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Dalí y Warhol: el reencuentro de dos genios

Salvador Dalí y Andy Warhol, los máximos referentes del surrealismo y el pop art, cultivaron una imagen pública que atrajo la atención del mundo y marcó la historia del arte. Hoy la muestra Dali kontra Warhol los reúne nuevamente. 

Dalí y Warhol 1

Invierno de 1964-1965. Salvador Dalí y Andy Warhol en el St. Regis Hotel de la ciudad de Nueva York. [Foto: David Mccabe / A Year in the Life of Andy Warhol (Phaidon, 2003)]

Invierno de 1964-1965. Salvador Dalí y Andy Warhol en el St. Regis Hotel de la ciudad de Nueva York. [Foto: David Mccabe / A Year in the Life of Andy Warhol (Phaidon, 2003)]

David McCabe


Por Diego Olivas Arana

Tan solo una vez en su trayectoria, cuando ya era una leyenda en vida, Andy Warhol se quedó verdaderamente atónito, turbado, sin palabras. Fue en el verano de 1965, en el St. Regis Hotel de Nueva York. Tenía una cita en la suite 1610. Al aproximarse, alguien desde adentro lo invitó a pasar con un giro de su bastón. Una ópera ensordecedora invadía la habitación. De acuerdo al fotógrafo David McCabe, quien contó la historia y estuvo allí para registrarla, el hombre del bastón se acercó apremiado y se situó detrás de Warhol para ponerle un penacho seudoincaico en la cabeza. Fue una reunión de cinco minutos que el creador del pop art sintió como un siglo de incomodidad. El extravagante huésped era otro mito llamado Salvador Dalí.

Aquel fue el primer encuentro de dos de los artistas más memorables del siglo XX. Y si bien solo trabajaron juntos en dos proyectos —la película Salvador Dalí (1966), donde el pintor conoce a The Velvet Underground; y el memorable retrato mudo del rostro de Dalí (1966), uno de los cientos de screen test de Warhol (disponible en YouTube)—, su relación perduró las siguientes dos décadas. En otra afamada fotografía de Christopher Makos, de 1978, Dalí y Warhol se saludaron compartiendo un beso durante una recepción en Nueva York. Fue un símbolo de mutua admiración y, para muchos, un guiño a la forma en la que ambos concibieron su trabajo: entre la genialidad, la fama y los dólares. La reunión de dos grandes megalómanos que crearon su propia imagen y realidad alrededor de sí mismos, trastocando —o eliminando— los límites entre la vida y el arte.

Dalí y Warhol 2

Nueva York, 1978. Dalí y Warhol . [Foto: Christopher Makos]

Nueva York, 1978. Dalí y Warhol . [Foto: Christopher Makos]

Christopher Makos

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Hasta el próximo 7 de octubre, Dalí y Warhol celebrarán un último reencuentro en el cuarto piso del Palacio de la Ciencia y la Cultura, en Varsovia, un viejo edificio gótico que Stalin obsequió a Polonia en tiempos soviéticos y que hoy es uno de los espacios culturales más importantes de la ciudad. La exhibición (Dali kontra Warhol, en polaco) superpone de forma integral la biografía y la obra de ambos artistas a través de más de 120 obras, algunas nunca mostradas al público. Para el crítico de arte y curador Stach Szabłowski, uno de los dos curadores de la exhibición, “tiene sentido yuxtaponerlos, pues en ambos es absolutamente imposible separar la obra del personaje, de su imagen pública”. La conexión es tan evidente como idónea. Dos generaciones, personalidades y backgrounds distintos y, sin embargo, una aproximación artística que compartía una avanzada noción del poder de la publicidad para atraer a las masas. Ello condujo a construir su imagen excéntrica como parte de su praxis del arte y, en cierta medida, hacerla su centro. Se trata de descifrar el misterio del éxito de estos artistas a través de una reflexión sobre la fama y el dinero.

La muestra en Varsovia alberga importantes y célebres piezas de Warhol, como los retratos de Marilyn Monroe (1983), los cuadros y trabajos de las sopas Campbell (1962-69), entre otros; contrastados con pinturas de Dalí, como “El enigma sin fin” (1939) o “La tentación de San Antonio” (1946), sus esculturas, e incluso un ejemplar del libro surrealista de recetas de cocina para su esposa Gala, el hoy agotado Les Dîners de Gala (1973).

