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[Entrevista] Emiliano Treré: “El activismo no empieza y acaba en la web”

El especialista en nuevas tecnologías y movimientos sociales estuvo en Lima invitado por la PUCP.

Emiliano Treré

Treré ve los movimientos sociales como espacios para estudiar la configuración, la creación y difusión de mitos tecnológicos. [Fuente: PUCP]

PUCP

Doctor en Comunicación Multimedia y magíster en Ciencias de la Comunicación, investigador académico, docente y gestor de proyectos multimedia, el italiano Emiliano Treré es un apasionado del vínculo entre los movimientos sociales y las nuevas tecnologías.

Visitó Lima en el marco de las celebraciones por los 20 años de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la PUCP, y conversó con nosotros sobre el activismo digital y los mitos que se han creado alrededor del desarrollo tecnológico reciente.

La virtualidad tiene un impacto innegable en las relaciones interpersonales, pero ¿cómo medirlo en los movimientos sociales?
Hablemos de lo digital más que de lo virtual. ‘Virtual’ es una palabra que evoca una separación entre lo material y lo digital, y prefiero no usarla. Acciones digitales son profundamente materiales y tienen implicaciones a nivel diario, de movilizaciones en plazas y consecuencias físicas. Las palabras son importantes para filtrar la realidad. Lo virtual se asocia más a un imaginario de exploración y de ciencia ficción típico de los noventa, que básicamente analiza la realidad aumentada que también lucha con la visión de que esta sea una realidad separada de la que vivimos. La realidad es una, lo que pasa es que es compleja y ahora implica otras dimensiones.

Como Ready Player One, la película de Spielberg.
Sí. Es interesante porque las películas incorporan los mitos de cada tiempo en cuanto a la relación entre sociedad y tecnología. Durante los noventa había un afán cyber que culmina con Matrix al final de esa década. En esta película ambas realidades se relacionan y se crea otro tipo de imaginario.

Matrix cambia totalmente cómo concebimos la virtualidad en la ficción.
Lo marcó y es importante, porque ese tipo de reflexiones, de imaginarios de cultura popular, son el pulso de cada tiempo. Regresando al tema del impacto, debo decir que es la pregunta que más me hacen pero la que menos puedo contestar porque el impacto es multidimensional.

Genera curiosidad saber qué resulta del activismo digital.
El impacto del activismo tiene que medirse en múltiples dimensiones: puede ser legislativo, cultural, cambiar la conciencia o la cultura política de un país, de un determinado grupo de personas... puede ser derrocar un sistema político o generar otro tipo de cambio. Qué cambios provocan y cómo medirlos es el gran tema, y para tratar de darle una respuesta no solo es necesario recurrir a las métricas de las redes sociales. Las implicaciones del activismo son siempre multidimensionales y con diferentes temporalidades ―medio, corto o largo plazo―. A veces no vemos ningún cambio porque este llegará en 10 o 20 años, por cuestiones de sedimentación, de cristalización.

¿Qué podemos definir como activismo digital y qué no?
Enmarcarlo es muy difícil. Usuarios que tienen un montón de seguidores pueden ser vistos como activistas ―o como influencers― según las métricas, pero un análisis más fino de las características que tiene que tener el activismo puede dictar que no lo son. Hay que aprender a diferenciarlos. El movimiento social debe tener una persistencia en el tiempo más allá de una campaña. Una campaña es un acto que tiene una duración breve, puntual, sobre un determinado topic. Hay un espectro sobre diversos tipos de activismo, y no todo el activismo es progresista. De hecho el más exitoso de los últimos años ha sido el opuesto, el xenófobo y racista y misógino. ¿Eso podemos llamarlo activismo?

Algunos casos llegan a más gente o tienen más impacto que otros.
Llegar a más gente no equivale a tener más impacto de por sí. Y efecto tangible... en corrección política todos quieren medir el efecto tangible, pero es imposible.

Pero, por ejemplo, armar una petición en change.org y recolectar millones de firmas no asegura que vaya a tener un resultado concreto. Si llevamos eso al Congreso peruano nos dirían “bueno, según la ley, tienes que recoger las firmas en planillones...”.
Pero en otros contextos sí que tienen posibilidades legislativas

¿Algún país de Europa lo tiene?
No lo sé. Creo que no... pero sé que en Estados Unidos hay leyes que han sido rechazadas o cuestionadas por peticiones online firmadas por millones de personas. Otra cosa es que haya superabundancia de esto (peticiones) y algunas se diluyan, o que haya países que no lo acepten porque no quieren cuestionar el statu quo. En todo caso, lo importante es saber que el activismo digital no es excluyente. No es una estrategia única, sino que se suma a otras dentro de una misma campaña. Tampoco es que el activismo virtual no sirva para nada, solo que tiene ―debe tener― su lugar dentro de una estrategia más compleja. Lo digital no es una isla.

No redefine el activismo, lo complementa.
Eso. Los activistas usan lo que tienen en cada época. Los estudiantes de los noventa tenían el fax y lo usaban para enviar comunicados. Antes se cuestionaba el uso de volantes porque se decía que no tenían ningún impacto, y ahora decimos que la firma online no la tiene, pero insisto que no es lo único que usa un movimiento cuando trabaja por una causa. Está claro que no puedo cambiar el mundo con dos likes, pero esos dos likes pueden estar dentro de algo mucho más grande. No hay que ser tan naif y creer que el activismo empieza y acaba en la red.

Pero el fax era un vehículo de comunicación, no una plataforma.
Es cierto. Y estas plataformas incluyen varias formas ―internas y externas― de comunicarse, crean espacios públicos, pero también complican la diferencia entre espacio público y privado. Las redes sociales aún no están del todo exploradas. Nuestra generación es una especie de bisagra: conocimos el mundo previo a Internet, sabemos que ha cambiado la lógica, y estamos en medio sin haber nacido solo con esto. Hay muchas otras generaciones que han sido de transición, pero quizá ninguna lo haya sido en este tipo de cambio tan grande.

Y en esta etapa de transición/exploración, los cambios en las plataformas van más rápido que nosotros.
Sí, es opaco y los estudios tardan. No tenemos herramientas muy efectivas, tal vez las tengamos mejor definidas en un tiempo. Tal vez el panorama ha cambiado para siempre y tenemos que reimaginar los estudios de medios para enfrentarnos a esto.

¿A esta generación de transición le toca hacer algo así como “pedagogía del activismo más allá de los likes”?
No lo sé. Todos los que hemos participado en colectivos sabemos que hay gente que no venía a las reuniones e iba solo a tomar las cervezas después de la reunión. Quedarse solo en el like, que ahí termine el activismo de algunos, es como ir solo a tomar las cervezas después. Pero eso siempre hubo y los cuestionábamos antes como los cuestionamos ahora.

¿Qué lo motivó a estudiar este aspecto del mundo digital?
Siempre he trabajado en organismos no gubernamentales y en el ámbito de este tipo de comunicación. Lo que me fascina no es solo estudiar algo en lo que he estado involucrado como activista ―muchos han estado mucho más involucrados que yo y están en la academia y no lo estudian―, sino ver los movimientos sociales como espacios para estudiar la configuración, la creación y difusión de mitos tecnológicos. Nada más fascinante que unir movimientos sociales y tecnología para poder estudiar teoría de medios contemporáneos y su funcionamiento


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