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Ale Hop abrirá el concierto de Julia Holter [ENTREVISTA]

El 12 de octubre, en el bar Bazar de Miraflores, teloneará junto a Cristina Valentina en el concierto de Julia Holter.

Se llama Alejandra Cárdenas, pero su inmenso lado creativo lo firma como Ale Hop. Vive dos tercios del año en Alemania, donde estudia y produce y toca una música difícil de catalogar, que a falta de mejor nombre da en llamar “experimental”. Recientemente presentó un DVD llamado Pangea, donde las canciones y los videos funcionan como una suerte de película fraccionada. Está a punto de lanzar un nuevo disco en colaboración con Ignacio Briceño (voz y guitarra de la banda Cocaína), y se prepara para telonear, junto a Cristina Valentina, a la estadounidense Julia Holter este miércoles 12 el bar Bazar (Francisco de Paula Camino 231, Miraflores).

Sospecho que la mayoría de gente piensa en otra cosa distinta a lo que haces cuando le hablan de “música electrónica”. ¿Prefieres noise pop? ¿Música experimental?
Yo soy una música y productora que experimenta, aunque no sé si me sienta cómoda con eso, con las categorías… Me gusta salir de mi zona de confort y tentar nuevas cosas, permitirme ser vulnerable y probar con las herramientas digitales y los pluggins y ver qué pasa, ¿no? Siento que es como jugar un poco. Hago música electrónica, pero empleando también instrumentos convencionales, como guitarra, y canto —muy mal, pero igual lo hago—. Y mezclo, mezclo todo.

¿A qué suena tu trabajo, quiénes serían tus referentes?
La verdad, no sé. Nunca sé a qué se parece mi música. Siempre que termino de hacer algo me lo pregunto, a qué suena.

¿Y a qué suena?
¡No tengo la menor idea! Nunca encuentro un grupo o alguien con el que diga “Quizá me copié de este”. Jamás. Por supuesto que he encontrado cosas parecidas, sí, pero iguales no…

¿Eres consciente de que tu música puede ser difícil de aprehender por un público amplio?
Sí, supongo que sí. Igual empecé tocando en bandas como Las Amigas de Nadie, pero poco a poco la cosa fue “degenerando”, le fui metiendo más y más cosas de electrónica, raras. Finalmente he seguido un camino, el mío, una forma de evolución natural.

portada del disco

¿Qué cosa es Pangea?
Al momento de componer pienso bastante en imágenes. Quería hacer una película con mis canciones, siento que tienen un carácter muy cinematográfico. Entonces es un DVD de 11 temas en el que cada uno tiene un video, que se pueden oír y ver por separado, o como un todo. Pienso mucho en la atmósfera que se va creando en cada canción, más que en el plan “hagamos una estrofa, un coro, otra estrofa, otro coro…”.

Pero, ¿en qué se diferencia, digamos, de quien hace un disco con 11 canciones, y luego produce un video para cada una?
Bueno, estaba obsesionada con hacer una película, hacer 11 canciones que se unan y que eso sea una sola cosa. Pero no tenía tanto presupuesto, y la solución más práctica fue acudir donde un montón de amigos que hacen video, diseño, animación, y unirlos al proyecto. Me senté con cada uno de ellos y les expliqué mi idea, pensé que no importaba tanto que la estética de cada video fuera distinta porque al final la narrativa estaba dada por la música. Componer y grabar tomó como siete meses, y los videos, un año. Para mí funcionó, el resultado es orgánico. Investigué un poco, y realmente hay muy pocos proyectos así, ninguno en Latinoamérica.

¿Te sientes aún cómoda haciendo otras cosas, rock, por ejemplo?

Siempre me llamó mucho la atención que varios músicos y productores que admiro no solo tengan sus bandas sino también proyectos colaborativos, tipo David Bayrne y Brian Eno, y que firmen discos juntos que van totalmente aparte de sus propios trabajos. Me interesa juntarme con alguien más y entrar en planos diferentes al mío, conceder, aprender.
       La noche que murió Gustavo Cerati, en setiembre del 2014, salí a la calle y me encontré con Ignacio Briceño [de la banda Cocaína]. Empezamos a hablar y a repasar los discos de Cerati, cómo tocaba la guitarra, cómo usaba los efectos, y cómo evolucionó con las pistas electrónicas… al final decidimos hacer un disco juntos, uno que podría decirse de baladas de rock (aunque igual le he metido cosas de electrónica). El resultado es extraño, me gusta. Y sí, ha sido bonito volver al rock con batería y guitarras. El disco está por salir en unas semanas, se llama The Way of Love.

¿Haces sola toda la música de tus discos, te encargas de las pistas y los instrumentos?
Toco un poco de todo, pero decir que soy multiinstrumentista suena pedante, ¿no? Comencé con el piano, mi mamá es pianista del conservatorio. Luego me obsesioné con tocar batería. Quería una, pero eran tiempos difíciles —los noventa— así que alcanzaba para una guitarra eléctrica. Y me dije “bueno, guitarra será”, y así… Me sirve más que para tocar en vivo, para ser mi propia productora musical, para tener una idea de todo.

