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Una entrevista al director teatral Sergio Llusera

Sergio Llusera, director de "¿Quieres estar conmigo?": "Tenemos que comprender ese espacio mítico que fueron los ochenta"

Una entrevista al director teatral Sergio Llusera

Una entrevista al director teatral Sergio Llusera

Sergio Llusera es el actor y director (tetral y del centro cultural de la Universidad del Pacífico) que hace poco estrenó "¿Quieres estar conmigo?", una de las obras más populares del teatro peruano contemporáneo. Escrita por Roberto Ángeles y Augusto Cabada, fue montada en 1988 y repuesta en 1994, en ambas ocasiones con repartos de jóvenes promesas que se han convertido en presencias claves de la actuación y la dramaturgia de hoy. Llusera —un hombre que pese a estar siempre ocupado no deja de sonreír y de ser amable— asumió el reto de compartir en el magnífico teatro de la universidad esta hermoso, divertido y conmovedor viaje a la Lima de los ochenta.

Cuéntame cómo fue para el adolescente que eras en 1988 la experiencia de ver el primer montaje de "¿Quieres estar conmigo?".
Fue un descubrimiento, una especie de revelación en la que, de pronto, supe que eso era lo que quería hacer: teatro. Eran códigos nuevos, frescos, livianos y profundos al mismo tiempo, contemporáneos.

¿Por qué crees que es tan importante una pieza como esta? 27 años después de su estreno —y 37 del inicio de su ambientación— ¿qué tiene que decirnos? ¿Con qué nos interpela?
Creo que la de los ochenta fue LA década en la historia del Perú contemporáneo, en la que el país comienza a reestructurarse hacia lo que es hoy, dejando atrás la época del gobierno militar y los cambios que supusieron esos mismos años. La década de la vuelta a la democracia, de la escalada a la violencia, de las crisis y desencuentros profundos no solo económicos, sino sociales, culturales, etc. Es potentísima. Y creo que para entendernos, tenemos que comprender ese espacio mítico que suponen esos años, de los que a veces queremos huir en la memoria, pero de los que proviene todo lo que ahora está sucediendo, para bien y para mal. Y esta pieza planteaba algunas preguntas fundamentales en el mismo momento en que ocurrían las cosas. Ni siquiera hoy en día, a veces, es posible mirar lo que pasaba en ese momento con cierta coherencia y distancia, pero "¿Quieres estar conmigo?" lo hizo en medio de la turbulencia que supone estar viviendo lo que estás intentando retratar. 

Has hablado en alguna ocasión de la resiliencia de esa generación.
Creo que la generación que vivió directamente su adolescencia y juventud durante esa década fue de sobrevivientes, sin tener conciencia de que lo eran. No había Internet, ni cable, por lo que estaba bastante aislada del mundo y, por ello, el mundo era lo que vivían cotidianamente. Y se adaptaron: siguieron viviendo, estudiando, enamorándose, soñando. Algunos negando lo que ocurría, mientras pudieron, pero la mayoría incorporándolo a su vida. Creo que eso pasó en muchos niveles de la sociedad. Aún hay muchas cosas por entender, hablar y curar, pero creo que no tendríamos el país que hoy tenemos si ese factor no hubiera estado presente.

¿Dónde están hoy Charo, Nani, Alberto, Bernardo?
La mitad de esa clase media está viviendo fuera del país. De la otra mitad, seguramente el 50 o 60% estarán dirigiendo sus empresas, o en altos puestos directivos. Es lo que ha pasado. El resto en el ámbito académico o en el sector público o trabajando en organismos internacionales o del tercer sector. Estamos hablando de una generación con estudios universitarios, de clase media acomodada, en una época en que la educación superior no estaba tan extendida. 

¿Qué opinas cuando ponen esos reportajes en los que los chicos no reconocen a personajes como Morales Bemúdez, Belaúnde, Guzmán o Polay?
Me da pena y miedo. Pena porque creo que su vida está tan determinada por esos personajes que me parece imposible que no los conozcan, que no se reconozcan, no literalmente, sino como consecuencia de lo que pasó antes de ellos Y miedo porque si no hay memoria no hay posibilidad de aprendizaje de los errores del pasado. Pero, en todo caso, la pregunta es cómo se está trabajando la memoria histórica reciente en el país, a nivel de escuela, universidad, de políticas culturales.

¿Qué ha cambiado entre los chicos y los adultos jóvenes de la obra y los de hoy?
Todo es más fácil, creo. Para todos, incluso para los privilegiados de entonces la vida era más difícil. Y no más difícil porque no había Internet, sino porque no había agua, luz, libertad de circulación a ciertas horas. También creo que eso traía algunas ventajas, siento que había más solidaridad y una mirada más de mediano plazo. Ahora todo es más inmediato, lo que lleva a un deterioro de los procesos y las relaciones. Y mucho más individualista, con lo que tiene de bueno eso, pero con todo lo negativo que podemos asociar al concepto.

