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[Entrevista] Norman Ohler: “Hitler estaba desquiciado por el uso de drogas”

El investigador alemán estuvo en el Hay Festival Arequipa y en el Goethe-Institut de Lima, donde habló sobre los nazis y las metanfetaminas.

Norman Ohler

Norman Ohler se licenció en periodismo en la Universidad de Hamburgo y cursó estudios en ciencias culturales y filosofía. [Foto: Paco Sanseviero]

Norman Ohler se licenció en periodismo en la Universidad de Hamburgo y cursó estudios en ciencias culturales y filosofía. [Foto: Paco Sanseviero]

Paco Sanseviero



El nazismo parecía ser un tema agotado. Sin embargo, el periodista e investigador Norman Olher se internó en los archivos del Tercer Reich y destapó una especie de caja de Pandora. Sacó a la luz la documentación que probaba la cercana relación que existió entre Hitler y las drogas. El resultado es el bestseller High, Hitler. Las drogas en el III Reich, un libro sorprendente que habla de ese estado de alucinación en que vivió el Führer durante la Segunda Guerra Mundial. Ohler visitó nuestro país para hablar del consumo de metanfetaminas, cocaína y otros fármacos durante los siniestros años de la Alemania nazi.

Dices que la rápida ocupación de Francia por las tropas nazis se vio facilitada por las drogas. Con esto quiebras un tabú sobre el uso de sustancias prohibidas entre los ejércitos durante los enfrentamientos.
Sí, fueron muy importantes para la invasión de Francia, y de Polonia y Bélgica, esa guerra relámpago que era la estrategia alemana. Entre los soldados de la Wehrmacht se suministraron 35 millones de dosis de Pervitin, una metanfetamina parecida a los cristales actuales, para que no se cansen ni tengan sueño. Por eso podían atacar de noche, mientras los franceses dormían. Pero la droga les daba mucha fuerza solo por un corto periodo, después necesitaban descansar pues les dejaba el cuerpo destrozado. Por eso el uso de esta sustancia tuvo un efecto contrario durante la invasión de Rusia, cuando los enfrentamientos fueron mucho más prolongados. Ahí ganaron los rusos que, en cambio, tomaban vodka, que era una droga mucho más efectiva para una campaña así.

¿No crees que fue un suicidio a largo plazo depender del uso de drogas tan nocivas?
Sí, en un sentido fue una especie de suicido porque este éxito tan apabullante y veloz les hizo creer a los nazis que eran invencibles. Este truco terminó siendo, como dices, contraproducente. Es decir, las tropas tenían excelentes armas, estaban bien entrenadas, pero se crearon falsas expectativas que después no se cumplieron en otros escenarios.

¿Sabes si los aliados también usaron drogas, aparte del vodka de los rusos?
Los franceses tomaban vino tinto y los ingleses, cuando descubrieron el uso de las metanfetaminas por los alemanes, también desarrollaron su propio programa.

Norman Ohler

Norman Ohler ha sido corresponsal en Ramallah, Palestina, y ha escrito guiones cinematográficos. [Foto: Paco Sanseviero]

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En el caso de Hitler, lo que cuentas es que ante la opinión pública se presentaba como alguien sano, vegetariano, que no bebía alcohol, y que todo el día estaba trabajando por el pueblo alemán. ¿Todo eso era posible por el uso de drogas suministradas por su médico personal?
El médico, el doctor Theo Morell, cuyos archivos revisé en Estados Unidos, fue la persona más cercana a Hitler. Pasaban juntos la mayor parte del tiempo y fue él quien lo hizo dependiente de las drogas. Le inyectaba una, dos veces al día, combinaciones de hasta más de 70 estimulantes distintos (sobre todo metanfetamina, cocaína y Eukodal, un primo hermano de la heroína, así como otras hormonas de origen animal). Él describía luego todas las reacciones que tenía Hitler. Es decir, toda la “normalidad” de la que hablaba Hitler no era tal. Su vida estaba completamente desquiciada por el uso de las drogas. Entender a Morell es la clave para entender a Hitler.

¿Qué buscaba Morell con este tratamiento que, como dices, es desquiciado?
Hitler tenía la obsesión de estar siempre por encima de todas las cosas. Quería estar en actividad todo el tiempo, estar al tanto de todo y tomar todas las decisiones. Esto, obviamente, lo agotaba. La solución se la daba Morell. Le suministraba sustancias para crear lo que llamaba la “recuperación instantánea”.

Por eso Morell se volvió el hombre más importante de Hitler.
Morell asistía a los estados mayores, esas reuniones donde se discutían las estrategias y el movimiento de las tropas. Esto molestaba mucho a los generales porque él no era militar. Por eso, cuando Morell es capturado por los aliados, estos tratan de obligarlo a declarar todo lo que sabe. Sin embargo, nunca llegó a decir nada. Todo lo que conocemos hoy es a partir de sus archivos que también fueron confiscados.

Sobre Hitler se ha escrito demasiado y existen teorías conspirativas que, incluso, mencionan que nunca se mató en el búnker. ¿Has investigado también al respecto?
El libro trata también de desenmascarar ese mito llamado Hitler. Lo que afirmas es, efectivamente, un mito. No existe ninguna prueba de que haya sobrevivido a la guerra, aunque sí se sabe que muchos nazis huyeron hacia América Latina, sobre todo a Argentina.

¿Qué opinas sobre el surgimiento de grupos neonazis o de extrema derecha en Europa en medio de una crisis desatada por los migrantes de Siria?
En Alemania es considerado un crimen hacer apología al nazismo o exaltar la figura de Hitler. Sobre los grupos de extrema derecha, creo que son todo un reto para la democracia contemporánea… Alemania, por ejemplo, se ha convertido en un estandarte en la búsqueda de soluciones a la crisis de los migrantes; en ese aspecto respaldo la actitud decidida y valiente de la canciller Angela Merkel.

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