Sin embargo, el aditivo más exquisito de la exhibición es también el último: una generosa colección inédita de los originales de Warhol en portadas de álbumes de música. The Rolling Stones, The Smiths, Count Basie, Miguel Bosé, Rats & Star, Leopold Stokowski, Blondie, Vladimir Horowitz, Thelonious Monk, Paul Anka, Artie Shaw, David Bowie, entre muchos otros, con un énfasis final en su colaboración con The Velvet Underground. En esas portadas, Warhol se distanció de las disciplinas visuales y se permitió improvisar con total libertad. “Vemos que también tenía talento para el dibujo y una hermosa caligrafía, por ejemplo. Nada de esto es corriente en su discurso principal”, dice Szabłowski.

Sticky Fingers

Portada del álbum " Sticky Fingers" (1971) de The Rolling Stones, diseñado por Andy Warhol.

Portada del álbum " Sticky Fingers" (1971) de The Rolling Stones, diseñado por Andy Warhol.

Andy Warhol

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Un fino bigote ascendente y una peluca plateada. Salvador Dalí (1904-1989) y Andy Warhol (1928-1987) quizá sean las criaturas más extrañas que hayan salido de la novelesca comarca de Ampurdán y de Pittsburgh, la ciudad de acero, respectivamente. Uno se autodefinía como una droga, el otro como un ser profundamente superficial. Fueron animales de la misma especie: revolucionarios artistas que se sirvieron de los mass media para desarrollar su discurso. Aunque, como recuerda Szabłowski, para Dalí este fenómeno fue algo por descubrir, tanto por cuestiones generacionales como geográficas: “Dalí creció en una España de inicios de siglo XX, todavía basada en la aristocracia nobiliaria; mientras que para Warhol, como para gran parte de la sociedad estadounidense, se trató de algo natural: creció en un mundo moderno y totalmente centrado en el consumismo”.

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Nueva York, 1980. [Foto: Robin Platzer/ "Dali kontra Warhol"

Nueva York, 1980. [Foto: Robin Platzer/ "Dali kontra Warhol"

Robin Platzer/ "Dali kontra Warhol"

Según Szabłowski, revisando toda la obra del catalán, comprobaremos que siempre propuso la misma visión, cambiando solamente el lenguaje. Además, influyó sobremanera que, en un comienzo, mientras pertenecía activamente al movimiento surrealista, su obra estuviera dirigida a un público pequeño y cerrado, acaso más elitista. No existían, por ejemplo, museos de arte moderno o contemporáneo, estos estaban más dedicados a lo histórico, y lo nuevo sucedía solo en un nicho. El vanguardismo ciertamente crecía y se fortalecía, pero toda nueva expresión de arte es siempre más elitista o underground. Posteriormente, acaso desde los años cincuenta, la obra de Dalí se dirigió al público en general.

En 1934, poco antes de ser expulsado del movimiento surrealista —cuando soltó aquello de “No pueden expulsarme porque yo soy el surrealismo”—, Dalí recibió el apodo de Ávida Dollars por parte de André Breton. Un anagrama de su propio nombre que señalaba su afición a la fama y el dinero. Dalí estuvo en todas partes durante su tiempo, evidencia de que su trabajo no abrazaba la vieja concepción del artista como alguien entrenado en una habilidad específica, como la pintura o escultura, por ejemplo. No. El artista como marca puede incursionar donde quiera, y Dalí lo comprobó a través de pinturas, esculturas, pero también diseño de muebles, colaboraciones cinematográficas, y más. Buscaba demostrar que como creador podía hacer lo que quisiera, algo que Warhol corroboraría años más tarde.

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Salvador Dali, ca. 1950. [Foto: Bettmann / "Dali kontra Warhol"

Salvador Dali, ca. 1950. [Foto: Bettmann / "Dali kontra Warhol"

Bettmann / "Dali kontra Warhol"

Ambos hicieron suya esa transgresión encarnada en los medios, la provocación y el espectáculo. Dalí los empleaba para traducir su universo, una visión del mundo onírico y la mente; Warhol, acaso socialmente más comprometido, los utilizó como el concepto mismo de su propuesta, introduciendo en el arte elementos de productos, marcas y deseos colectivos. Esa fue la contribución más importante del pop art a la historia del arte del siglo XX.

