El objetivo del coaching es ayudar a las personas a encontrar sus propias respuestas.
El objetivo del coaching es ayudar a las personas a encontrar sus propias respuestas.
Claudia Guevara

Fue por las investigaciones de Timothy Gallwey, profesor deportivo de la Universidad de Harvard, que el coaching resurge en la década de los ochenta en Estados Unidos. La metodología en la que se basa el coaching no es nueva, según Luis Miguel Imaña, profesor de coaching de la Escuela de Posgrado en ESAN. La estrategia data de la Grecia antigua con “los famosos diálogos de Platón”, que eran una secuencia de preguntas y respuestas para llegar a una conclusión, evitando decir a las personas qué hacer o qué pensar.

¿Qué ofrece el coaching en términos prácticos? Resultados inmediatos. Y eso es lo que la gente parece valorar en estos tiempos veloces. Lo cierto es que esta práctica se ha extendido últimamente al punto de que han surgido diversos institutos que prometen una certificación luego de estudiar dos meses, a diferencia de los 12 que se requiere en una universidad licenciada.


—¿De qué trata?—

El coaching actual consiste en la misma dinámica de la antigua Grecia. “No dice qué hacer, sino ayuda a que uno encuentre sus propias respuestas a través de las constantes preguntas del coach durante las sesiones”, explica Imaña.

El objetivo es llevar al usuario a la acción para alcanzar las metas propuestas en un corto periodo de tiempo. Por eso, muchas veces el coaching se dirige a un público empresarial, pues los ejecutivos necesitan mejorar constantemente su “comunicación, negociación y liderazgo”, explica Sheyla Blumen Cohen, psicóloga y decana interina de la Escuela de Posgrado de la PUCP.

La diferencia es que el psicólogo “se concentra más en los síntomas, en temas de la infancia y en los traumas que no dejan avanzar”, explica Imaña. Sin embargo, “hay personas con problemas no tan graves, con los que se puede continuar, pero otras, al llegar al punto de quiebre, necesitan de un terapeuta”, agrega. Es en esa fase que el coach debe ser responsable e identificar las necesidades del usuario, pues muchas veces la persona da señales de necesitar terapia, pero las alertas son pasadas por alto. ¿Por qué?


—Pros y contras—

Si bien el coaching ha tenido buenos resultados (el estudio de la Federación Internacional de Coaching mostró que las personas que lo recibieron mejoraron su desempeño en 70 % y su autoconfianza en 80 %), y tanto Blumen como Imaña coinciden en que este es beneficioso y ayuda notablemente, advierten que no todo es tan sencillo ni tan veloz. El profesor alerta sobre el surgimiento de “programas de coaching exprés que certifican en dos meses y no brindan las herramientas necesarias para trabajar”.

Una pobre capacitación solo perjudicará al usuario, ya que el coach no determinará las necesidades específicas de la persona a quien entrena. “Al no recibir la ayuda necesaria, el usuario comenzará a desarrollar una dependencia hacia el coach”, subraya Blumen.

Por eso, Imaña sugiere cuidar con quién se trabaja, porque se abordarán temas delicados. Y aconseja que, para escoger a un buen coach, la persona interesada debe buscar recomendaciones, asegurarse de que este tenga casos de éxito y un certificado reconocido internacionalmente.


—Salud mental—

Una de las críticas que realiza Blumen a la “técnica del coaching es que [esta] quiere incurrir en campos en los que el coach no tiene la formación suficiente, como en la salud mental”. Recalca que apenas el país ha revalorado estos temas como para que “pseudoprofesionales traten de ingresar a un área para la cual no están formados ni capacitados”.

Sin embargo, ella sí valora el trabajo que han realizado los coach en el ámbito empresarial, donde estas prácticas parecen dar mejores resultados.

Además, insiste en tratar al coaching como una técnica, mas no como una ciencia porque “no tiene un marco teórico en el cual sustentarse”. Por ello, afirma que los programas deben ser aprendidos por profesionales, quienes cuentan con una base de pregrado, ya que “pasar por un proceso formativo de unos meses no convierte a un coach en profesional de la salud”, concluye.

Por la falta de una entidad reguladora, muchos están aprovechando este boom para lucrar con esta herramienta. Es todo lo contrario de lo que profesa el coaching: “Potenciar la mejor versión de uno mismo”.


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