es la misma que en el norte: el impacto que tiene su derretimiento en el océano es mayor que el que se pensaba. El último informe está centrado específicamente en los niveles de agua de los océanos debido al aumento de la temperatura en el planeta.

Las decisiones urgentes —y en muchos casos drásticas— que hay que tomar en todo el mundo para revertir esta situación y controlar su impacto son esencialmente políticas. Y los políticos suelen responder bien a la presión, sobre todo si viene de mucha gente. Aún hay tiempo.

Bichos

El potencial de los insectos como fuente de proteínas.

Bichos sanos
Hablemos de la ganadería y la avicultura, actividades que suponen una serie de costos ambientales altísimos, así como grandes amenazas de seguridad y salubridad (emisión de gases, uso de tierras agrícolas solo para cultivos, para el ganado, pozos sépticos, etc.).

La mayoría de personas consume carne, por lo que es más fácil encontrar sustitutos aceptables para esta que apelar a la evangelización vegana pensando a gran escala. La industria alimentaria apunta en esa dirección y los insectos se perfilan como una alternativa más sostenible. Un artículo en Wired recuerda que la FAO promueve la difusión de información y los beneficios nutricionales de los insectos comestibles. Se calcula que en el mundo más de dos mil millones de personas se benefician de las proteínas de alguna de las 2.000 variedades de insectos comestibles que consumen menos recursos. Se estima que en los próximos cinco años será una industria que moverá alrededor de 710 millones de dólares.

Lingua rata
​La habilidad para comunicarse con los animales es un tópico en la ficción tan antiguo como la humanidad misma. Tal anhelo también tiene espacio en el mundo de las ciencias y los avances en el campo de la inteligencia artificial están haciéndolo posible. Al menos parcialmente.

Un grupo de científicos de la universidad de Washington han desarrollado DeepSqueak, un software de inteligencia artificial que registra los chillidos de ratones y ratas de laboratorio y los convierte en sonogramas, o representaciones gráficas de esos sonidos. El software ‘aprende’ a asociar determinados sonogramas con una serie de conductas específicas y de esa manera se puede dilucidar el significado detrás de los ruidos que emiten estas criaturas para comunicarse. Ello permitirá entender mejor la respuesta a distintos estímulos cuando se experimenta con estos animalitos. Y así se acerca el día en el que finalmente podrán decirnos con sus propias palabras que no les gusta vivir en un laboratorio.


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