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"El extraño caso del señor Prochazka", por José Carlos Yrigoyen

En su columna, "Columna vertebral", José Carlos Yrigoyen opina sobre la nueva edición de "Un único desierto", libro de cuentos de Enrique Prochazka.

Enrique Prochazka

Veinte años después, llega la tercera reedición del libro de cuentos de Prochazka. [Foto: Juan Ponce]

Veinte años después, llega la tercera reedición del libro de cuentos de Prochazka. [Foto: Juan Ponce]

Juan Ponce



En 1997 buena parte de los críticos locales debieron vérsela con el extraño caso del señor Enrique Prochazka. Acostumbrados a libros que tendían al realismo urbano, a historias y estilos que no divergían demasiado entre sí, de pronto tuvieron en las manos un volumen que era todo un reto a la hora de clasificarlo, entenderlo y valorarlo dentro del previsible paisaje de nuestras letras noventeras. Se titulaba Un único desierto y contenía más de una docena de cuentos completamente ajenos a nuestra realidad, tanto por los temas que tocaban como por la ubicación geográfica y temporal donde acontecían: el sudeste asiático del siglo IX, la jungla filipina, nuestro planeta en el siglo XXX, etcétera. No era, por lo demás, una colección de relatos de lectura sencilla, sino densa, exigente e infestada de referencias literarias en las que cualquier no iniciado podía extraviarse como en un laberinto.

El mismo señor Prochazka, adelantándose a las interpretaciones que su extraño caso podía suscitar, incluyó entre sus textos de ficción uno de raigambre más confesional llamado “Testamento”, en el que no solo explicaba las necesidades y aprendizajes que le habían impelido a escribir esos cuentos, sino también la matizada influencia borgiana que era detectable en ellos. Muchos de estos críticos se asieron a este testimonio de parte y, de manera bastante superficial, encasillaron y redujeron Un único desierto a la condición de un libro virtuoso pero epigonal, un labrado artificio que recogía las bien aprendidas lecciones del maestro. Es decir, un ave rara que era mejor dejar pastando en su hábitat para que su presencia no perturbara demasiado. Veinte años han pasado de eso. Un único desierto, gracias el favor de sus lectores, es hoy un libro de culto que acaba de merecer una cuidada tercera edición. Se ha incluido en ella un puñado de valiosos estudios críticos y semblanzas, así como nuevos textos autorreferenciales que resultan muy útiles para situarlo en su verdadero espacio y real dimensión.

Un único desierto, de Enrique Prochazka

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Seix Barral

Cuentos
Un único desierto
Editorial: Seix Barral
Año: 2017
Páginas: 224
Precio: S/ 59,00

Alguna vez Vargas Llosa escribió que el excesivo apego a la prosa de Borges producía “molestos borgecitos”. Prochazka no lo es. Sus coincidencias no son tan miméticas porque la impronta no es directa, sino, como él mismo reconoce, concurrente por lecturas e intereses comunes con los del escritor de El libro de arena. Cierto, hallamos en este libro laberintos, misteriosos manuscritos de civilizaciones perdidas y la propensión al mito, pero lo notable es cómo a partir de esos materiales se interpela sutilmente una realidad incómoda desde una perspectiva más compleja, codificada y singular. Esta elección brinda cuentos estupendos como el tragicómico “Cáucaso”, en el que, cual Prometeo moderno, un electricista proletario roba la electricidad a los pequeños dioses de Las Casuarinas para entregársela a los desposeídos mortales de la invasión donde habita.

La variedad temática de Un único desierto es prueba de la ductilidad de Prochazka para adentrarse y experimentar en diversos campos y opciones formales. Pienso en un cuento como “Acero”, en el que la voz milenaria pertenece a un indígena tasaday, cuyo lenguaje lírico y tribal reordena el mundo ante la aparición de un ser desconocido y sus incomprensibles herramientas; en el divertido “Hallazgo de la fruta”, en el que se describe, con una irónica y pulida precisión verbal, la grave ceremonia de un padre metódico que corta una naranja y se la ofrece a su hija; y el brillante “La mano de Kazka”, sobre un neurótico que pierde el control de sus extremidades superiores y entabla un duelo final contra ellas de consecuencias imprevisibles. No puedo pasar por alto un sólido relato de ciencia ficción, “2984”, confeccionado con aguda inteligencia y conocimiento de los recursos que el género ofrece.

Un único desierto, al igual que la estupenda Casa, es parte de una lograda apuesta que está entre las más originales y arriesgadas no solo de la generación de Prochazka, sino de la narrativa peruana contemporánea en general. Leerlo es como atreverse a tomar un rumbo desconocido que no sabemos dónde nos va a llevar. Es decir, una aventura. Hay que vivirla.

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