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Salma El Moumni, escritora: “Partir se siente como cortar el árbol donde creciste”
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Salma El Moumni, escritora: “Partir se siente como cortar el árbol donde creciste”

Salma El Moumni, escritora: “Partir se siente como cortar el árbol donde creciste”

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Una adolescente se toma fotos íntimas. No las envía a nadie, son solo para ella. Otro adolescente, un hombre, roba esas fotos y las distribuye por Internet. La víctima no solo tiene que lidiar con la violación de su intimidad, sino con un asunto penal. Si se entera la policía, podrían encarcelarla por “actos contra la moral”. Tal es la trama de “Adiós, Tánger”, primera novela de Salma El Moumni (1999) que la trae al de Arequipa. La escritora marroquí ya goza de prestigio internacional: en Francia, fue finalista del premio Médicis.

Me atormenta mucho la idea de cómo ojos desconocidos pueden afectar la personalidad de las mujeres. Les pedimos comportarse, vestir y hablar de cierta manera. Eso fue algo muy importante para mí y quería darle a este personaje un espacio donde pueda hablarlo”, nos cuenta la autora.

Salma y su protagonista, Alia, tienen cosas en común. Ambas están en sus veintes y reflexionan constantemente sobre la mirada masculina que las agobia. En el libro, Alia no comprende por qué los hombres se sienten con derecho a acosarla, perseguirla e incluso golpearla si es que ella no muestra sumisión. Y como telón de fondo está Tánger, ciudad ícono del movimiento beat y hogar de escritores como William S. Burroughs, Jack Kerouac, Allen Ginsberg entre otros.

— ¿Cuán común dirías que es sentirse como Alia?

Cuando dejas un país puede ser por muchas razones. Pero una de las cosas más comunes es no ser bienvenido en el otro lado. Especialmente si no eres blanco y vas a Europa. Pensemos por ejemplo en Marruecos y Francia: su historia está mezclada y hay desbalances entre el colonizador y el colonizado. No puedes pretender que tu presencia en Francia como marroquí sea neutral. Partir se siente como cortar el árbol donde creciste. Hay nostalgia, melancolía y un sentimiento de extrañeza muy duro cuando eres joven.

— ¿Dirías que esta es una novela sobre vivir en permanente estado de desventaja?

(Ríe) Espero que no, que al final de la novela ella haga las paces con sus problemas. Creo que eso es el principio de algo.

— ¿Has hablado con colectivos feministas de marruecos sobre tu libro?

Principalmente con lectoras marroquíes y sí, me veo a mí misma como una feminista. Creo que es muy importante hablar de estas cosas que en mi país son tabú. Entre muchas cosas, diré que lo principal es la vergüenza. Creo que lo primero pasa por deconstruir este sentimiento, que es una manera de oprimir a las mujeres jóvenes. Le enseñamos a las mujeres a sentir vergüenza sobre cosas muy pequeñas y tontas; empieza con tu regla o tu pubertad y luego crece. Se convierte en un sentimiento muy inherente a ser mujer.

— Podríamos decir que tu historia es universal...

Sí, desafortunadamente. Es muy triste. Yo esperaría que esa universalidad viniese con otros temas más positivos. Sin embargo, al mismo tiempo me siento muy feliz, o por lo menos aliviada, cuando escucho que esta novela es una historia con la que mucha gente se puede identificar, de muchos países en el mundo, incluso en Europa. Creo que es parte de la feminidad en general. Así que de algún modo siento que mis personajes se sienten menos solos en un libro donde la protagonista es muy, muy solitaria.

—La novela también representa lo que ocurre cuando las personas quedan “congeladas” en el tiempo a consecuencia del trauma.

Sí, absolutamente. Alia cree que está viendo a Quentin en todos lados, y tiene miedo de eso. Al final no importa si lo ve o si era alguien parecido o lo que sea. Lo único que importa es que ella ve su “fantasma” en todos lados. Y más allá de él, lo importante es cómo su apariencia representa a todo un sistema. Y creo que por eso Alia no puede sentirse libre en Francia. Además no funciona así: simplemente no te vas y dejas tus problemas atrás. Desafortunadamente te acompañan en tu maleta.

— ¿“Adiós Tánger” es también una novela sobre padres imperfectos. ¿Escribirla fue una manera de entender tu propia crianza?