Para Hank Hine, director del Dalí Museum en San Petersburgo, Florida, Warhol fue uno de los artistas más signados por el legado y modelo de Dalí: “Ambos tenían una estética similar, pues abrazaban lo que era el medio dominante de la época, a pesar de hacerlo de formas distintas. Warhol realmente se apropió del enfoque de Dalí a la prensa, desarrollándolo al límite”. Hine agrega que el verdadero nudo entre ambos artistas se encuentra en su curiosidad sobre el significado y la naturaleza del arte. “Ambos tenían la convicción de que el arte es algo que trasciende la pintura, el cine o la fotografía. Es la idea que existe detrás de la obra maestra. Algo que reflejaron en su propia imagen”.

Ciertamente, para Dalí no bastaba la simple contemplación de su imaginación en pinturas. Tenía que manifestarse en la vida real para revelar esa creatividad en persona y generar un quiebre, conjurando reacciones, como en la exposición surrealista en Londres de 1936, donde sorprendió al público al dar su discurso vistiendo una antigua escafandra para buceo y acompañado de dos galgos rusos (al final tuvo que sacarse el casco para evitar la asfixia). Warhol extremaría esta perspectiva de muchas formas, desde su protagonismo en las fiestas de Studio 54 o The Factory hasta aparecer en comerciales de la empresa electrónica TDK o junto al boxeador Sonny Liston promocionado la aerolínea Braniff (When you got it, flaunt it!).

afiche "Dali kontra Warhol"

Afiche de la muestra "Dali kontra Warhol"

Afiche de la muestra "Dali kontra Warhol"

http://dalikontrawarhol.pl/

Los dos fueron muy versátiles para desarrollar su trabajo, haciendo que sus intereses en distintos medios y plataformas de expresión volcaran en numerosas colaboraciones con otros artistas, como Dalí con Luis Buñuel en el cortometraje Un perro andaluz (1929) o la serie de pinturas colaborativas que Warhol realizó con Jean-Michel Basquiat (1983-1985). A su vez, otro factor que los unió es que descubrieron temprano la ventaja de la multiplicación, y condicionaron sus talleres para ello. Es curioso recordar que Dalí empezó con estos cambios antes que Warhol conceptualizara y creara The Factory, su famoso estudio, taller y punto de encuentro de la bohemia de Nueva York. Según Szabłowski, “ambos cuestionaban el significado tradicional de la originalidad, especialmente Warhol, quien puso mucho énfasis en esto. Raramente hacía un trabajo que no tuviera varias ediciones. Casi toda su obra principal se basó en series”.

Otro de los conceptos que los une es también uno de los que más descubren su genialidad: ambos cuestionaban la mortalidad. “In Voluptas Mors” (1951), un retrato hecho en colaboración con el fotógrafo Philippe Halsman, presenta a Dalí posando junto a una gran calavera o, dependiendo de la perspectiva, junto a siete modelos desnudas (“la voluptuosidad de la muerte”). Dalí subvierte la realidad en esta fusión de la inminencia de la muerte y la presencia del erotismo, buscando que uno descubra pistas sobre sus procesos subconscientes a través de las asociaciones evocadas por la ilusión óptica.

A su vez, en su “Díptico de Marilyn” (1962), Warhol presenta 50 cuadros del rostro de Marilyn Monroe, basados en una fotografía publicitaria para la película Niágara (1953). Se trata de una serigrafía realizada poco después del deceso de la actriz: una mitad está a colores y la otra en blanco y negro, y connota no solamente la extremada reproducción que reduce el valor de la persona retratada, sino la relación entre la figura de la fama con la del consumismo y la muerte. Hank Hine sostiene que “en Warhol podemos ver el amor por este mundo, pero también un sentido de su fugacidad y su muerte. Las celebridades como un esbozo que eventualmente se descompondrá y desaparecerá”.

"Dali kontra Warhol"

La exposición "Dali kontra Warhol", montada en el Palacio de la Ciencia y la Cultura de Varsovia, está compuesta por más de 120 piezas de los artistas, muchas de las cuales son exhibidas por primera vez.

La exposición "Dali kontra Warhol", montada en el Palacio de la Ciencia y la Cultura de Varsovia, está compuesta por más de 120 piezas de los artistas, muchas de las cuales son exhibidas por primera vez.

"Dali kontra Warhol"

Pese a tales similitudes, las diferencias en sus propuestas están también muy presentes. “A través de toda su obra, Dalí nunca abandonó el ideal de la omnipotencia del artista, es decir, la posibilidad de crear de la nada, empleando tu propia genialidad. Algo que no está mal, fue su camino y concepción, mas también se debe a que pertenecía a otra generación y a su background surrealista, que siempre lo empujaba hacia esta convicción del poder creativo ilimitado”, explica Szabłowski. “Warhol poseía otro tipo de sensibilidad. Él decía que el artista del futuro sería alguien que editara y reeditara, que se comunicara a través de elementos ya existentes, transformándolos y dándoles más poder”, agrega.

