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[Entrevista] Víctor Krebs: “Existe una verdad, pero la percibimos de distintas maneras”

El profesor universitario habla sobre la filosofía pop con ocasión del XII Congreso Mundial de Filosofía que se inicia esta semana en la PUCP.

Víctor Krebs

Víctor Krebs ha publicado artículos y ensayos sobre la filosofía de Wittgenstein, la estética y la cultura en revistas especializadas. [Foto: Alonso Chero / archivo]

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Desde hace un tiempo la filosofía se ha puesto de moda. Películas como Matrix y series como Merlí han generado todo un boom de libros, revistas y eventos universitarios que reflexionan acerca de la realidad virtual a la luz de pensadores clásicos y contemporáneos. Uno de los más entusiastas seguidores de estas nuevas corrientes es el profesor universitario y filósofo Víctor Krebs, quien forma parte del comité organizador del XII Congreso Mundial de Filosofía, que se realizará entre el 10 y el 14 de julio en la Universidad Católica.

Al encuentro vienen más de 80 intelectuales de distintos puntos del globo y se discutirán temas de como la filosofía pop, la posverdad, el cambio climático, lo intercultural y eso que algunos pensadores llaman ‘poshumanidad’.

La filosofía pop es un concepto que nació en los setenta con Gilles Deleuze, y que hoy se revitaliza partir de películas y series. ¿Cómo la defines?
Digamos que Deleuze ha sido un visionario. Se dio cuenta de que ocurría un cambio de mentalidad y de experiencia que tenía que ver con la forma cómo concebimos el mundo. Hasta ese momento lo habíamos concebido en función de objetos fijos, de esencias; pero él se percató de que en realidad debíamos percibirlo a través de procesos, de cosas que están contagiándose con su propia intensidad. Se dio cuenta de que el conocimiento o la comunicación no estaban basados en la comprensión de esencias, sino en el encuentro de fuerzas. Esto tiene que ver mucho con lo que está pasando hoy con la posverdad. La conciencia colectiva está más impactada por el evento que por su contenido. ¿Por qué es tan exitoso Trump? Porque sabe hacer algo que impacta, y ya no importa si al día siguiente se descubre que es mentira. Él ya generó el efecto. Deleuze se percató de este cambio en los años 70 y lo estamos viendo nosotros en el siglo XXI.

Él tenía una frase casi botánica, pues sostenía que no debíamos ser raíces, sino rizomas, esos tallos que van reptando por la tierra. Es decir que no debíamos buscar verdades profundas, sino fenómenos que, como dices, se van entrelazando…
Eso tiene que ver mucho con la diferencia entre la filosofía tradicional y la filosofía pop. La filosofía tradicional está casada con la idea del conocimiento como un árbol, como una raíz de la que se alimentan las otras disciplinas. Es decir que existe una jerarquía en el conocimiento. Esto devino en un sistema educativo jerárquico, en el que el profesor dictaba cátedra y el resto escuchaba. Bueno, ya no estamos en esa época. Si tú haces eso ahora, los alumnos no te prestarán atención. Ellos necesitan estar motivados. El árbol es vertical, en cambio el rizoma es horizontal, y nos lleva a una concepción democrática del conocimiento, al diálogo compartido, al encuentro de fuerzas y una pluralidad de direcciones. ¿Hay una sola verdad o muchas verdades? Ninguna de las dos. Lo real es que existe una verdad, pero la percibimos de distintas maneras. Cada uno ve cosas diferentes. Yo diría que el filósofo es alguien que solo se diferencia de los demás por estar obsesionado con ciertos temas. Pero eso que le interesa a él, le interesa a todo el mundo.

Me comentabas que en el congreso se tratará sobre estas series tan populares basadas en realidades virtuales, múltiples, distópicas…
¿Has visto Merlí? Hoy todos están hablando de filosofía por Merlí. Cada capítulo se ocupa de un filósofo y lo ilustra. Eso es la filosofía de divulgación, que hace que cada uno se lleve a su casa un pensamiento relacionado con las cosas que a él o a ella le interesan. Creo que en una época en que no se profundiza casi en nada, el filósofo se vuelve mucho más necesario que antes.

Hay nuevos fenómenos y definiciones. Hablaste de posverdad, pero ahora también se habla de poshumanidad. ¿Qué significa esto?
Es una época revolucionaria en todos los sentidos. No solamente porque los medios están transformando la forma en que nos relacionamos con la gente, sino porque el mundo virtual es ya nuestra realidad, y está cambiando la concepción que tenemos del ser humano. Para el humanismo el hombre era el centro del universo. Como decía Protágoras, el hombre es la medida de todas las cosas. Entonces hemos visto el mundo en función de nosotros mismos: los animales están para servirnos y la naturaleza también... Bueno, esta es una época de poshumanismo, pues nos damos cuenta de que esa era una perspectiva angosta, que nos llevó a destruir la naturaleza y nos enajenó de las demás especies. Tenemos que sacarnos de la mente que nosotros somos el punto más alto de la jerarquía, y debemos entender que solo somos parte de ese rizoma, uno de sus múltiples nudos.

