Un interés que nació con un viaje familiar al trópico boliviano, en la frontera con Brasil. Bolivia suele presentarse como un país andino, siendo el 70% de su territorio parte de la cuenca amazónica.
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Y en ese viaje, Paz Soldán se dio cuenta de la distancia que había entre el Amazonas imaginado y ese paisaje de bosques deforestados y ríos contaminados por la actividad minera. Cuando volvió a la Universidad de Cornell, donde enseña Literatura Latinoamericana, preparó un curso para el doctorado enfocado en la cuestión ambiental. Nuestra región tiene una gran tradición literaria marcada por estos temas: la selva, la minería, los dramas por la sequía. “Leer esas ficciones me hizo pensar cómo se podría escribir hoy una novela sobre la selva, por ejemplo”. Ese es el origen de sus dos últimas novelas, “La mirada de las plantas” (2022) o “Área protegida” (2024), ambas ambientadas en el Amazonas, que además de abordar cuestiones ambientales intentan proyectar ciertas miradas distópicas hacia el futuro.
— La generación literaria a la que perteneces fue eminentemente urbana. ¿Tenemos tiempo para cambiar de paisaje?
Creo que deberíamos intentarlo. Una de las cosas que me interesaron del libro “Guerras del interior”, de Joseph Zárate, fue decir justamente que mientras nosotros estamos preocupados por lo que pasa en las ciudades, las verdaderas guerras del capitalismo están ocurriendo a nuestras espaldas. Desde el punto de vista de la ficción, después de mi generación hubo mayor interés por narrar esos desencuentros. Estoy pensando en novelas ambientadas en el campo, como “Distancia de rescate”, de Samanta Schweblin, o las obras de Gabriela Cabezón Cámara.
— ¿Esos cambios de punto de vista transformarían también nuestra forma de pensar la política?
En Bolivia, por ejemplo, se reveló que los recientes incendios consumieron siete millones de hectáreas del trópico amazónico. Es una cifra espeluznante. El Estado ha sido tan ineficiente para enfrentar esta crisis ambiental que parecería haber sido planeada para expandir la frontera agrícola en áreas protegidas. De otra forma no se entiende tanta ineptitud. Sin entrar en teorías conspirativas, es inevitable que el tema de la emergencia climática ahora tenga que ver con la marcha del Estado. No son un tema menor.
— Hablemos de la ciencia ficción, un género tan querido para ti. Suele decirse que el futuro ya llegó, que las historias futuristas las estamos viviendo día a día…
La ciencia ficción es el género que más ha trabajado la relación de los humanos con las máquinas. Palabras como ‘cyborg’, ‘robot’ o ‘holograma’ salen de sus textos. Y hoy, que estamos rodeados de máquinas, puede servir para entender el presente. De hecho, muchos escritores realistas están utilizando mecanismos de la ciencia ficción en sus propias ficciones. A mí me interesa ese doble juego del género: permite trabajar el presente y también extrapolar tendencias para imaginar el futuro. Especular es una de las cosas más difíciles y fascinantes, más aún en un continente como el nuestro, en el que estamos tan anclados a lo coyuntural.
— ¿Cómo escribir ciencia ficción en una América Latina que no produce tecnología sino que solo la consume?
En mi libro “La vida del futuro”, hay un cuento de robots sexuales fabricadas en talleres de Buenos Aires con mano de obra paraguaya. Si en Japón nuestra idea de cómo funciona la tecnología alcanza la perfección, ¿cómo sería en Latinoamérica? Probablemente muñecas clonadas con materiales de segunda mano, que no funcionan muy bien. Me parece importante mostrar la precariedad de la tecnología con la que se trabaja. En mis cuentos, toda esa ciencia tiene un componente precario. Hay que pensar en las exacerbación de las desigualdades que la misma tecnología provoca.
— Esta pregunta puede sonar algo cursi: ¿un escritor de literatura distópica tiene fe en el futuro?
No sé si puedo contestar eso con un sí o con un no. Sin embargo, creo que desde los escombros de las sociedades en que vivimos, tenemos la necesidad de crear. ¿Cómo crear modelos de comunidad que nos permitan enfrentarnos a los desafíos del futuro en nuestros Estados nación fallidos? Estos momentos de crisis son los que permiten pensar nuevas formas de convivencia. Esa es la fe que tengo.
— Hablando de futuros distópicos... ¿Crees que Evo Morales tiene futuro político?
Evo Morales tiene un muy fuerte arraigo en un grupo muy grande. Ahora tiene este enfrentamiento en el interior del MAS, el partido que fundó y que se ha dividido entre él y el presidente actual, Luis Arce. Toda la inestabilidad en Bolivia provocada por Evo Morales tiene que ver con la posibilidad de que el gobierno inhabilite su candidatura. Yo nunca lo descartaría en cuanto a sus posibilidades futuras. No tendrá la convocatoria que tenía hace cinco años, pero sí mantiene bastante poder. Con la oposición dividida, ha terminado siendo la principal oposición al gobierno. Esa es la paradoja: el presidente y su principal opositor son del mismo partido.