Más allá de lo utilitario, en tu versión has incluido piezas en video. ¿Era necesario contextualizar al público?
Hay dos líneas de “dramaturgia” en los videos, si cabe el término, que realizaron Javier Becerra y Chaska Mori. Los videos documentales, con un excelente trabajo de investigación de Javier, tienen por objeto contextualizar, efectivamente. Era mi intención desde el inicio para intentar aclarar un poco, justamente a esas generaciones que no vivieron esos años, lo que se vivía. Creo que las imágenes, algunas frases —a manera de eslogans de las épocas que se retratan, buscan generar esa sensación. Con Chaska armamos una segunda línea, que consistió en realizar entrevistas a un grupo de personas que pudieron ser los protagonistas de la época. La idea era que nos hablen de esos años desde su mirada actual. Una mirada que ha cambiado, en muchos casos, como hemos cambiado todos y ha cambiado el país. Pero que, al mismo tiempo, revela que hay cosas que permanecen y que quizá no deberían permanecer.

Tu elenco es un notable conjunto de promesas. ¿Qué piensas cuando recuerdas a los miembros de los elencos originales?
Pienso que esta obra ha sido la catapulta de varios elencos generacionales, y espero que lo sea con este. En todo caso, creo que son parte de los mejores actores de su generación.

¿Hiciste trabajo de investigación con ellos?
Sí, tuvimos la suerte de contar con el apoyo de algunas personas que contextualizaron a los actores, vimos algunas películas, discutimos sobre los temas que toca la obra. Los actores tampoco han vivido esos años y necesitaba que se “impregnaran” de la sensación de la época.

Salgamos del tema. Más allá de la cantidad de estrenos y público en las salas, ¿qué piensas de la dramaturgia peruana actual? ¿Qué tal la calidad de los nuevos escritores de teatro?
Creo que estamos en un excelente momento. Me encanta que los concursos de dramaturgia, que ya tienen algunos años, estén comenzando a dar sus frutos. Y me refiero a que están atrayendo a personas de otros ámbitos no solo teatrales, sino de la literatura, de las comunicaciones y el cine, entre otros, que se están animando a escribir. Eso me parece fundamental. Para incorporar otras historias, otras experiencias. La técnica se va aprendiendo en el camino, pero los contenidos vienen con el autor. Creo la dramaturgia peruana contemporánea se mantuvo mucho años, quizá como reacción a la vivido, en pequeñas historias familiares, un poco descontextualizadas de lo que pasaba en el país. Casi como que si pudieran suceder en cualquier parte del mundo. Creo que poco a poco estamos construyendo discursos contextualizados, sin por ello renunciar a la universalidad de los mismos.

¿Cómo se dio tu transición de actor a director?
Bueno, creo que sigo siendo actor. Hace poco estuve en una obra que dirigió Alberto Isola, "Casi Transilvania", y me encantó regresar a actuar. Solo que no lo hago tanto porque el dirigir toma mucho tiempo y energía. Al menos para mí, que además dirijo el Centro cultural de la Universidad del Pacífico. Creo que son espacios distintos, no en contradicción, pero distintos. Y cada cual tiene lo suyo. Actuar es mucho más catártico, liberador y corporal. Tiene un componente muy lúdico, además. Dirigir es más, muchísimo más cerebral. Hay juego, claro, pero mucho pasa por la cabeza, durante o después de. Son canales distintos, simplemente, cada cual te permite expresar cosas diferentes. La dirección, en todo caso, te permite construir un universo completo. La actuación te permite construir el universo de tu personaje, que se mueve en un universo que no has creado tú.

Y hablando de tu rol al frente del centro cultural, ¿qué retos conlleva?
El principal, el de gestar cultura en el Perú, es la falta de tiempo. Creo que todos los que estamos metidos en esto lo vivimos. Gestar con fondos escasos, con pocas ayudas, sin renunciar a la calidad y profundidad de los discursos, es complejo para los que están metidos en el sector. Felizmente me encuentro en una institución que valora el aporte de lo cultural a la sociedad y a su propia comunidad y eso nos permite trabajar con mucha mayor holgura que otras instituciones. Pero trabajamos en un medio en formación, donde tenemos que construir audiencias, relaciones con la medios de comunicación, con los auspiciadores, con la comunidad inmediata, con los artistas que tienen mil y un puntos de vista diversos entre sí, entre otros interlocutores. Sin renunciar a la calidad y contando con “productos” que no son adaptables, en el sentido de que un producto cultural depende del artista, no del mercado, a diferencia de cualquier otro producto. Entonces, hay que confiar en la intuición, en la calidad de los colaboradores —y esta labor es fundamental, pensar con quiénes te “asocias” y por qué—; y todo ello en función de qué discurso quieres construir como institución en el mediano y largo plazo, para tener un impacto importante en el medio en el que te desarrollas. Es un constante aprender y reinventarse.

Obra: "¿Quieres estar conmigo?
Funciones: de jueves a lunes a las 20:30, y domingos a las 19:00
Lugar: Teatro de la Universidad del Pacífico (Jr. Sánchez Cerro 2121, Jesús María)
Precios: S/. 50 (general) y S/. 25 (estudiantes). En Teleticket


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