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[Entrevista] Isaac Ruiz: “Las personas que amo pueden ser demonios para otros”

Una conversación con el artista ganador del II Encuentro Nacional de Artes Visuales Trujillo 2018.

Isaac Ruiz

Isaac Ruiz tiene 26 años, ha egresado de Bellas Artes, y expresa con soltura que tiene más de tres mamás.

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Cuando tenía dos meses o dos años —no hay una sola versión— Isaac Ruiz fue recibido por la familia de su tía, que lo crio como un hijo más. Su padre acaba de salir en las noticias sindicado como militante del MRTA, y ya no podía encargarse de él. Por mucho tiempo el único contacto que tuvo con sus padres fue a través de casetes que ellos le enviaban. Solo podía escuchar sus voces hasta que los conoció a los seis años.

Luego vinieron cosas aun más difíciles: tuvo que enterarse de que quien creía su mamá era en realidad su tía, y que tampoco la esposa de su padre era su madre biológica. Hoy tiene 26 años, ha egresado de Bellas Artes, y expresa con soltura que tiene más de tres mamás. Ruiz decidió contar parte de su vida en Una historia privada, proyecto que ganó el gran premio del II Encuentro Nacional de Artes Visuales Trujillo 2018.   

¿Cómo nace la idea?
Con mi profesor Javi Vargas, en Bellas Artes. Nunca pensé contar aspectos íntimos de mi familia o cuestiones testimoniales. Pero sucede que hice un viaje para ver a mi papá, quien no puede pisar el Perú. Fue un viaje de reencuentro y reconciliación, pues hasta ese momento me resistía a verlo o hablarle. Cuando regresé, sentí una carga emocional. Se lo comenté a mi profesor, y él me deslizó la idea. Entonces comencé a investigar y a pensar cómo hablar de ello.

¿Qué opina tu familia?
Hasta ahora me dicen “¿por qué no haces otra cosa?”. Cuando hablo de esto de repente no me afecta tanto a mí, pero mi familia parece que sí. Lamentaría que piensen que lo hago para sacar algún rédito, pues fue un proceso emocionalmente complicado.

¿Y qué fue lo que terminó de animarte?
Si no lo hablo yo, que de alguna manera tengo los mecanismos para hacerlo desde el arte, ¿quién más lo va hacer? Probablemente haya miles de personas con este tipo de peso histórico, pero pocos animan a decirlo. Estamos en una sociedad que se encarga de estigmatizar a cierto tipo de personas, y son los hijos los que cargan con las culpas. De hecho lo primero que te enseñan cuando eres niño es que de eso no se habla. Pero si su modo de procesarlo es no hablarlo, lo mío es lo opuesto: “Yo soy así, esto me tocó, conversemos”. Soy parte de su país, soy parte de su historia, no puedo vivir en el silencio siempre.

¿Cuándo comenzaste a cuestionarte lo que hicieron tus padres?
Nunca me lo he cuestionado ideológicamente porque creo que no puedo establecer un juicio objetivo. No puedo decir que fueron unos asesinos, porque son mis padres. Sin embargo, sí me cuestionaba las consecuencias en nuestra familia. Una familia que tiene que vivir tres versiones de una misma para repartirse entre el papá, la mamá, la otra mamá, las hermanas de mis tías que también son mis madres… Ellas hasta ahora viven con mucho miedo a lo que se diga o a lo que salga en la televisión, están emocionalmente cansadas.

Tu obra apuesta por la multiplicidad de testimonios. ¿Cómo has decidido plasmarlos?
Primero, hay documentos desclasificados de la CVR que hablan de la toma de la residencia del embajador japonés o la captura de Víctor Polay. También incluyo testimonios de mi familia, padres y hermanos. Por ejemplo, el día que se capturó a Polay, él estaba en una reunión a la que mi papá tenía que asistir, pero no fue porque yo había nacido. También he recogido testimonios orales de las torturas que el MRTA ejerció sobre la gente para que se evidencie que no quiero reivindicar sus acciones. Ellos son responsables de lo que han hecho, yo no. Ahí te das cuenta de que la historia global no puede ser una narración linda y estructurada, sino que hay relatos en conflicto. Mi idea era evidenciar eso.

Una historia privada

"Una historia privada"

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La realidad es más compleja, tiene matices
Claro, las personas que amo, mis padres, pueden ser demonios para otros y tengo que aceptarlo. No puedo decir que ellos son buenos porque probablemente no lo fueron con otras personas.

¿Crees que la obtención del premio visibiliza a esa generación nacida de la violencia?
Si revisas la historia oficial, no hay lugar para gente como José Carlos Agüero o yo; entonces, el modo de acercarnos tiene que ser otro. Un modo que permita verter esa densidad histórica testimonial, pero sacándole la vuelta a la versión oficial para que no nos excluya. El problema surge cuando no se permite hablar a todos los actores, no hay una versión que contraste la hegemónica traída desde el poder. Por ello, cuando los hijos hablan, creen que habla el padre. Pero nosotros queremos dar cuenta de que somos ese lunar que la gente no quiere ver, que quiere borrar. Somos una existencia incómoda, pero seguimos vivos. Y si somos hijos de algo, lo somos de la violencia, y nadie quiere un hijo así.

¿Podrías decir que tu obra dialoga con la de Agüero?
El diálogo, más que aspectos formales de sus textos y mi obra, tiene que ver con compartir una vinculación emocional. Esto hace que hablemos ya no desde las narraciones hegemónicas, sino desde esos textos que están al pie de página. Somos eso, al final, un texto al pie de página de una gran narración histórica que usualmente nadie lee. Pero para el que quiera leerlas, ahí estamos.

Muchos quedaron huérfanos y no sabían qué hacían sus padres, ¿Crees que el Estado también debió velar por ustedes?
El Estado nunca se va a interesar por eso, en sus planes no está preocuparse por los hijos desarraigados de sus padres. Porque a sus padres los asesinaron, los torturaron. Además, el Estado necesita estos cuerpos alejados de la sociedad para ver e identificar un enemigo en común.

¿Qué opinas de las obras artísticas que abordan el tema de la memoria?
Me generan ruido las obras de arte que quieren hacernos aprender una historia de ‘verdad’. Una suerte de trabajo pedagógico donde se asume que el sujeto debe ser instruido en el pasado. Te ponen señales como “acá sucedió esto” y debes aprenderlo, porque si no, no eres consciente de tu historia. Nosotros no somos nadie para pensar que la gente es ignorante o para manejar la versión correcta de las cosas. Pero también hay proyectos que apelan a construcciones narrativas que escapan del artista, e invitan a la gente a relatar su propia historia.

¿Cómo quieres que se recuerde esta época de violencia?
No me gustaría que se recuerde de una sola manera. Me gustaría que la gente empiece a perderle el miedo a hablar de esto desde su complejidad y sus propias versiones. Tampoco me gustaría que exista una sola historia, lo que es difícil, porque el Estado plantea una versión única.

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