¿Has producido para otros?

He hecho un poco de cine. Acabo de terminar cuatro tracks para la reedición de la película Videofilia.

¿Qué haces en Alemania?
Estudio una maestría en Estudios Sonoros en la Universidad de Artes de Berlín. Suena bien, ¿no? He tocado en República Checa, Suiza, España. También toco en Berlín, claro, y me acaban de convocar para musicalizar una performance. ¡Y me pagan por hacerlo! Hay más  oportunidades para lo que hago, más público, escena, industria. Tampoco es inmenso, pero a mí me está yendo más o menos bien, y creo que hay espacio para todos.

Tú y Cristina Valentina abrirán el concierto de Julia Holter, este miércoles 12. ¿Cómo se dio ello?
En el 2013 me fui a Nueva York, a una residencia de la Red Bull Academy, y asistí a una clase maestra de Julia Holter. Contó cómo había hecho su disco, que produjo sola, con su piano, en su estudio casero. Cuando lo oí me quedé impresionada. Y luego la fui a ver a un concierto y me impresionó aun más. Es pop y a la vez muy experimental. Me hice fan. Esto y el disco con Ignacio fueron los dos motivos de este viaje a Lima.

¿Es idea mía, o de pronto aparecieron un montón de chicas que hacen música parecida?
Creo dos cosas. Una, que hay demasiado indie en la música. Me gustaría escuchar más otros géneros, y menos grupos que tratan de tocar como el indie argentino. Ya está bueno, ¿no? Sobre el asunto de las chicas… pienso que tiene que ver con el machismo de las mujeres. Lo primero que suelen querer hacer es cantar. Mujer=cantante, o toca un poco el piano, pero siempre delicada. Cuando voy a tocar y comienzo a conectar mis cables, no falta un hombre que venga y me diga “¿Quieres que te ayude?”, o “Creo que no lo estás haciendo bien, déjame a mí”, y me he peleado con un montón de sonidistas. No veo muchas chicas cargando sus cosas, sabiendo realmente lo que hacen en cuanto a sonido. Solo quisieran cantar y figurar adelante, y tomarse la foto. Me encantaría verlas conectando máquinas, tocando sintetizadores, baterías. Si tengo que agarrar un destornillador y ver cómo funcionan todas mis cosas, lo hago. Me han dicho que toco como hombre, y no sé si es un halago o un insulto, pero… me gustaría ver más chicas “tocando como hombre”. No me refiero a todas, hay excepciones.

¿Quién te gusta, por ejemplo?
Alessandra Robertson, de Mercury Toys: la vi una vez tocando batería, luego bajo, y me pareció que sabía lo que hacía. Hay buenas compositoras. Cristina Valentina me conmueve.

Después de Las Amigas, ¿no te ha provocado volver a hacer algo “simple”? ¿O es que el camino hacia la experimentación solo va a seguir complejizándose?
He estado pensando en que me gustaría volver a la canción… esto va en contra de todo lo que he dicho hace poco, pero me encantaría hacer un disco folk en plan mi guitarra y yo. A veces, cuando empiezas a producir y sacar las herramientas, a buscar siempre lo nuevo, pierdes un poco la idea de producir una canción. Casi todas las letras de mis canciones actuales son como mantras que se repiten una y otra vez.  Me gustaría en un momento volver a escribir canciones-canciones. Como volver a recuperar una forma de pureza.

¿Qué sigue?
Un nuevo disco, mucho menos noise que Pangea, solamente dos canciones de 15 minutos, pero sin tantos elementos, con pianos. Igual, súper extraño.

¿Y con la misma pretensión multimedia?
Es difícil en estos tiempos no pensar en medios, y está bien que sea así. Es más, creo que muchas bandas de aquí se olvidan, van a una sala de ensayo, graban y piensan que eso es un disco. Hacer un puñado de canciones no es hacer un disco, hacerlo es crear un concepto. Y luego pensar en la imagen de dicho concepto, la foto, lo que quieres transmitir en el escenario a nivel permormático, de video... Excede al “músico” e involucra al “artista”.

De alguna manera me lo acabas de responder, pero ¿tu pulsión creativa acaba con la música o tienes otros intereses?
Considero que existe la idea equivocada de que uno solo escucha con los oídos y ve con los ojos. Creo que uno también puede “escuchar” con los ojos, con el cuerpo. A la hora de componer también puedes usar tus otros sentidos. Por otro lado, formo parte también de un estudio de diseño. Hago video y programación y diseño web. Soy programadora y diseñadora web. También un poco de programación en música, algoritmos, variables…

Tienes un cerebro medio ingenieril, ¿no es cierto? Además de artístico, quiero decir.
Yo quería ser ingeniera, pero no me dejaron. Como mis papás son arquitectos… les dije “Quiero ser ingeniera de sistemas”, y me dijeron “No, tienes que estudiar Arte”.

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