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Crítica de arte: "Estados en crisis" por Max Hernández 

El crítico de arte Max Hernández Calvo comenta la muestra "Estados en crisis", una propuesta de laboratorio de experiencias entre arte y la pedagogía.

"Estados en crisis" del MAC

"Estados en crisis"

MAC



Estados en crisis es un proyecto que surge del trabajo conjunto de los departamentos de Educación y de Exposiciones del MAC y que propone una concepción de la exposición, incluso en términos de su configuración espacial (algo bastante inusual), como una labor de desarrollo de audiencias y de difusión de las obras de arte, sin establecer una jerarquía clara entre ambas tareas.

La exhibición se articula alrededor de cuatro ejes temáticos que delinean la noción de ciudadanía: memorias y Estados, avatares de fe, situaciones en crisis y retomar el entorno en conflicto. La centralidad de la idea de ciudadanía es anunciada desde el ingreso a la sala.

La muestra se abre con dos series de retratos. Por un lado, “La sombra” (2013), de Marcel Velaochaga, diez imágenes basadas en la serie “Shadows” (1978-1979) de Andy Warhol, que incorporan la silueta del retrato “Francisco Pizarro” (1929) de Daniel Hernández. Velaochaga articula estilos dramáticamente distintos de trabajo artístico (la figuración académica, la estética pop y las formas de abstracción), cargando estas referencias con un sentido crítico sobre la historia del Perú, marcada por la sombra de la conquista. Por otro lado, “Perú, país del mañana (proyecto para hacer un mural cuando tenga dinero, mañana)” (1981-1990), de Juan Javier Salazar, muestra 42 retratos de presidentes del Perú, basados en las láminas escolares Huascarán. Salazar retrata a los gobernantes con un bocadillo de historieta que dice “mañana”, sugiriendo la sistemática postergación de responsabilidades como hilo conductor de nuestra problemática historia republicana.

Los cuatro ejes empleados agrupan las obras conceptualmente, más que espacialmente y, sobre todo, estructuran el programa educativo de la muestra. Dichas actividades, que incluyen mesas de diálogo, performances participativas y talleres artísticos, no son solo un anexo de la muestra, sino que tienen presencia visible dentro de la exhibición.

Es así que delante de la obra de Salazar vemos seis mapas del Perú que también tienen globos de diálogo —como los de los presidentes— con distintos mensajes. Esta obra es uno de los trabajos realizados por el público en los talleres conducidos por el equipo pedagógico del museo, en los que se busca continuar la reflexión que las obras emplazan, a partir de una relectura de las mismas.

La apuesta por crear situaciones de diálogo se hace tangible en el gesto de incluir estos trabajos junto a las obras, en tanto ello legitima las preguntas del público, haciéndolas materia de reflexión. En otras palabras, se resalta la conversación que el arte supuestamente activa en la audiencia.

Asimismo, junto al díptico “Manuel” (2001) de Miguel Aguirre, que aborda el recuerdo de los parientes fallecidos, y al lado de la estación de videos, se ha creado un espacio de trueque con el público, con miras a que intercambie y ofrezca sus relatos e historias personales como un modo de conectar con las preocupaciones de los artistas. De ese modo, se busca trazar puentes entre artistas y audiencia, remarcando las preocupaciones comunes que compartimos.

La idea de continuar la pauta crítica trazada por los artistas subyace a la actividad desarrollada en respuesta a la obra “De castas y mala raza N.° 22” (2014), de Claudia Coca. La artista crea un retrato de familia, recurriendo a las catalogaciones raciales/racistas desarrolladas en América Latina, para tipificar las distintas combinatorias posibles. Frente a la obra de Coca se ha creado una estación de escudos familiares, en donde la heráldica es replanteada lúdicamente, para poner énfasis en la idea de un legado familiar no mediado por el abolengo.

Si no me detengo más en las obras mismas (entre las que destacan también las piezas de Ishmael Randall Weeks, Alfredo Márquez, Sandra Gamarra y Mario Poggi/Huanchaco), es porque la fuerza de Estados en crisis radica en su apuesta por incorporar las respuestas del público a las obras expuestas como parte de la exhibición. Este arriesgado gesto, más que pretender elevar la producción de los visitantes a la categoría de arte, pone en un mismo plano el trabajo de los departamentos de Educación y de Exposiciones, lo que remarca la necesidad de articular esfuerzos. En un país cuyos niveles educativos recién comienzan a despegar un poco, el lugar y la importancia de la pedagogía no pueden darse por sentado.

Museo de Arte Contemporáneo

Av. Grau 1511, Barranco. Hasta el 1 de abril.

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