Sí. Creo que hay algo sobre la reconciliación de una hija con su padre principalmente, pero también con su madre, cuya ausencia en la novela también es destructiva para Alia. En sociedades como Marruecos hay una diferencia en cómo crecen los hombres y las mujeres, pero también una maquinaria entera que perturba todo a su paso. Y esto es lo que ella ve cuando regresa al pueblo y se reencuentra con su padre. Años después le permiten entender por qué es silencioso, distante, por qué nunca estaba allí, por qué no podía llorar frente a su hija, por qué era violento. De ninguna manera se trata de justificarlo o perdonarlo, solo trato de poner las cosas en contexto.

— En la novela, Alia intenta ponerse en los zapatos de sus agresores. ¿Cómo entender un sistema que permite la agresión contra las mujeres?

No diría eso. No se trata de entender. Es más bien explicar todo el asunto. Por ejemplo, cómo un adolescente europeo puede sentirse en Marruecos, como si todo le perteneciera: no necesita aprender el idioma ni respetar las leyes. Intento mostrar el hecho, no entender al agresor.

— Me intrigan tus descripciones sobre Tánger. Es casi como si el lector pudiera sentir la ciudad en la piel...

De verdad quería que la ciudad sea un personaje en la novela, que el lector sintiera el espíritu de la ciudad. No es que Tánger sea una ciudad muy especial. Para mí lo es, obviamente, pero es más como una forma de describir cómo se siente la nostalgia cuando el exilio te hace soñar tu pueblo, idealizarlo y memorizarlo. Cuando no puedes volver, es como si perdieras tu camino a casa para siempre.

— Háblame del amor por tu ciudad...

Quería escribir de Tánger en particular porque hubo muchos escritores hombres del siglo XX que escribieron de ella; la generación beat y músicos que vinieron a Tánger por algunos años y la describieron para viajeros y artistas marginados. La pintaron como un lugar donde vagar y vivir la vida al máximo y luego volver a sus países. Nunca hemos escuchado a alguien oriundo de esta ciudad, especialmente una mujer. Tenemos un escritor maravilloso, Mohammed Chukri, quien escribió de Tánger. ¿Pero una mujer? No lo creo. Tal vez me equivoque, pero hay poquísimas voces sobre este tema. Yo quería revertir esta representación de Tánger como una ciudad internacional donde se puede fumar marihuana y tener sexo con chicos jóvenes y luego volver a Estados Unidos o donde sea, sin consecuencias. Hay gente que nació y creció allí. Y nunca escuchamos de ellos en la literatura.

—También elegiste escribir la novela en segunda persona. Esto hace que el lector sienta de manera muy cercana al personaje.

Sí, la segunda persona ayuda por muchas razones. Fue una forma de atrapar al lector, que se sienta en el dilema del personaje. Pero también fue una manera de manifestar en la escritura qué se siente estar desconectado de tu propio cuerpo. Eso es lo que Alia siente, se ve a sí misma desde afuera como todas las chicas jóvenes. Te sientas y piensas cómo me estoy sentando, cómo estoy hablando, cómo estoy vestida. Siempre estás tú y esa pequeña persona que solo te mira desde afuera, diciéndote cómo corregir tu actitud. Así que cuando creces así siempre hay un diálogo contigo misma. De eso quería escribir.

— ¿Escribiste tu novela en francés. ¿Habría tenido el mismo éxito si la hubieras escrito en árabe, tu lengua materna?

No tengo idea. No puedo responder a esto, pero la tradujeron al árabe, menos mal. Estoy muy feliz por eso. Pero creo que podía escribirla en francés con mayor facilidad porque hay algunos temas que no puedo escribir o pensar en árabe; cuando se trata de la desnudez, la intimidad, el sexo o las violaciones. Necesitaba un sesgo para hablar de eso. Desafortunadamente no me sentiría cómoda hablando de estos temas en árabe.

—Hay una escena que me hizo sonreír: cuando la protagonista cuenta que le golpearon la cara con una pelota de fútbol. Hay mucha conversación en internet, especialmente en América Latina, de que este es un “momento canónico” en la vida de muchas jóvenes.

¿Ser golpeadas con un pelotazo? Sí, eso creo. Creo que es algo real, no sé por qué. Hay algo allí, no es una coincidencia. Tal vez sea la experiencia más universal [risas]. A mí me pasó en realidad.