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Entrevista a Hernán Romero, actor en "La muerte y la doncella"

Hernán Romero: "Quisiera que siempre fuera la primera vez".

Entrevista a Hernán Romero, actor en La muerte y la doncella

Entrevista a Hernán Romero, actor en La muerte y la doncella

Lleva más de 50 años en la actuación, pero interpreta cada papel como si fuera el primero. Ese es el secreto de Hernán Romero. Entregarse a cada personaje como si no existiera otra cosa en el mundo y tratar de sentir siempre esa adrenalina del que sale por primera vez al escenario. “No tengo ni idea de en cuántas obras he participado. Solo me concentro en lo que estoy haciendo ahora. Es como partir de cero, pues de lo contrario solo me limitaría a repetir fórmulas”, reflexiona.  
    
Y su presente es la obra "La muerte y la doncella", de Ariel Dorfman, que es dirigida por Mikhail Page. Ahí Romero interpreta a un médico que una noche auxilia a un hombre en la carretera y lo ayuda a volver a su casa. No se imagina que aquel está casado con una mujer a la que él parece que ha torturado y violado 15 años atrás. 

La obra recrea el fin de una dictadura y usted interpreta a un torturador…
Este texto lo que hace es descubrir las atrocidades de las que es capaz el hombre cuando está ebrio de poder. No se llega a saber si mi personaje es culpable. La mujer cree que se trata del médico que la torturó y violó hace años y lo hace leña, pero queda flotando en el ambiente si en verdad es el autor de ese crimen. Si es victimario o víctima. 

Dice que sale al escenario como si fuera un actor nuevo siempre.
Sí, hago lo posible para sentirme así. Para sentir otra vez esa ilusión de actuar. Yo me entusiasmo mucho con los personajes, y esas ganas me hacen dejar todo atrás. Es como volver a enamorarse otra vez. Ojalá siempre fuera la primera vez [risas].

Sin embargo, no podemos olvidar su larga trayectoria. ¿Qué significa la actuación para usted?
He tenido una carrera muy afortunada que me ha permitido conocer más a las personas y la sociedad. El ser humano tiene una gran carga, eso que llamamos inconsciente colectivo, y para actuar uno se asoma a esa bolsa de recuerdos no conscientes para sacar experiencias de ahí.

¿Qué recuerda del TUC (Teatro de la Universidad Católica) y de maestros como Ricardo Blume y Luis Álvarez?
Del TUC recuerdo a Marco Leclère y a Mario Pasco, ambos ya fallecidos. A mi gran amigo Samuel Adrianzén, a Coco Chiarella, Humberto Medrano, Alicia Saco, Violeta Cáceres, a toda esa entusiasta primera promoción. Pero después mi atención se volcó hacia la triple A, donde yo iba después de clases a ver los ensayos. Ahí veía trabajar a Ricardo Blume, Luis Álvarez, Carlos Tuccio, Jorge Montoro. Veía dirigir a Ricardo Roca Rey, a Pablo Fernández, quien también fue mi profesor. 

Era muy joven entonces…
Tenía 17, 18 años. Cuando había función, pedía una linterna y acomodaba a la gente en las butacas, así podía ver la obra.

¿Cómo ve el cambio de ese teatro más romántico y de mística a uno más profesional como el de la actualidad?
Antes ensayábamos tres meses y dábamos tres funciones, ¿no? Era una cosa de locos, quijotesca. Pero bien por el teatro de ahora, por los jóvenes a quienes se les ofrece una oportunidad de vivir de su trabajo; bien porque esta es una profesión que ya se toma en serio. En una oficina pública alguna vez yo dije que era actor y me preguntaron “sí, pero en qué trabaja”. 

Hay toda una generación de talentos salida de los talleres de Alberto Ísola, Roberto Ángeles…
Mi hija Patricia ha salido de los dos talleres que menciona. Y mi hija Jimena, la última, está siguiendo mis pasos y ahora está en La Plaza como anfitriona… Ella está estudiando el primer año en la Ensad.  
 

Fue dirigido por Patricia...
Sí, el año pasado. Fue una experiencia especial. El amor que hay entre padre e hija no cuenta en ese momento, sino que se pone por delante un gran respeto. A mí me dio satisfacción ver lo seria, trabajadora, profesional y talentosa que es. Y me sentía más obligado a dar el ejemplo; no por el hecho de ser su papá iba a engreírme.

¿En el 2002 tuvo una enfermedad que le dio un giro a su vida?
Sí, cuando recibí ese regalo —porque fue un regalo la enfermedad— descubrí a Dios y su mensaje. Por 13 años he hecho "La palabra sola", un unipersonal sobre el evangelio de San Marcos. Con este programa de la Sociedad Bíblica, cumplo con difundir la palabra a través del teatro. 

La del estribo
¿Está actuando en una película y prepara otro papel en el teatro?

Sí, ahorita estoy haciendo el papel de un psiquiatra en "Cementerio general 2", con Dorian Fernández. Un personaje muy interesante que atiende a personas que están dañadas por meterse en lugares prohibidos, por hurgar en el lado oscuro. Además, me preparo para interpretar a Tiresias, un profeta ciego, en "Edipo Rey", obra que dirigirá Jorge Castro en La Plaza.

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