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[Entrevista]Carmen Fernández: “Miró dejó un mundo propio en el contenido y la forma”

Una charla con la curadora española a propósito de la extraordinaria muestra Miró: la experiencia de mirar en el MALI.

Carmen Fernández

La muestra está compuesta por 18 pinturas, 6 dibujos en gran formato y 26 esculturas del artista español Joan Miró.  [Foto: prensa MALI]

prensa MALI


Forma parte del equipo de curaduría de la colección Joan Miró en el Museo Reina Sofía de Madrid. En estos días, Carmen Fernández se encuentra en Lima para organizar una de las exhibiciones más importantes de los últimos tiempos en nuestra capital, Miró: la experiencia de mirar, dedicada a la última etapa creativa del artista catalán.

A diferencia de su obra —de colores y formas lúdicas—, Miró era un hombre parco, que solía dar pocas entrevistas, y que, a lo largo de sus 90 años de vida —Barcelona, 1893-Palma de Mallorca, 1983—, pasó por distintas etapas, desde el surrealismo hasta estilos mucho más libres.

La exposición que se presenta en el MALI está centrada en los últimos 20 años de la vida de Miró, cuando se trasladó a Mallorca. ¿Qué particularidades tiene esta fase de su vida?
Es una etapa de madurez en que retoma —a finales de los años cincuenta— la pintura y la escultura. La obra de Miró pasó por distintos momentos. Fue un artista muy importante en los años veinte y treinta, ligado al surrealismo. Luego, durante la guerra civil española, trabajó en Francia, donde conoció a Picasso y a los poetas surrealistas; después, volvió a España, entre 1939 y 1940, y finalmente partió a Nueva York, donde en 1941 se realizó una gran retrospectiva de su obra en el MoMA. Entonces, cuando se instaló en Mallorca, tenía más de 60 años, y pudo hacer una revisión de su obra. Ahí montó un taller muy grande y pudo exhibir todos sus trabajos anteriores. Fue un momento de reflexión, en el que volvió a trabajar en relación con el desarrollo que estaba teniendo el arte con el expresionismo abstracto y el pop. Fue una etapa muy creativa en la que evolucionó hacia los formatos más grandes.

¿En sus pinturas aparecen esos fondos blancos que hoy son característicos de su obra?
Hay todo tipo de trabajos. A partir de los sesenta empezó a hacer unas obras que son casi monocromas. Las que se ven en esta exposición tienen fondos blancos; pero también hay una serie con fondos azules, que es una revisión de la primera pintura que hizo en la época del surrealismo. Son pinturas con fondos muy trabajados; pero que parecen indeterminados, y que tienen alusiones a las constelaciones, las estrellas, a la representación de la figura femenina ligada a la tierra y la naturaleza.

Usted ha dicho que, en esta etapa, Miró se empeñó en ir más allá del objeto-cuadro-escultura, aprehendiendo la totalidad de la experiencia. ¿A qué se refiere?
Miró, básicamente, era pintor. Pero, a finales de los veinte, existía una corriente que trataba de romper con la idea comercial de la pintura como algo bonito, estético, que tenía una función dentro de la sociedad burguesa. En esa búsqueda, Miró comenzó a hacer esculturas con objetos encontrados en el campo, en la playa... Desde un punto de vista muy poético, él tenía la idea de mostrar un objeto que era a la vez una obra de arte. Por ejemplo, hay una obra emblemática de esa época que se llama “Personaje” y que está hecha con un perchero. Después, hay otras obras que se llaman objeto-pinturas, en las que añade elementos pictóricos. En la exposición se ven esculturas de los sesenta y setenta, con trazos e imágenes. La estrella, por ejemplo, aparece en todas ellas.

Hay un cuadro famoso, “Mujer, pájaro y estrella”, que se ve en la muestra y que está dedicado a Picasso. ¿Por qué es tan importante?
Es la primera obra de Miró que el Estado español compró en 1978, después de la muerte de Franco (el artista siempre fue un opositor del régimen franquista), y que entró a formar parte de las colecciones públicas. Es una obra importante que empezó tras la muerte de Picasso. Por eso se la dedica. Si bien la mayoría de los cuadros de Miró están titulados en francés, esta vez le puso el nombre en español; en la parte de atrás, escribió: “Homenaje a Picasso”, en catalán. Él sabía que Picasso había vivido en Barcelona y era un juego de dos grandes maestros que revolucionaron la pintura.

¿Cuánto cree usted que influyó Picasso en Miró?
Miró era más joven que Picasso, y en los veinte su obra estaba ligada al paisaje, a la representación del campo de Tarragona. Él conocía toda la ruptura artística de Picasso, y digamos que adaptó el cubismo a su estilo, que era más figurativo. Había ahí algo de fauvista también. Yo creo que Miró siempre trató de ser un artista muy original.

Se ha hablado mucho del infantilismo en su obra, de lo naif, pero esta tuvo un lenguaje particular difícil de clasificar.
Él dejó un mundo propio tanto en el contenido como en la forma. Creo que nos dejó la impronta de un artista que inventa rompiendo todos los convencionalismos. Él representa la libertad en la creación. Eso es lo que permanece.

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