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Crítica de arte: "Atopía. Migración, legado
y ausencia de lugar", por Max Hernández

El crítico de arte Max Hernández Calvo comenta la muestra de veinte artistas internacionales, presentada en el Museo de Arte Contemporáneo.

Atopía. Migración, legado y ausencia de lugar

[Foto: “Frío estudio del desastre”, de Los carpinteros]

[Foto: “Frío estudio del desastre”, de Los carpinteros]

“Frío estudio del desastre”, de Los carpinteros


Por Max Hernández

Una veintena de artistas contemporáneos internacionales —que forman parte de la colección de la Fundación Thyssen-Bornemisza Art Contemporary (TBA21)— delinea la idea de un mundo que reconfigura una y otra vez su sentido del territorio, más allá de todo anclaje geográfico o cultural.

La muestra juega con la idea de anclaje territorial usando espacios interiores y exteriores. Incluso algunas obras son visibles desde fuera del museo, como “NOTFORYOU” (2006), de la italiana Monica Bonvicini, un cartel luminoso legible desde el parque, que nos aborda para negarnos su mensaje: no es para ti.

Apenas atravesamos el lobby del museo nos topamos con “Determinaciones socioterritoriales: Colonia” (2017), de Santiago Roose. Su instalación evoca las construcciones precarias de barrios marginales y los proyectos de desarrollo urbanístico (y gentrificación) que se han apoderado de distritos como Barranco.

En el patio de entrada, junto a la entrada de la galería principal, vemos “Autorretrato queriendo ser Fray Tomás González y escuchando abajeños con la banda de Zacán, incapaz de comunicar la frustración de no poder reconocerme como un narciso iracundo, pobre, obediente, casto y para acabarla de chingar, desplazado” (2014), del mexicano Abraham Cruzvillegas. Esta construcción abstracta, hecha con material encontrado, hace referencia a los trabajos de autoconstrucción (un fenómeno regional ligado a la precariedad), y establece un claro contraste con el edificio mismo del museo, que hace las veces de su trasfondo.

Ya dentro del museo nos enfrentamos con “Staircase-V” (2009), la instalación del coreano Do-ho Su que reproduce la escalera del departamento del artista en una tela traslúcida. La estructura resulta cautivante en ese juego entre el detalle realista y la sensación fantasmal que produce su traslucidez.

Una de las obras más llamativas (¿o debería decir instagrameables?) es “Frío estudio del desastre” (2005), del colectivo cubano Los Carpinteros, que congela el instante en que una pared de ladrillos estalla, suspendiendo en el espacio los distintos fragmentos de muro según se dispersan por la explosión.

Desde una posición contraria, centrada en los procesos de construcción, “Tierra ebria” (2017), de Santiago Roose, combina referencias a nuestro pasado agrícola y los rituales del trabajo de la construcción. Esta instalación, formada por una pirámide escalonada de tierra con herramientas, chapas, botellas y una caja de cerveza, alude a los andenes y al clásico brindis con el llenado del techo.

No solo los territorios geográficos resultan abordados, sino también los afectivos, como es el caso de “Eu desejo o seu desejo” (2003), de la brasileña Rivane Neuenschwander. Tomando como pauta una tradición religiosa, en la que los fieles se atan una cinta a la muñeca para pedir un deseo, la artista crea una serie de cintas que llevan inscritas deseos ajenos, para que tomemos —y deseemos su deseo— a cambio de anotar los nuestros en un papel. Se crea así una situación de “intercambio colectivo” de un terreno que asumimos radicalmente íntimo.

“O Levante” (2012), de Jonathas de Andrade, gira en torno a la primera carrera de carretas de caballos en Recife, Brasil. El evento, llevado a cabo a partir de la supuesta filmación de una película (la figura legal para lograr los permisos), pone en juego el contrapunto entre la ciudad y el campo y los aspectos de la vida rural que escapan a la lógica del desarrollo urbano.

Museo de Arte Contemporáneo - MAC

Av. Almirante Miguel Grau 1511, Barranco. De martes a domingos, de 10:00 a 18:00. Hasta el 26 de noviembre. Entradas: S/ 6,00, niños y estudiantes; S/ 10,00 público general; ingreso libre para barranquinos.

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