Hablando de series, una como Black Mirror alude a esa otra humanidad surgida a partir de la tecnología.
Bueno Black Mirror es una mirada distópica de lo que está pasando. La virtualidad no es algo nuevo, el ser humano desde el momento que comenzó a pensar tuvo una virtualidad. Lo que ha cambiado es que antes estaba conectada al ser humano, era solo parte de nosotros, pero ahora se ha hecho concreta. Está afuera de mí, ese es un cambio sustancial.

Es como si en estos tiempos una película como Matrix se ha vuelto real
Exactamente, Matrix se ha hecho real. En cierto sentido es una concepción muy acertada de lo que está pasando en nuestra época, cuando la virtualidad y la realidad ya no son tan separadas y nosotros estamos inmersos en ambas y eso cambia muchísimo todo.

Claro tú hablabas de realidades distópicas, de nuevos problemas existenciales distintos a los que pensaba Sartre a mitad del siglo XX. ¿Qué está produciendo en nosotros esta nueva virtualidad?
Esta semana fui a una actividad en el Británico sobre Frankenstein y una ponencia me hizo pensar mucho. Frankenstein es el Prometeo moderno, es el comienzo de esta nueva época. El inicio de la tecnología como una forma de transformación del mundo. Es el monstruo que creamos y que se voltea en contra nuestra, pero este no es un monstruo externo sino está dentro de nosotros mismos. Frankenstein fue el resultado de esa fantasía, de esa forma de concebir el mundo cuando la tecnología comenzaba a revelarnos verdades que no habíamos visto antes. Bueno, digamos que 200 años después lo que ha evolucionado muchísimo es esa visión con el despliegue de artefactos que hemos creado todo este tiempo. De ahí surge pues el movimiento de poshumanidad. Nos estamos dando cuenta otra vez que ese monstruo que veíamos afuera está dentro de nosotros. Ese es el autodescubrimiento que viene con esta época.

¿Por qué crees que a pesar del avance tecnológico, del éxito en distintos campos del saber, la miseria existencial humana continúa? ¿Por qué cuando hemos vencido enfermedades, hemos ido al espacio, hemos hecho muchísimas cosas que los griegos clásicos ni siquiera hubieran imaginado, persiste el vacío interior?
El problema es que la tecnología nos hace pensar que podemos superar nuestra condición humana y ahí se crea la paradoja. O sea nosotros somos seres materiales y al mismo tiempo seres virtuales, pero en nuestra materialidad está también nuestra limitación, nuestra mortalidad. En el momento en que el ser humano busca la tecnología para escapar de ello, crea un conflicto radical que va a tener como consecuencia la miseria, el sufrimiento. Es decir, comprueba una y otra vez sus propias limitaciones.

¿Nuestras limitaciones se hacen más visibles?
Se hace más profundo el desasosiego, como un lado oscuro. Eso que dices es verdad, la miseria humana no la hemos superado a pesar de que es nuestro ideal: creemos que vamos a ser felices, que vamos a ser eternos, que vamos a ser inmortales, esa es nuestra fantasía. Y en esa fantasía está la raíz de nuestro sufrimiento. De lo contrario, entenderíamos que el sufrimiento es parte de nuestra naturaleza humana y que nos permite aprender y crecer. Yo creo que la miseria humana la podemos ver de dos formas: una en el sentido de nuestras limitaciones, que siempre las vamos a tener, y que son el alimento de nuestro crecimiento. Pero también podemos creer que nuestras limitaciones no existen o que solo están en los otros y no en nosotros mismos. Esa es la causa de la desigualad, el ver la sombra nuestra en el otro y despreciarla, de creer que el monstruo está afuera y no adentro. La miseria se hace mayor en la medida en que tratamos de separarnos de aquello que compartimos todos.

Sobre el congreso que se inicia el martes, ¿qué ponencias podrías destacar?
Muchos temas, pero lo que más se está viendo son problemas que tienen que ver con lo digital. Es increíble el año pasado yo toqué ese tema en el congreso anterior y no sabían a dónde poner mi ponencia porque era la única. Ahora son cinco secciones diferentes sobre el mundo digital. Los otros temas están relacionados al nacionalismo, al populismo, que están volviendo a surgir en el mundo, a temas que tienen que ver con la posverdad, con aspectos ambientales. Como es un congreso en el que se reúnen filósofos de todos los continentes lo que primará será del diálogo intercultural. Lo interesante es que la gente no viene para tratar de convencer a los demás, sino para tratar de escuchar a los demás. Esa es la diferencia entre la filosofía pop y la filosofía tradicional. La filosofía tradicional se ha hecho de verdades, en cambio la filosofía pop busca más bien que cada cual vaya encontrando su porción de verdad a partir de su propia experiencia.

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