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Un cuento dominical: El globo rojo

Les presentamos el cuento de esta semana titulado "El globo rojo" de Edwin Cerrato Melgarejo. Un relato corto con humor.

Un cuento dominical: El globo rojo

Un cuento dominical: El globo rojo

EDWIN CERRATO MELGAREJO

El gordo Wido, cuándo no el gordo. Ofrecía entre los compañeros de trabajo todo tipo de chucherías. Día de la Madre: flores, chocolates. Fiesta Patrias, pues, eran escarapelas, banderitas. Aniversario del Registro Civil: llaveritos con el logo respectivo. Navidad: tarjetas, perfumes. En cualquier fecha: dulces, aceitunas en bolsa, polos,etc. “¿Para el día de pago?, gracias gordo”. Esta vez le quedaron  globos plastificados que no pudo vender  el Día de los Enamorados.

Era la última semana de abril, el loquito Jhonny estaba enamorado y acepta comprarle dos globos:  rojo y plateado. Infla el rojo, le coloca el soporte, lo ve bonito y llama por teléfono. “Hola, mi cielo, salgo del trabajo y voy a tu casa, te llevo un globo rojo. Besos”. Cuando va a salir, se siente incómodo de ir por la calle, tomar el micro y estar con el globo en la mano. Lo deja parado en el escritorio,  coge el plateado, lo guarda, va a ver a su pareja.  Media cuadra antes de la casa se detiene, infla el globo, saca pechito, ensaya su mejor sonrisa. Toca el timbre, “hola mi chelo”. Ella mira el regalo. ¿Rojo? No, plateado, plateado. “Crees que soy una idiota, a quién le habrás regalado el rojo, lárgate, no te quiero ver”. Cerró la puerta.  Él no tuvo tiempo de explicar nada y sin su mejor sonrisa, apenado, se va a su casa. Al día siguiente llega a la oficina y ahí estaba el globo, más rojo que ayer. Una ligera brisa lo movía, le recordaba que no pudo dormir bien. Trabajaba en uno de los últimos pisos del edificio más alto de Lima. No lo quería ver, lo ignoró buena parte del día. Botarlo por la ventana, le pareció infantil. Lo dejó ahí. Pobre Loquito, estaba fastidiado. Era un trabajo de turnos . Llegó su reemplazo, el Flaco Pasache. No contó a nadie lo que le pasó. Sabía que se burlarían. Mientras tanto, el regalo rechazado seguía ahí. “Pasache, ¿hace cuánto que no le regalas algo a tu esposa? Mira este globo, está bonito. Sorpréndela, le va a encantar.  A las mujeres le gustan estos detalles. Me pagas luego”.  Este escuchó, lo pensó y aceptó.

El Flaco cumplió su horario, miró el regalo. Le iba a gustar a su esposa. Efectivamente, no tenía detalles con ella. Lo tomó con cuidado y sin roche salió del edificio, tomó su combi, derechito a casa. Abrió la puerta, sonrió. “De cuándo acá me traes regalitos, que habrás hecho en la calle. Vete con tus cochinadas a otra parte”. Cerró la puerta, se enojó. No tenía a dónde ir, esa era su casa. Con el globo en la mano, regresó al trabajo a acompañar a su compañero y hacer doble turno. El globo quedó recostado entre los monitores. Pasache lo miraba de rato en rato. Sonreía. No entendía qué hizo mal. Se paró,  tenía un  lapicero en la mano, lo golpeó  varias veces. Desahogó su cólera. Quedó en el escritorio un desinflado presente.

Era el Día de la Secretaria y Aníbal no tenía la cuota para el regalo a Geraldine. Vio el globo tirado y decidió parcharlo con sumo cuidado, lo infló y lo puso en la canasta: “Es mi colaboración”. Ella llega a casa  y su pareja ve el regalo. “¡Qué quieres que piense? ¿Qué clase de compañeros dan  este tipo de regalo. Idiota no soy!”. Una de las hijas coge el globo. “Claro, mamá, a quien le regalan un globo que dice I LOVE YOU”. El gordo seguía vendiendo sus globos , mientras tarareaba la canción del recuerdo “el globo rojo era su amigo…”.

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