El ADN de Dogor es distinto al de un perro y un lobo. Se trataría de un antepasado en común.
El ADN de Dogor es distinto al de un perro y un lobo. Se trataría de un antepasado en común.
Juan Luis Nugent

Si fuera político en campaña, diría que no es ni perro ni lobo, sino todo lo contrario. Pero para la comunidad científica, el descubrimiento de este cachorro bautizado como Dogor es una oportunidad, que se ve con poca frecuencia, de entender mejor el proceso que hizo que perros y lobos siguieran caminos distintos.

El animalito, encontrado en una región siberiana cercana al río Indigirka, está increíblemente bien preservado gracias al permafrost (capa de suelo permanentemente congelada por milenios). Cabeza, nariz, bigotes, pestañas y hasta los dientes de leche se han preservado prácticamente intactos. Fue así que un grupo de científicos suecos pudo tomar muestras de ADN con facilidad, revela un artículo de Smithsonian. La sorpresa llegó cuando descubrieron que el cuadrúpedo posee una información distinta a la que se tiene sobre perros y lobos, animales de los que se tiene completísimo registro de su bagaje genético. Se trataría, entonces, de un antepasado del lobo o del perro por separado o de uno en común.

El consenso más difundido señala que los perros aparecen en algún momento entre 15 mil y 40 mil años atrás. Y dado que se calcula que Dogor (que significa ‘amigo’ en lengua Yakut) tiene unos 18 mil años, encaja en la misma línea de tiempo. No es la primera vez que se encuentra un animal parecido a este tan bien conservado, pero sí la primera en la que no es tan sencillo discernir de qué especie es. De acuerdo con información de AP, es probable que una tercera ronda de pruebas genéticas pueda permitir identificarlo plenamente.

¿Pero cómo se encontró tan perfecta fotografía en 3D de un animal tan antiguo? Dogor no fue hallado por investigadores sino por habitantes de la zona. El cambio climático está generando que grandes capas de permafrost se derritan en los polos norte, sur y cercanías. Así, estamos ante una de esas paradojas de este siglo en la que el proceso de nuestra propia extinción nos permite aprender más sobre animales extintos.

Los datos

  • Permafrost es una capa de suelo congelada por milenios.
  • El ADN de Dogor es distinto al de un perro y un lobo. Se trataría de un antepasado en común.

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Nada que nadar

Las impensadas y trágicas consecuencias de un implante cerebral electrónico para tratar el párkinson.

Nadar es la mejor alternativa para pacientes que se están recuperando de alguna lesión, que están en rehabilitación física o que requieren de un ejercicio que les impida chocar contra el suelo. A los pacientes de párkinson, por esa razón, se les recomienda hacer terapias físicas en agua. También se les colocan implantes electrónicos en el cerebro (electrodos controlados desde un dispositivo ubicado bajo de la piel). Estos permiten controlar esas ‘descargas’ que se dan en el cerebro con párkinson. Pero recientemente se ha descubierto en EE. UU. que nueve pacientes con implantes de estimulación cerebral profunda (como se les llama) han reportado perder la coordinación para nadar, reporta el New York Times. Uno estuvo a punto de ahogarse porque no se dio cuenta de la limitación hasta que se tiró al agua. De los casos reportados, en tres los pacientes señalaron haber podido recuperar el nado una vez que apagaron el controlador. No se conoce la razón por la que esto ocurre, pero médicos y fabricantes empezarán a advertir del potencialmente fatal efecto colateral. A nada.

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Desde lejos no ven

Los satélites de Elon Musk están arruinando la astronomía.

A los astros se les puede observar desde el espacio o desde nuestro planeta. En el caso de los telescopios ópticos, cuando el lente está en la tierra, mucho ayuda la ubicación y cuán despejado esté el cielo. Por eso es que hay lugares privilegiados para hacerlo como Atacama o Huancayo. Pero nadie contaba con Elon Musk y sus planes de lanzar 42 mil satélites alrededor del planeta para crear una ‘constelación’ artificial. Esta facilitará el flujo de información en el mundo. El problema es que genera una luminosidad que está haciendo imposible ver algunas de las 9 mil estrellas observables desde la Tierra, reporta Forbes. Según astrónomos, pese a no haber lanzado ni el 1 % de los satélites, las consecuencias ya son tangibles. Sin embargo, expertos aseguran que con una regulación más clara y ajustes podremos seguir disfrutando de las estrellas aun a pesar de Elon Musk.