Además, Warhol tenía una opinión muy crítica. No era esa persona pública sin expresión ni opiniones que siempre aparentó. Ese disfraz fue parte de su proyecto artístico: servir como espejo para los conceptos de otras personas. Warhol se distanciaba mucho de la categoría de un artista sin posturas. Su profundo entendimiento de la cultura de su tiempo provocó que su obra se centrara en una confirmación total del consumismo: empleando elementos tomados de diferentes productos o deseos colectivos. “Muchas veces —sostiene Szabłowski— evidenciar la forma de operar del sistema puede ser más crítico que rechazarlo o negarlo, porque a través de la confirmación estás realmente demostrando cómo funciona”. Algo que puede verse con las latas de sopa Campbell, que glorifican y critican los hábitos de consumo de la época.


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A pesar de los años, el recuerdo de estos dos iconoclastas permanece vigente en la memoria colectiva. Algo que intensifica la importancia de esta muestra y le otorga actualidad es el reciente retorno de ambos a las noticias, nuevamente bajo el manto del escándalo. A fines de junio, John McEnroe, el retirado campeón de tenis estadounidense convertido en celebridad, publicó su biografía, en la que, entre otras confidencias, señala a Warhol como el saboteador de su vida sexual, ya que interrumpía muchos de sus flirteos nocturnos con sus fotografías (Warhol solía tomar Polaroids a todos, incluyendo a personajes como Alfred Hitchcock, Pelé o Mick Jagger. Por esa afición es que hoy se le considera uno de los precursores del concepto de Instagram).

De la misma forma, el nombre de Dalí ha resonado por toda España con fuerza. El pasado 20 de julio se realizó la exhumación de su tumba en el Teatro-Museo Dalí, en su natal Figueras. La acción se dio como orden de una corte de Madrid, paso crucial para la consecuente prueba de ADN que implica proseguir la demanda de Pilar Abel Martínez, tarotista de 61 años que asegura ser su hija extramatrimonial. El equipo forense extrajo un poco de pelo, uñas y dos huesos largos para la comparación de ADN, y, según uno de sus miembros, el bigote de Dalí permanece idéntico, dando las 10 y 10 de un reloj imaginario, como él deseaba. Los resultados se pronostican para mediados de setiembre. Toda una locura que el diario El País ha llamado “surrealismo en estado puro”.

Sofá-labios, "Dali kontra Warhol"

Instalación del “Sofá-labios” de Salvador Dalí en la exposición Dali kontra Warhol.

Instalación del “Sofá-labios” de Salvador Dalí en la exposición "Dali kontra Warhol".

"Dali kontra Warhol"


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En mayo de 1978, Dalí y Warhol se citaron en un restaurante en Nueva York. Warhol llevó dos ejemplares de uno de los libros de Dalí para que se los firmara. Allí, ambos descubrieron que compartían la inquietud por buscar beautiful freaks. Antes de despedirse, Dalí sorprendió a Warhol una vez más, obsequiándole una bolsa de plástico con sus paladares usados. Un simbólico gesto que se entendió como la confirmación de su aprecio, y, a su vez, como un ritual de sucesión. Un recuerdo que Warhol registró con admiración en sus diarios. Obsesionado como estaba con el concepto del artista presente en la esfera pública, Dalí era un caso fascinante para Warhol. “Sin embargo, no existen pruebas de que Dalí haya estado tan interesado en Warhol. Creo que eso dice mucho de la relación de ambos. Los divide, a su vez. Dalí estaba muy concentrado en sus ideas, el desarrollo de su propuesta; mientras Warhol sabía que estaban sucediendo cosas importantes allá afuera, absorbía, prestaba atención”, subraya el curador Szabłowski.

Dalí dijo que, si llegaba a morir, no lo haría del todo. Warhol afirmó que no creía en la muerte, y que no podía decir nada sobre ella porque todavía no estaba preparado. Hoy que se reencuentran en Polonia se han cumplido 113 y 89 de sus aniversarios, respectivamente. Ambos han influido hasta el día de hoy en muchas generaciones de artistas. Fueron absolutamente célebres: amados y odiados mientras vivieron, y lo han sido cada vez más desde sus muertes. Son inmortales.

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