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Energía nuclear: Modesto Montoya y el reactor de Huarangal

El científico Modesto Montoya recuerda los años que trabajó en el Instituto Peruano de Energía Nuclear y cómo regresó del extranjero para embarcarse en la aventura del reactor RP-10.

centro nuclear


Por Modesto Montoya

A principios de 1988 me encontraba en el Laboratorio Lawrence Berkeley cuando me enteré de que el doctor Víctor Latorre, mi profesor de Física Nuclear en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), había sido nombrado presidente del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), con la misión de terminar la construcción del reactor nuclear de investigaciones RP-10. Dejé todo para venir a trabajar en este proyecto retador.

Cuando el reactor entró en funcionamiento, entre fines de 1988 y comienzos de 1989, se empezó a irradiar sustancias en el núcleo. Las sustancias se convertían en radiactivas (radioisótopos) para incorporarlas a fármacos y usarlas en el diagnóstico de enfermedades.

Con un grupo de jóvenes físicos nos propusimos construir equipos para usar los haces de neutrones que salen a la sala experimental que rodea el reactor nuclear.

Con apoyo del Concytec, el año 1989 construimos la Facilidad de Neutrografía para hacer radiografías con neutrones. El año 1990 diseñamos un instrumento de difracción para estudiar las propiedades de materiales. Por falta de recursos, hubo retrasos en su construcción: solo el año 2000 pudimos obtener el primer resultado experimental.

A principios de los noventa, siempre con el apoyo de Concytec, pusimos a punto la técnica de huellas de fisión para fechar vidrios de erupciones volcánicas. La edad de los vidrios se calcula comparando el número de huellas producidas por las fisiones inducidas por los neutrones en el uranio 235 con el número de huellas producidas por fisiones naturales del uranio 238.

En 1995 conseguimos el apoyo del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para crear la maestría en Física Médica en convenio entre el IPEN y la UNI. Gracias a esta maestría, se cuenta con físicos médicos que permiten el uso de los radiofármacos producidos por el IPEN y de los aceleradores que adquirieron los centros de radioterapia.

Entre los años 2000 y 2006 dirigí el IPEN y logré que se empezara a publicar artículos en revistas indexadas y se solicitaran patentes de invención. En 2014 el IPEN dio por terminada la vigencia del convenio con la UNI para la maestría en Física Médica. El año siguiente renuncié al IPEN y pasé a la UNI, donde coordino la maestría, sin la cual no podríamos poner en práctica las innumerables aplicaciones médicas de las radiaciones.


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