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El deseo y la memoria en la obra de Fernando de la Jara

El artista limeño, que radica en Alemania, ha inaugurado una exposición en la galería Enlace de San Isidro, en la que expone 14 obras recientes. 

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Pintura L'atelier (2012). Detalle.

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En sus cuadros se respira lo clásico y lo contemporáneo, la revelación y el misterio. En esa aparente contradicción Fernando de la Jara (Lima, 1948) ha construido una amplísima obra que no se encasilla en un género específico, sino que apuesta por lo sutil como también puede coquetear con el erotismo o con la impronta hiperrealista. “Si yo supiera lo que es mi obra, creo que me convertiría en un autor de recetas que pinta lo que sabe que tiene hacer. Yo no sé. Me enfrento a cada cuadro como si empezara a pintar por primera vez”, me dijo en una ocasión.

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Im Spiegel (En el espejo), óleo sobre madera, lámpara, perla, mueble, cajita (2019). Detalle

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La celebración de la pintura
En estos días, Fernando de la Jara exhibe 14 pinturas recientes en la galería Enlace (av. Camino Real 1123, San Isidro) que bajo el título de “Deseo y memoria” evidencian esos variados caminos por los que transita su obra. Si quisiéramos encontrar una constante en ellos, en medio de esos paisajes de trazos gruesos, en esos cromatismos tenues que simulan la noche sobre el mar, o en esas escenas cotidianas cargadas de sensualidad, sería algo parecido a la celebración del acto mismo de pintar. Es que los cuadros de De la Jara invitan a la contemplación, algo que resulta inusual en estos tiempos en que muchas obras se centran más en la experiencia o en el efecto instantáneo.
En cambio, la pintura para De la Jara es un acto solitario, reflexivo. Por eso a lo largo de su carrera, se ha refugiado en espacios tranquilos, ya sea en pueblos andinos, como en los años sesenta cuando instaló su taller en Chinchero, Cusco; o en las montañas europeas de Baviera, como en la actualidad. El artista también mantiene un taller en Arequipa y en Lima suele pintar en Lurín.
Esto no quiere decir, sin embargo, que su pintura no transmita emoción. Solo que esta es parecida a la que sentimos cuando leemos un poema. Como dice Fietta Jarque, en el texto que presenta la muestra: “En estas obras apenas brilla lo extraordinario (…) Subyace, en general, una sensualidad callada y hasta cotidiana donde confraternizan el clasicismo y la contemporaneidad”.
Y tal vez la mejor demostración de esto sea ese cuadro en el que una muchacha desafía el horizonte desde su aparente pequeñez y fragilidad o aquel otro, cargado de resonancias, en el que vemos el reflejo de una mujer en el espejo.

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El rubor, óleo sobre lienzo (2019). Detalle

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La memoria y el deseo
Dos palabras que explican muy bien la pintura de este artista pueden ser, justamente, memoria y deseo. La memoria entendida no como recuerdo sino como permanencia. Como él mismo De la Jara le dice a Jarque en el texto mencionado: “Miro con los ojos de la memoria, no del recuerdo. El recuerdo es algo fugaz, la memoria es lo que queda, a veces a la manera de lo que solemos llamar abstracción”.

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