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[Entrevista] Luis Alberto León: "El teatro me da más posibilidades expresivas”​

El pintor y dramaturgo acaba de estrenar Savia, dirigida por Chela de Ferrari, en el Teatro La Plaza.

Luis Alberto León

[Foto: Jessica Vicente]

Luis Alberto León estudió en la Facultad de Arte de la Pontificia Universidad Católica del Perú entre los años 1990 y 1993. [Foto: Jessica Vicente]

JESSICA VICENTE



Luis Alberto León se refiere a sí mismo como pintor y, luego, como aprendiz de dramaturgo. Su relación con el teatro se remonta diez años atrás, cuando se encargó de la escenografía de Bicho, de Juan Carlos Fisher. Así, fue desarrollando su curiosidad y fascinación por esta disciplina, hasta que en el 2013 La cautiva, su primera pieza, ganó el Festival Sala de Parto. Ahora, en una nueva colaboración con Chela de Ferrari, vuelve con Savia, una obra que trata en buena parte del holocausto durante la era del caucho. Entradas en Teleticket y boletería: https://goo.gl/Ck1sXc.

¿Qué te da el teatro que la pintura no?
Siento que la dramaturgia me da más herramientas para decir lo que quiero. No es que la pintura no baste, no es que con ella no se puedan expresar múltiples cosas, sino que en mi caso específico el teatro me da más posibilidades expresivas.

Savia forma parte de una trilogía que empezaste con La cautiva, y que cerrarás con La barragana. Las tres piezas, ambientadas en diferentes épocas, giran en torno a la violencia racista y clasista, y a la deshumanización del otro. ¿Por qué decidiste trabajar estos hitos históricos?
Porque son tres hitos que nos definen como nación o que han dejado una huella profunda en nuestra identidad y sociedad. La barragana se enmarca en el levantamiento de Juan Santos Atahualpa y habla sobre esta reivindicación social y sobre el mestizaje; entonces confluyen dos ideas muy poderosas. Es como si en el siglo XVIII se empezara a coagular esto que definimos hoy como la identidad nacional, que en realidad es una multidentidad. Savia, por otro lado, habla sobre un periodo de exterminio de ciudadanos peruanos que se dio en plena República; es decir, estas personas fueron consideradas infrahumanas.

Hace tres años cuando se estrenó La cautiva, anunciaste que La barragana iba a venir a continuación. Sin embargo, Savia se ha estrenado antes…
Sí, lo que pasa es que las obras van en sentido cronológico, pero regresivo. La cautiva no fue pensada inicialmente como la primera parte de una trilogía, sino que fue en el proceso mismo que se me ocurrió hacerlo. Antes de que hubiera escrito una sola palabra de La cautiva, quería hacer una obra donde se representaran estos tres eventos, pero como la extensión iba a ser considerable decidí hacer solo La cautiva, quizá porque el tema era más urgente, porque describo un contexto en el cual yo viví. Pero después me dije ¿por qué no regreso a la idea inicial de hablar sobre estos temas?’ Y partí la obra en tres.

Savia, el título de la obra, se refiere al látex que se extrae de los árboles. Pero en un nivel simbólico también hace referencia a la leche materna. En la obra es la nodriza, Mama Rosa, quien amamanta a don Jesús. Hasta este momento, el protagonista tiene una relación cercana y positiva con la cultura amazónica, pero se rompe con el crimen. A partir de ahí, la posición de don Jesús frente al mundo indígena se define: será un monstruo explotador.
Así es. No es que le quite responsabilidad al protagonista, pero, a lo largo de nuestra educación nos van inculcando ciertos prejuicios. El racismo, el clasismo nos los van imponiendo, y nosotros los vamos asimilando como propios. Desde la infancia somos condicionados para ser de esa forma, para ser machistas, racistas, clasistas.

Justamente es la madre, quien representa los peores defectos de la sociedad occidental tradicional, quien separa a don Jesús de Mama Rosa, y le va inoculando este veneno al protagonista…
Correcto, es como la mala leche. La mala leche simbolizada, además, en ese helado que él quiere comer, o sea el helado como esa leche fría, edulcorada. Los monstruos, como bien dijo Chela, no son productos espontáneos, sino que son creados y criados por la sociedad, y hasta son entronizados por ella. En el caso de [el cauchero Julio César] Arana, lo escandaloso de la situación fue que esos crímenes ocurrieron con el aval del Estado, de la sociedad. Porque la gesta de esos empresarios caucheros era vista como una gesta civilizadora, como algo que iba atraer progreso, bienestar; que iba a domar la selva salvaje y a civilizar a toda esta raza de gente despreciable.

En la obra encontramos también referencias a la mitología amazónica y, principalmente, a la mitología y la tragedia griegas. Por ejemplo, esto se puede ver en estas tres mujeres indígenas que aparecen como una especie de Erinias para purgar y castigar los crímenes de don Jesús.
Bueno, es que finalmente estoy haciendo teatro. No es que haya tomado directamente estos referentes, sino que, si haces teatro, inevitablemente vas a volver a esas fuentes.

Claro, pero vemos también una intención clara de volver a los orígenes mismos, a la función ritual y catártica del teatro clásico.
Definitivamente. Eso me interesa muchísimo, el aspecto de la catarsis, el reordenamiento, la armonización del mundo a través del ritual, de una alianza con las deidades. Esto es algo que de repente se va perdiendo en el arte contemporáneo.

En Savia hay también una especie de reclamo contra la violencia histórica que se ha dado contra la mujer, en la imagen de las chicas, de la nodriza; aunque con la madre hay una relación ambigua.
Estás insertando la obra dentro de una agenda actual de la reivindicación de la mujer, pero la obra tiene su propia agenda: hay una mala leche que nos inculcan, y esta genera devastación, de eso trata la obra. Pero es cierto que en Savia también hay una puesta en valor de la sabiduría femenina. Hay que tener en cuenta que son tres mujeres, no hombres, las que reclaman sus cabezas. Estas no se insertan en el tópico de la mujer sumisa y amorosa, de la mujer como representante de lo salvaje; salvaje es el protagonista. Estas son mujeres que piensan, que elaboran una estrategia para recuperar su identidad, son proactivas, luchadoras, inteligentes. Se relacionan más con Palas Atenea, la diosa de la sabiduría, la civilización, la estrategia, las ciencias, la justicia y la habilidad. Don Jesús, por otro lado, es Saturno, el dios devorador.

En una entrevista anterior comentaste que también estás trabajando en una obra sobre la Biblioteca Nacional.
Es una obra que todavía está en evolución. Básicamente de lo que habla es del abandono del Estado a la Biblioteca Nacional, que fue la primera institución fundada en la República; el abandono a la cultura, al saber, y cómo ese saber en formas de libros, a través de los robos, se convierte en mercancía. Pero todavía no tengo muy claro qué hacer con ella.

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