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Rafael Yockteng: “La sociedad siempre trata de encasillar a los niños en un sitio que no existe”

El ilustrador peruano-colombiano, cuyo trabajo destaca en el rubro de libros infantiles, nos visitará para la próxima feria La Independiente.

Yockteng

Yockteng dictará talleres para mediadores de lectura y editores. Información en la web de La Independiente.

El ilustrador Rafael Yockteng es parte del equipo creador de libros infantiles como Camino a casa o Eloísa y los bichos. Ambos textos —escritos por Jairo Buitrago— han llamado la atención por tocar temas de los que usualmente no se les habla a los niños, como la muerte, los problemas sociales y la migración.

Y de eso habló con nosotros antes de su visita a la capital. A fin de mes, Yockteng estará en Lima para dictar algunos talleres y dar charlas con ocasión de la tercera edición de La Independiente, feria de editoriales peruanas.

¿Por qué te dedicaste a trabajar en el mundo de la literatura infantil?
Creo que tiene que ver con mi forma de ser. Si bien no solo trabajo temas para niños, mi vida laboral me ha llevado a especializarme en este campo. Me gusta mucho. Me gusta mucho el juego, y creo que empecé la carrera de ilustrador tratando de hacer imágenes que tuvieran que ver con los juegos. De pronto, cuando uno crece, pierde esa noción de jugar y ve todo trabajo y seriedad, pero el momento del juego para mí es muy importante porque es un momento de aprendizaje también, un momento de crecimiento, de relacionarse con las personas. Y sí, tiene que ver mucho con cómo soy yo y con lo que hago.

La literatura para niños ha estado más relacionada con la fantasía y las moralejas, y lo tuyo es completamente distinto, es más realista.
A mí me gusta hablarles a los niños de esta forma: decirles que les puede pasar esto o aquello, que hay personas a las que les va bien, a las que no les va tan bien y que hay también personas que sufren… Los padres y la sociedad siempre han tratado de encasillar a los niños en un sitio que no existe, o que existe tal vez en la mente de los gobernantes o de ciertas personas que creen que un niño está bien solo por ser niño y que supera las cosas fácilmente y que solo cuando es adulto empieza a generar pensamientos profundos, y eso es totalmente falso. A un niño se le muere el papá, un niño tiene que viajar, que migrar…, a un niño le pasan exactamente las mismas cosas que le pasan a un adulto y creo que hay formas de decirle que la vida no es perfecta sin hacerle daño, proponiéndole un camino. Todo esto sin ser moralista, simplemente contando historias de cosas que nos pasan a todos.

Tal vez subestimamos un poco la infancia
Sí, claro. Los niños no son de interés para la mayoría de los políticos y de las personas, muchas veces incluso para los padres, y eso se ve incluso a nivel educativo. Todos los países de Latinoamérica tenemos este problema, sobre todo a nivel de educación pública.

¿Cómo se prepara una persona que hace literatura para niños? ¿Se capacita de alguna forma?
Nunca he tenido una capacitación especial para esto. Después de hacer libros, he recibido mucha información con respecto a estos temas, pero los libros que hice —sobre todo los que hice al inicio de mi carrera— no surgieron de una educación formal mía para hablarles a los niños. Yo creo que fue mi manera de contar las cosas. Creo que tuvo mucho que ver con el hecho de que yo me había cambiado de país, había llegado a Colombia y me había convertido en migrante. Tener que decir todo eso con imágenes es lo que ha hecho la diferencia en mi trabajo.

¿Tu experiencia migratoria fue positiva?
Fue. No sé si positiva o no, pero fue y es algo que me ha hecho la persona que soy. Me hace cuestionar muchas cosas y muchos episodios a lo largo de mi vida en Colombia y Perú, aunque no tengo muchos recuerdos de cuando estuve en el Perú, mis cuatro primeros años, pero sí los tengo de cuando llegué a Colombia y del cambio que significó para mí. Me encontré con otra cultura, con otro clima, con rechazos y acogidas también en diferentes niveles, y con la necesidad de querer quedarme en este país para hacer una vida siendo peruano. Yo todavía tengo mi pasaporte peruano. Creo que uno no debería cambiar nunca su nacionalidad: tú naciste en un lugar, tu punto de origen es un sitio en el globo terráqueo. Uno no tiene que dejar eso de lado. Por lo demás, creo que todos somos migrantes, desde el inicio de los tiempos.

Tus libros tocan temas bastante políticos. Hablas de migración, de desapariciones. ¿Es intencional?
No, no lo es. Para crear un libro trabajamos tres: yo lo ilustro, Jairo Buitrago escribe y María Osorio edita. Y nuestra idea es simplemente acompañar al lector y pensar no en una causa, sino en contar una historia, aunque finalmente eso siempre ha sido una carga social.

Cae muy bien en este contexto que varios cuentos tuyos estén protagonizados por niñas.
Jairo y yo siempre tenemos a niñas como protagonistas. Nos encantan. Tenemos algunos niños, sí, pero nos gusta mucho más que sean niñas las protagonistas. No pienso mucho en las diferencias entre niños y niñas, los veo como iguales, ambos tienen y pueden tener protagonismo. ¿Por qué lo hacemos? Tal vez es parte del romanticismo que le hace a uno pensar que en un mundo mejor no se hacen distinciones. Tal vez es que estamos enamorados de la figura de la mujer.

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