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Crítica de arte: "Alteraciones del horizonte", por Max Hernández

El crítico de arte Max Hernández Calvo comenta la exposición de Pool Guillén, presentada en la galería Enlace Arte Contemporáneo.

Crítica de arte de  Max Hernández

volumen III (acero 45 x 73 x 55)

"Volumen III". (Acero 45 x 73 x 55)

Pool Guillén



En Alteraciones del horizonte, Pool Guillén nos propone un acercamiento al paisaje —uno de los géneros clásicos de la pintura— a través de una reelaboración de las tradiciones de la escultura en metal.

     Desde el título, el horizonte cobra preeminencia en la exposición, imponiendo su carácter lineal que confiere valor icónico a las esculturas: las piezas más grandes de la serie “Mural” son claramente frontales y su volumetría está subordinada a las relaciones que establecen con la pared.

     El conjunto de esculturas está hecho en acero corten (resistente a la corrosión), que popularizara Richard Serra en sus enormes esculturas. Las asociaciones a lo industrial, que el material mismo sugiere, se ven reforzadas por el tipo de abstracción que desarrolla el artista: estas formas complejas surgen de la intersección de planos de distintos espesores, colocados en diversos ángulos. Los elementos trazan recorridos visuales dinámicos que evocan las metáforas de la máquina que asociamos a la Bauhaus y, sobre todo, recuerdan las formas del constructivismo y el suprematismo. Así, por ejemplo, las piezas de pared traen a la mente los contrarrelieves de Vladimir Tatlin.

     Las relaciones entre planos, curvas, ángulos, líneas y cortes de “Mural I” le dan gran dinamismo, que se intensifica hacia el centro de la pieza, donde la tensión es mayor. En “Mural II”, el uso de planos en paralelo al horizonte les brinda un carácter lineal que, según el ángulo de visión, puede trazar un dibujo en el espacio. Estas exploraciones compositivas sobre la base de planos y relieves dan lugar a juegos de luz y sombra que intensifican la sensación dinámica de las obras.

     “Mural III” es menos apaisada que las otras obras de la serie, aunque su fuerte eje central remarca el horizonte. Aquí también los encuentros entre planos y sus cortes son realzados por las sombras, que a su vez exhiben una variedad de intensidades, lo que enriquece la experiencia del trabajo.

"Mural III"

"Mural III". Acero corten (140 x 103 x 15 cm)

"Mural III". (Acero corten 140 x 103 x 15 cm)

Pool Guillén

     Si bien el material y las formas pueden remitir al universo de lo industrial, las características del material y las líneas horizontales son empleadas como una manera de aludir al mundo natural. Guillén recurre a planchas de acero con distintos grados de oxidación, las que le proveen de una paleta de colores cuasi monocroma. Esta gama de tonos terrosos adquiere un sentido figurativo al funcionar como referencia al desierto, que es el punto de partida de la exposición (se mencionan el desierto de Kavir, en Teherán; el de Sechura, en Piura; y el de la Reserva Nacional de Paracas). Pero más que el “mundo natural”, la referencia es a la representación del entorno natural: las esculturas de pared son análogas de un cuadro.

     Las alusiones al paisaje son claras en los trabajos más grandes, pues, al estar instaladas al nivel de la línea de visión del espectador, el horizonte emerge como un referente implícito. En las piezas pequeñas, “Volumen II”, “Volumen III” y “Volumen IV”, los juegos de planos son más audaces; sin embargo, su ubicación baja impide que el horizonte se configure como un referente. Más aun, estando hechas de acero sin oxidar, la sugerencia del desierto también se pierde, lo que privilegia la idea de la máquina.

     Las esculturas más grandes permiten otro tipo de relación entre el espectador y la obra, pues entran en diálogo con el cuerpo, confrontando al público. El caso más aparente es el de “Volumen I”, que parece partir de la pared para invadir el espacio. Si bien tiene un elemento que indica el lugar del horizonte, rompe con el modelo del paisaje para generar una situación de guiño arquitectónico, en donde somos potencialmente dominados por la obra. Sobre las piezas pequeñas, en cambio, podemos sentir el dominio simbólico que nos da un punto de vista elevado y las dimensiones de un objeto manipulable.

     En “Traslación”, no obstante, el pedestal es parte de la pieza misma, lo que le da un mayor tamaño y, sobre todo, hace que la obra entre en contacto con la misma arquitectura, interactuando físicamente con ella.

     La potencia mayor del trabajo de Pool Guillén surge aquí cuando el paisaje es pauta y orientación; es decir, cuando desarrolla la escultura como una intervención del entorno o como un entorno mismo.

Más información
​Av. Camino Real 1123, San Isidro. Hasta el 16 de setiembre.
De lunes a sábado, de 11:00 a 20:00. Ingreso libre.

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